Escritora y periodista colombiana Melba Escobar, invitada internacional de la Feria Ricardo Palma.
Escritora y periodista colombiana Melba Escobar, invitada internacional de la Feria Ricardo Palma.
Diana Gonzales Obando

Melba Escobar vino a Perú como invitada a la Feria del Libro Ricardo Palma. Mientras estaba en Lima, en Colombia (su país natal) se estaba desarrollando el paro nacional. “El primer día del paro pasó con mucha angustia para mi. Es muy duro estar lejos”, nos comenta la escritora, periodista y madre de dos niños pequeños. Cuenta que las clases del colegio fueron suspendidas así como el uso del transporte público, y que a partir de las siete de la noche hubo toque de queda. “Fue muy angustioso. Mientras tanto, afuera de mi hotel, gritaban los hinchas de Flamengo y River. Era una sensación extraña”, dice Escobar quizá maquinando una nueva historia.

Ella se sirve de la realidad para crear ficciones. Es su proceso creativo. En Lima ha presentado su nueva novela La mujer que hablaba sola (Seix Barral, 2019) donde elabora, desde la voz de la protagonista Cecilia Palacios, una historia basada en un trágico escenario: una bomba explota en el baño de mujeres de un centro comercial colombiano. Un hecho fatídico que sucedió realmente hace tres años. En este libro, Escobar quien también se considera feminista, no solo explora la representación de un personaje femenino que vive su sexualidad en conflicto, sino también la violencia de su país y la constante presencia de la muerte.

La voz principal del libro es una mujer que cumple el papel que se espera de una mujer: ser madre y buena esposa. Pero también intenta vivir su sexualidad sin prejuicios. Como feminista ¿cómo formulaste la construcción de los personajes?

Cecilia Palacios (protagonista) tiene un pensamiento crítico bastante fuerte y liberal. En momentos puedes notar que tiene un deseo sexual bastante explícito y; sin embargo, al mismo tiempo, siente culpa sobre su propio deseo. Viene de una tradición católica conservadora y tiene elementos muy complejos que representa quizá a muchas mujeres. Incluso en tiempos de #MeToo, es difícil analizar hasta dónde las decisiones que una toma son inoculadas desde su tierna infancia. Muchas veces hay una sensación de destino que viene muy ligada al género. Y no solo en el caso de las mujeres. Una serie de roles vienen predeterminados y el género actúa como un corsé que nos coarta los movimientos y nos limita.

Con el personaje al que ella llama ‘Cromañón’, se entremezcla el estereotipo varonil, pero con una intención, no es tan evidente.

Soy madre de una niña y un niño y me sorprende que a pesar de tantos discursos muy vigentes de género, sigamos replicando lo mismo, exactamente igual a mi infancia, la de mi mamá o abuela. En Halloween todos los niños son superhéroes y las niñas princesas. Me parece maravilloso si fuera por una elección libre, pero muchas veces está inducida y se nos está sesgando la elección. No sé hasta dónde estamos eligiendo libremente, tanto hombres como mujeres. En pleno siglo XXI seguimos replicando muchos lastres de la tradición patriarcal que nos ha afectado.

Portada del libro: "La mujer que habla sola", de la colombiana Melba Escobar
Portada del libro: "La mujer que habla sola", de la colombiana Melba Escobar

¿Hacia dónde crees que apuntan los feminismos del siglo XXI? He visto que eres crítica al movimiento #MeToo.

Me parece muy bien usar la expresión en plural de feminismo. Hay muchas posturas, visiones, distintas formas de ser activista o no serlo. Me parece que eso es una ganancia, hablar en plural y entender que el ser mujer no tiene un solo modelo. Todo es posible, es una ventana que estamos abriendo y me alegra que sea así. Tenemos que poder elegir quiénes queremos ser y de qué manera.

En un panorama en conflicto como el que vive Colombia ¿cómo percibes la muerte y la violencia? Son temas que también se tocan en tu libro.

Este libro toca dos temas fundamentalmente como la maternidad y la violencia, ambos atravesados por la sexualidad, libre y culposa. Y de cierta forma hasta dónde a las mujeres se nos ha querido hacer creer que los únicos que tienen deseo sexual son los hombres, como si todas fuéramos la Virgen María o muñecas inflables.

