Luis García Bendezú

Han trabajado en casi todo el globo, desde Canadá hasta la Antártida. Desde 1996, el programa World Monuments Watch alerta sobre las amenazas que corren espacios declarados patrimonio de la humanidad y trabaja en su recuperación. Para el 2016, elaboraron una lista de 50 sitios en riesgo en 36 naciones, entre ellas el Perú. Para conocer más sobre conservación del patrimonio, El Comercio conversó con Norma Barbacci, directora de Programas para Latinoamérica, España y Portugal de World Monuments Fund.

— ¿Qué busca  World Monuments Watch (WMW)? 
La meta es hacer un llamado de atención hacia los sitios que están amenazados pero que tienen potencial para su recuperación. Los monumentos que entran en la lista del WMW se quedan por dos años. En ese tiempo, buscamos fondos para la conservación. En el Perú ya hemos impulsado proyectos desde Cajamarca hasta Arequipa. 

World Monuments Fund buscará fondos para la recuperación de la ermita de Barranco desde el próximo año. Esta data del siglo XVII, pero fue reedificada en 1882 tras la invasión chilena. 

— En Lima hay más de 392 monumentos arqueológicos declarados y el Gobierno no tiene dinero para conservar todo. Usted señaló una vez que es necesario seleccionar lo valioso. 

Aquí ocurre lo mismo que en cualquier país con un patrimonio riquísimo como México o España. No hay gobierno que se dé abasto para proteger todo. Lo que debe haber es un plan de manejo, lo que incluye zonificación. Identificar los lugares que tienen valor universal. Luego, definir zonas de amortiguamiento y de desarrollo. Los monumentos no se pueden preservar como le gustaría a ciertos curadores de museo. Se trata de sitios vivos, si no se desarrollan no hay sustentabilidad. 

— ¿Y cuál es un buen ejemplo de interacción entre la vida urbana y el espacio patrimonial? 
En Lima está el ejemplo de la huaca Pucllana. Creo que es un buen modelo de gestión. Se trata de una intervención respetuosa del patrimonio pero que ha creado una economía que asegura la conservación. Ahí está la sustentabilidad. Otro caso es la Huaca de la Luna [La Libertad]. Ellos balancearon el tema de la comunidad, lo ambiental y la conservación. Hay zonas intangibles protegidas, pero en la campiña moche se generó desarrollo con turismo cultural. 

—¿Qué rol juega el capital privado en todo eso?
A nuestro parecer, y tenemos 50 años de experiencia, la única manera de conservar el patrimonio es con capital privado. A no ser que hablemos de un país como Bahréin donde el petróleo puede financiarlo todo, la mayoría de naciones tiene que buscar otros modelos. 

— ¿Cómo hacer más atractivo el patrimonio? 
Al capital privado le interesa el retorno de su inversión. Esto puede ser de una forma directa o a través de incentivos fiscales. Se puede ofrecer la deducción de impuestos a cambio de inversión en un tema cultural. Esto es algo que se debe potenciar. 

— En el Perú ya se dan esta clase de beneficios o incentivos.
Sí se dan, bajo la modalidad de obras por impuestos, por ejemplo. Pero, históricamente, desde que empezaron en el 2004 se dan sobre todo en infraestructura, carreteras, puentes... 

— Recientemente se derogó el Decreto Legislativo 1198 que agilizaba la inversión privada en la gestión del patrimonio... 
A mi parecer es una oportunidad perdida y espero que se pueda retomar en algún momento. Creo que se debió socializar más la propuesta. Hubo preocupación por lo que pudo haber pasado sin una base concreta. Hay leyes similares en otros países. En Italia, por ejemplo, desde el año 96 se permitieron no solo los acuerdos con empresas, sino la privatización del patrimonio. Se hizo por desesperación porque había sitios como Pompeya que literalmente se caían a pedazos. 

—¿Funcionó el caso italiano?
En algunos lugares mejor que en otros, pero 20 años después continúa la ley. En México, que es uno de los países más celosos de su patrimonio, tienen un sistema muy interesante: el Permiso Administrativo Temporal Revocable (PATR). Así se recuperó el Museo del Estanquillo, una casona abandonada del Centro Histórico de México. El capital privado restauró la casona a cambio del PATR por 10 años. Si ellos hacen un buen trabajo, lo renuevan. Si un año hacen un mal trabajo, lo revocan. La fiscalización del gobierno nunca se pierde.

—Esto funcionaría en una mansión vacía o en una huaca, ¿pero qué hacer en las casonas monumentales hacinadas?
En la anterior gestión de Castañeda se hizo un proyecto muy interesante en la calle Rastro de San Francisco [cuadra 1 del Jr. Áncash]. Se tomó un grupo de casonas hacinadas y se hizo un trabajo de hormiga con las familias. Sanearon las viviendas, recuperaron la parte monumental que daba hacia la calle y en la zona donde había patrimonio irrecuperable se construyó un buen proyecto inmobiliario. Esta clase de modelos deberían replicarse. 

—Otro inconveniente es la falta de coordinación entre el sector Cultura y los municipios.
Esto también ocurría en Ciudad de México que tienen gobierno nacional, el de la ciudad y los distritos. Para ello crearon la autoridad del centro histórico y un fideicomiso para trabajar con una sola visión. Eso sí, se pueden crear las leyes y entidades que quieras, pero si no hay voluntad política, no pasa nada.