Estamos en la calle, por Angus Laurie
Estamos en la calle, por Angus Laurie

En Lima existe un gran abismo entre lo que dice la ley y lo que se hace en la práctica. Para explicar, dos ejemplos: en primer lugar, el Reglamento Nacional de Tránsito dicta que el peatón tiene el derecho de paso en cruces no semaforizados, en entradas y salidas de estacionamientos, sobre los vehículos girando a la izquierda o derecha, y en los cruces con semáforos. En segundo lugar, también indica que está prohibido que los peatones circulen por la pista. Es claro que la realidad dista del cumplimiento de la ley.

En ambos casos, existen maneras de diseñar la calle para cumplir con el objetivo y no depender del buen comportamiento ciudadano. Por ejemplo, uno puede diseñar una calle en donde los peatones tengan prioridad en los cruces. En el segundo caso, si las veredas tuvieran un ancho adecuado no sería necesario bajar de la vereda a la pista para pasar a otro peatón, ya que actualmente el ancho común solo permite a los peatones transitar en fila india.

¿Y por qué es importante esto? Casi el 80% de limeños, según un informe del Observatorio de Movilidad Urbana, camina la totalidad o parte de su viaje. Sin embargo, son pasados por alto en términos de diseño y política urbana. Como resultado, Lima tiene el nivel más alto de fatalidades de tránsito por número de vehículos en América Latina (CAF, 2011), y la gran mayoría son peatones. En términos de seguridad vial, somos la peor ciudad para ser peatón en las Américas.

Un ejemplo de cómo lograr un cambio se aprecia en las políticas de Seguridad Sostenible de Holanda, que trata de corregir las deficiencias en el diseño de las calles sobre la base de dos objetivos: evitar choques y eliminar el riesgo de heridos graves. 
El sistema se basa en varios principios. Uno es la agrupación de usuarios por la masa, la velocidad y la direccionalidad de manera homogénea. Bajo este principio, se aprecia la segregación de autos, ciclovías y peatones en las calles principales. En cambio, en Lima muchas ciclovías dirigen las bicicletas en contra del tráfico, lo cual logra una ‘heterogeneidad’ de masa, velocidad y direccionalidad en un solo diseño. En otras palabras, están mal diseñadas.

Otro principio es tener un entorno ‘tolerante’, que permita que los errores de tránsito no resulten en un choque o un herido. Por ejemplo, en los cruces de las calles de Lima se permite el giro de un auto a una velocidad que puede ser fatal. Si un peatón y un auto chocan, esto resulta en un accidente, algo que se puede evitar con una mínima noción de diseño.

Existen muchos proyectos para mejorar la infraestructura vial, sin embargo, todos ignoran o incluso empeoran el entorno para el peatón. Para cambiar esto los políticos tienen que ser conscientes de que es el peatón quien compone la columna vertebral de nuestro sistema de transporte. Más adelante habría que reacondicionar nuestro sistema vial, tanto a nivel político como a nivel de diseño, para que la mayoría de peatones y ciclistas, justamente los más vulnerables, puedan moverse de forma cómoda y segura.

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