Estamos tan avanzados en el siglo XXI, pero para otras cosas seguimos en la época de las cavernas. A Cecilia le pasa eso, es una mujer que mal que bien pertenece a su tiempo, país y en esa medida, por más inteligente o crítica que pueda ser, hay muchas cosas que la coartan y dificultan actuar libremente. Ella es un puente entre esa violencia íntima y privada con la violencia que pone bombas y comete masacres. Incluso, las más privilegiadas --como mi caso o de Cecilia-- hemos nacido y crecido también en un país violento y sufrido las consecuencias. Es también parte de la reflexión que hace este libro.

Estudiantes cantan el himno nacional de Colombia durante una manifestación en Bogotá, el 26 de noviembre. Exigían justicia para Dilan Cruz que resultó herido durante los enfrentamientos entre los manifestantes antigubernamentales y la policía. Cruz, un estudiante de secundaria de 18 años, murió dos días después de ser golpeado en la cabeza por un proyectil disparado por la policía antidisturbios durante una protesta. (Foto AP / Fernando Vergara)
Estudiantes cantan el himno nacional de Colombia durante una manifestación en Bogotá, el 26 de noviembre. Exigían justicia para Dilan Cruz que resultó herido durante los enfrentamientos entre los manifestantes antigubernamentales y la policía. Cruz, un estudiante de secundaria de 18 años, murió dos días después de ser golpeado en la cabeza por un proyectil disparado por la policía antidisturbios durante una protesta. (Foto AP / Fernando Vergara)

Según tu opinión ¿cómo se desarrolla el proceso de reconciliación en Colombia?

En este momento muy mal. Estamos en paro nacional, con toque de queda y disturbios en todo el país. Hubo atentados, muertos, todo por cuenta de un gobierno muy negligente y fallido que además no ha respetado los diálogos de paz que firmó el presidente Santos. Hay mucha insatisfacción. No sé qué pasará pero lo cierto es que el país ha estado por mucho tiempo dividido en dos. Una mitad uribista muy fuerte a favor de la guerra contra las guerrillas y una mitad de izquierda que también a veces puede ser muy beligerante. Entre esas dos mitades no se llega a acuerdos de ningún tipo. De esto también habla la novela, de esa polarización tan fuerte que el primer impulso es irse a las armas. Siento que por desgracia representa demasiado bien lo que estamos viendo.

En una escena de la novela un venezolano vende sus billetes en la calle, es curiosa porque también nos hemos topado con esta misma escena en el Perú. ¿Cómo Colombia viene afrontando la migración venezolana?

Colombia es el principal receptor de venezolanos y ha tenido la política de recibirlos, pero en este momento es muy difícil porque también hay mucha xenofobia y la sensación de que el Estado no ha podido ni atender a la población local, pero le está dando prioridad a los venezolanos. Está presente en la novela porque lo que me gusta de la literatura es la sensación de que todo se puede fundir ahí: el periodismo, la ficción, los hechos reales, ideas que uno tiene en el fluido de conciencia, más las conversaciones.

Tengo una colección de billetes que voy a enmarcar y colgar en la sala de mi casa. Me parece increíble que de un día a otro todo pueda haber desaparecido. Incluso el valor de la moneda nos recuerda que a veces creemos demasiado en cosas que tal vez no son tan reales. Lo que está pasando en Venezuela es una lección para toda la región, no sé exactamente de qué.

Como periodista ¿qué opinas de que en el Perú haya cierta neutralidad mientras en Latinoamérica se realizan fuertes protestas?

Creo que ustedes tuvieron la suerte de cerrar el Congreso y probablemente eso le dio un aire al gobierno y a la frustración de la gente. Cuando la gente está tan frustrada hay que darle esperanza y la sensación de que algo está cambiando. En Colombia sentimos hace mucho que el gobierno no escucha, no está respondiendo a las peticiones de la ciudadanía. Posiblemente lo mismo ha pasado en Chile. La clase media latinoamericana ha crecido mucho, son más educados, con mejores ingresos, y eso hace que las exigencias sean mayores.