Así luce el complejo arqueológico de Ventarrón tras incendio. (Foto: El Comercio)
Así luce el complejo arqueológico de Ventarrón tras incendio. (Foto: El Comercio)
Iñigo Maneiro


Hace unos nueve mil años, grupos nómadas se desplazaban por los valles lambayecanos recolectando frutos y vegetales, y cazando animales. De ellos nos han quedado expresiones de arte rupestre y rústicos campamentos en los que se han descubierto herramientas de piedra y algunos restos de alimentos. El nomadismo se combinó con los primeros asentamientos junto a fuentes de agua y pequeñas huertas. A medida que las plantas fueron domesticadas, la sedentarización ganaba al nomadismo, y se crearon estructuras sociales y sistemas de pensamiento más complejos.

Los primeros cultivos de esos grupos humanos fueron la lúcuma, la palta, el frijol, el zapallo y el camote. Muy tempranamente sembraron algodón lo que les permitió crear las primeras redes y ocupar nuevos territorios, en este caso, el litoral marino, y ensancharon así su frontera agrícola.

Hace cinco mil años, en el corazón del desierto, nació Ventarrón, el eslabón perdido de la historia cultural norteña, su primera gran construcción. Fue el destino en el que confluyeron personas y productos de lugares muy lejanos, como muestran las trompetas hechas con caracol tumbesino, o las momias de guacamayos amazónicos que el arqueólogo Ignacio Alva Meneses descubrió.

Ventarrón fue tan especial que, por primera vez en América, se recurrió a la pintura mural polícroma. Esa pintura representa una imagen: la de un venado atrapado en una red.

Hoy está destruido por el fuego. Lo que no destruyeron los fenómenos de El Niño, los terremotos o el paso del tiempo durante cinco mil años, lo ha hecho el hombre del siglo XXI con su total desprecio por la historia, la cultura y la ciudadanía. No se trata de un error humano. Se trata de prepotencia e irresponsabilidad de la empresa Pomalca. Se trata del abandono de las autoridades, despreocupadas de las tareas de inversión, conservación e investigación del patrimonio.