Juan Pablo León Almenara

Al teléfono, la voz de Roberto Cano suena intranquila, desconfiada. “¿Cómo te enteraste de la escuela?”, pregunta, pero continúa: “Yo manejo las academias de y la Vallejo. Los alumnos tienen un acercamiento con los mismos jugadores. Y si tu sobrino demuestra buenas condiciones, lo mandamos a la sede central de la federación. Pero por ahora debe prepararse con nosotros, todo es un proceso”, explica.

En el campo de entrenamiento, esa misma voz se torna impetuosa y enérgica, frente a los 30 estudiantes que aprenden cerca de él y que creen –porque así les promete– que entrarán al primer equipo de su club favorito.

Esta academia se anuncia en Facebook y en volantes como Club Alianza Lima San Borja, pero no es reconocida como oficial por el club. (Foto: Dante Piaggio)

Cano administra al menos dos escuelas de fútbol que las hace pasar por academias oficiales en los distritos de Surco y Villa María del Triunfo. Actualmente tiene un proceso abierto en y es cuestionado por el área legal del club blanquiazul por uso indebido del nombre de la marca, y, pese a ello, continúa ofreciendo sus servicios. Pero aparte de la violación de la propiedad intelectual, comete un delito aun peor y que podría llevarlo a un proceso penal: la estafa.

Terreno de juego

Francisco (así lo llamaremos) tiene 11 años y un sueño: jugar en Alianza Lima. Inspirado en los movimientos del arquero George Forsyth y la destreza de Julio Landauri, busca elevar el nivel deportivo de este club. 

Hace dos meses, caminaba con su padre por la cuadra 16 de la avenida Primavera, en Villa María del Triunfo, y se quedó parado frente a un cartel que decía: “Escuela Oficial de Alianza Lima”. Pocos días después, ya peloteaba junto con otros 25 alumnos inscritos en este lugar, operado por Roberto Cano. 

Pero lo que Francisco ni su padre sabían, hasta hace pocos días que El Comercio les dio la noticia en persona, era que nada de lo que esta academia ofrecía era verdad. 

Esta es una de las más de 70 escuelas piratas en la capital que emplean el nombre de Alianza Lima y engañan a menores haciéndoles creer que aprenderán junto a jugadores reales, y que su continuidad en la ‘institución’ los llevará al equipo verdadero.

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