Jicamarca: el refugio de los hombres que estudian el cielo
Jicamarca: el refugio de los hombres que estudian el cielo
Redacción EC

El Radio Observatorio de Jicamarca (ROJ), en , se muestra como un oasis. Atrás queda el polvoriento camino en medio de la tierra y las piedras. Pasada su tranquera, algunos de árboles dan sombra y subrayan la aridez de los cerros alrededor. En su oficina, –doctor en Física Aplicada en Harvard, jefe del , entusiasta– hace memoria sobre los comienzos del laboratorio.

“Era el inicio de la era espacial, los rusos acababan de lanzar el [el primer satélite en órbita], comenzábamos a descubrir el espacio. Entonces, además, era mucho más importante comprender las ondas de radio para comunicarnos. El radio observatorio fue construido en 1960 por el profesor estadounidense Ken Bowles”, cuenta Woodman. 

En esos años, estaba fuera de la ciudad, hoy está en su lindero. No muy lejos de ahí está el relleno sanitario de Petramás, algunas chancherías y, a pocos metros, el cauce del . “El observatorio debe estar alejado de la ciudad para que no haya interferencias de radio, pero suficientemente cerca para temas logísticos”, añade Woodman.

En el ROJ se estudia la , esa capa de la atmósfera en la que se dan las auroras boreales y por donde viajan las ondas de radio. En 1962 se registraron los primeros resultados y no se han detenido hasta ahora. La investigación ha sabido perdurar en este punto olvidado de la capital de un país en el que esta práctica parece ser la última entre cualquier otra prioridad. 

Poco después del inicio de funciones del observatorio, en los años de Bowles, el golpe militar de Velasco hizo que la Environmental Science Service Administration, la agencia estadounidense que operaba el ROJ y luego se convertiría en la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), lo cediera al Instituto Geofísico del Perú, al que sigue adscrito. Gran parte de su presupuesto –un 90% según Woodman– proviene de fondos internacionales de la National Science Foundation. 

En el ROJ se analizan la temperatura y composición de la ionósfera, usando el ecuador magnético y el lugar privilegiado que tiene Lima para estudiarla. Woodman ha sido jefe del ROJ dos veces, cargo que hoy ocupa Marco Milla. De pie frente al enorme radar cuadrado de 300 m por lado, explica que mientras más se sepa de la ionósfera, más se podrá disminuir la interferencia de sus fenómenos en las telecomunicaciones, en los GPS o en sistemas de navegación. Y, claro, conocer cómo mejorar la radio, instrumento clave ante desastres naturales, por ejemplo.

“El conocimiento es importante por el conocimiento en sí mismo”, ataja Woodman. El conocimiento como medio y como fin.

El radar, compuesto por 18.432 antenas, tiene cerca las laderas de los cerros. Detrás de uno –Milla alza el dedo y señala, su mano contrasta con el cielo limpio y azul del mediodía–, una comienza a avanzar. En Jicamarca, tanto del lado de Huarochirí como de Chosica, el tráfico de tierras es tan común como peligroso. 

Decenas de personas de bajos recursos ocupan tierras que, en muchos casos, les son quitadas por los mismos traficantes a quienes les pagaron para ocuparlas. Paradójicamente, en las invasiones más precarias, el único medio de comunicación que existe es la radio.

MÁS DATOS

*La ionósfera es una capa de la atmósfera terrestre que se alza entre los 69 km y 800 km de altura.

*En ella se encuentran electrones libres e iones (átomos o moléculas que, al haber perdido electrones, son eléctricamente positivos).

*En la ionósfera influye el campo electromagnético de la Tierra. Esta capa atmosférica absorbe parte de la radiación solar.