'Chapa tu choro', la opción por la barbarie, por Pedro Ortiz
'Chapa tu choro', la opción por la barbarie, por Pedro Ortiz
Pedro Ortiz Bisso

Y de pronto, la televisión y las redes sociales se llenaron de imágenes de delincuentes apaleados, sangrantes, bajo carteles con amenazas de quemarlos o dejarlos parapléjicos. Mañana los rostros amoratados serán otros y pasado, también. Continuará el desfile de alaridos y lloriqueos, y a su lado otros rostros, pero adustos y desafiantes, mostrarán su orgullo por haberles dado su merecido. “Legítima defensa”,“la policía no nos ayuda”, “algo tenemos que hacer”. Hay mil y una maneras de justificar la barbarie.

Porque esa es la palabra exacta: barbarie. La campaña ‘Chapa tu choro’ es una populachera apelación al primitivismo que pone a la víctima en la misma dimensión moral de su agresor: ¿Me pegas? Yo te pego; y más duro. Así me defiendo. Y si insistes, te irá peor: te apalearé, te quemaré, te dejaré parapléjico. Solo faltó que sus promotores usaran la famosa frase cinematográfica de Liam Neeson –“Te buscaré, te encontraré y te mataré”– como eslogan de campaña.

Es, qué duda cabe, un recurso muy popular. Altamente atractivo en un país desinstitucionalizado, en donde se puede ser asaltado en una coaster rumbo a casa o en una salida a comer un sánguche. Por eso no es raro que detrás de esta iniciativa se encuentre una persona con aspiraciones políticas como la comunicadora Cecilia García, quien hace unos meses reveló su deseo de postular al Parlamento con el fujimorismo. Qué mejor manera para atraer la atención que liderar una corriente en la que se amenace con darle su merecido a los delincuentes.

La inseguridad ciudadana será un tema capital durante la campaña electoral que se avecina y antes que propuestas sofisticadas, efectivas, pero de largo aliento, los candidatos en liza probablemente buscarán aquella más efectista, la que vaya a la vena del sentimiento popular. Y lo harán sin remilgos, contradiciendo, incluso, sus supuestas posturas ideológicas. 

Por eso, aunque venido a menos, un candidato que supuestamente encarna el combate eficaz contra la delincuencia como Daniel Urresti, pese a las acusaciones de asesinato en su contra, sigue sin caer en el rubro ‘otros’ en las encuestas. O un acusado de encabezar un escuadrón de la muerte como el coronel Elidio Espinoza, fue elegido alcalde de Trujillo. 

Quien comete un delito, al margen de cuál sea, debe ser sometido a los procedimientos de sanción que establece la ley. Eso que puede parecer tan impopular en un país con tanto miedo como el nuestro es lo que nos hace civilizados, lo que nos diferencia del salvajismo. Que el sistema no funcione, que la policía no haga su trabajo, que tengamos un Poder Judicial débil y corrupto no justifica iniciativas de este tipo. 
¿Hay que pelear? Sí, pero para reformar las instituciones, hacerlas más sólidas a fin de que recuperen su principio de autoridad. ¿Es difícil? Por supuesto. ¿Requiere tiempo? Sí. Pero no hay otro camino para limpiar tanta pus. 

La mal llamada justicia popular no es justicia. Es barbarie nada más.