"¿Y el alcalde dónde está?", por Pedro Ortiz Bisso
"¿Y el alcalde dónde está?", por Pedro Ortiz Bisso
Pedro Ortiz Bisso

Ilusamente, mientras ocurrían los desmanes en Manchay, me preguntaba dónde estaba el alcalde de Lima. Y digo ilusamente porque en esa comunidad, otrora paraíso de motociclistas setenteros, no había ‘by-pass’, escaleras o muritos por inaugurar. Mucho menos una maqueta para que, puntero en mano, el alcalde nos explicara algunas de las maravillosas iniciativas de ladrillo y cemento que suele impulsar para cambiarle la vida a quienes tenemos la suerte de habitar la capital durante su mandato.

Si no había una placa que descubrir o un puente que anunciar, ¿por qué razón iba a estar en Manchay el alcalde Castañeda?

Lo que sí había era un enfrentamiento feroz entre vecinos y policías, piedras por un lado, bombas lacrimógenas y perdigones por otro. Y heridos, algunos graves.

Pero la herida más profunda fue la que se infligió a la reforma del transporte. Cuando el enviado de la de Manchay, abrió una peligrosa puerta que puede significar la sentencia de muerte de la reforma. En adelante, bastará el reclamo más o menos organizado de una comunidad –¿acaso azuzada por dueños de empresas de transportes afectadas?– para que cualquier intento por cambiar el maldito statu quo que gobierna las calles capitalinas se vaya literalmente al diablo. Y sin escalas.

No obstante, los vecinos de Manchay tenían razón en sus reclamos. Quien diseñó la ruta alimentadora para el corredor azul no tomó en cuenta sus necesidades, ni calibró lo que representaría en sus escuálidos presupuestos afrontar un pasaje con un costo que casi alcanzaba el triple de lo que solían pagar.

¿Por qué no se previó este ataque de furia anunciado? Recordemos que desde que reasumió la comuna metropolitana, Solidaridad Nacional no se ha mostrado especialmente entusiasta con la reforma del transporte. Han sido doce meses de marchas y contramarchas, matizados con vituperios hacia la gestión anterior, señalada como la verdadera culpable de que coasters y combis sigan manejando la ciudad.

Lo cierto es que cuando de hablar de transporte se trata, a Castañeda y sus adláteres se les congela la sonrisa. Es una herencia asumida sin entusiasmo, obligada por las circunstancias, como si transportarse dignamente no fuera un derecho de todos los limeños.

Manchay es una población ligada estrechamente al señor Castañeda. Allí fue donde forjó su primer gran triunfo electoral, cuando debatió con el entonces alcalde Alberto Andrade poco antes de los comicios del 2002.  

Ni eso le movió un pelo. Si bien no es su función encabezar los equipos negociadores durante los conflictos, se esperaba al menos un gesto al ser Manchay una tierra tan cara para su vida política. Qué ilusos fuimos. No solo enmudeció, sino que se hizo invisible.

Pero no nos preocupemos. Tenga por seguro que volveremos a verlo en la próxima inauguración.