"Haciendo camino al andar", por Jorge Ruiz de Somocurcio
"Haciendo camino al andar", por Jorge Ruiz de Somocurcio
Jorge Ruiz de Somocurcio

Esta semana ha sido pródiga en señales de que finalmente algo nuevo y bueno para la ciudad se gestaría en la .

El sábado 24, El Comercio publicó una página entera divulgando los proyectos concertados de una primera etapa, dirigidos a corregir deficiencias urbanísticas en el uso del borde costero entre Chorrillos y Miraflores que se corresponden a la zona denominada Costa Verde natural, a partir de una preliminar imagen objetivo de este lugar como espacio público con servicios para todo el año. Los proyectos empezarían el 2016.

El mismo sábado, el Club Regatas, la Municipalidad de Lima, el Colegio de Arquitectos, la Asociación de Estudios de Arquitectura y la Asociación  de Pescadores José Olaya, junto con la ministra  de Comercio y Turismo, entregaron premios a los diez mejores proyectos para reordenar completamente la playa de Pescadores y sus servicios, en un evento acompañado por todos los pescadores de Agua Dulce que podría ser pionero en la costa de Lima.

No obstante, el lunes, un grupo de surfistas protestó públicamente por la construcción de la pasarela que tiene vereda y ciclovía en la playa La Pampilla y que une Waikiki con Makaha. Lo extraño es que ese proyecto fue promovido por la propia federación de surfistas, cuyo presidente me lo presentó en mayo último para que yo lo conozca y lo avale. Había sido encargado además a un arquitecto también tablista por la propia federación y retornado luego por Emape en una actitud de respeto hacia los deportistas y su playa. Entonces ¿en qué quedamos?

Lo real, en otro tema que es el de la vía de seis carriles, es que ese es un diseño envenenado realizado por la gestión municipal anterior sin respeto por el peatón o el ciclista y ninguna investigación para el manejo del sistema marino. Por eso no hay un solo metro más de playa. Al contrario. Y replantear la vía es casi imposible por razones estrictamente legales. Pero obviamente hay que hacer algo que mitigue el daño.

Finalmente, como consultor de la Autoridad del Proyecto Costa Verde, me reuní con el arquitecto autor del polémico hotel en el acantilado de Larcomar y que movilizará una inversión de US$90 millones. Han obtenido todos los estudios y permisos a lo largo de 10 años. El de suelos y su dinámica fue encargado a la prestigiosa firma francesa Solexpert y las estructuras a una de las mejores oficinas de calculistas del medio. ¿Qué hay atrás entonces de esa suerte de demonización del proyecto? El tiempo lo dirá. Se le recomendó al arquitecto mejorar el compromiso de la conexión entre la parte superior e inferior de la Costa Verde. Escaleras mecánicas y plataformas elevadas con acceso desde la playa que podrían ser refugio ante un tsunami y constituir un acceso amigable hacia la playa significarían un aporte del hotel a la ciudad.

Se acerca el verano y cuando este pase quizá podríamos asistir a un renacimiento de la Costa Verde pero será clave desprendernos de una visión hasta hoy polarizante de qué hacer y qué no hacer.

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