Manual del perfecto irresponsable, por Pedro Ortiz Bisso
Manual del perfecto irresponsable, por Pedro Ortiz Bisso
Pedro Ortiz Bisso

Hace más de 30 años, la muerte de un estudiante universitario provocó que el ministro del Interior de ese entonces renunciara al cargo. Eran otros tiempos. La decencia aún no era un valor venido a menos y políticos de la estatura moral de José María de la Jara y Ureta hacían explícitos con estos gestos la asunción de su responsabilidad cuando cometían un error.

Aguardar actos de esa dimensión en nuestro Perú de hoy sería ocioso. Y no solo porque la espiral violentista está tan desatada que habría que cambiar ministros –y no solo del Interior– todos los días, sino porque, en general, la cultura de mirar de costado parece ser un requisito para cualquier cargo, sea público o privado.

El manual básico de evasión es seguido como un dogma. Aquí algunos ejemplos:
Si acaba de asumir un puesto público y surge un problema, haga la más fácil: échele el bulto a su antecesor.

Una alternativa es acusar a este de botarate, de inflar el presupuesto por contratar a medio mundo. Una vez hecho esto –escándalo de por medio– declare en “quiebra institucional” la organización que encabeza. Así podrá manejar el dinero a su manera y orientarlo hacia donde quiera (incluyendo cartelitos con su nombre y los colores de su agrupación política en edificios públicos).

De su falta de plan de trabajo y otras nimiedades, no diga palabra. A la gente le interesan las obras, no las explicaciones.

Ahora, si el asunto es muy embarazoso, culpe a alguien de más bajo rango (un gerente, incluso). Anuncie que se siente traicionado y que ha ordenado una “exhaustiva investigación” y que “no descansará hasta dar con el responsable” a fin de que le caiga “todo el peso de la ley”.

Si ocurre un conflicto social y, como suele suceder, hay un civil muerto, repita hasta el cansancio que la orden que se dio a los policías fue que no usaran sus armas de fuego. Deje en claro que no entiende por qué se incumplió esa disposición, que el culpable ya fue identificado y será sometido a lo que dictamine el Poder Judicial. No olvide enfatizar que no existen palabras que puedan describir el dolor que sienten los familiares de las víctimas y que se solidariza con ellos.

De la mala preparación policial, de los problemas en la cadena de mando, de la incapacidad de algunos de sus miembros para soportar situaciones de presión y estrés, ni una sola palabra.

Si comete un plagio, échele la culpa a la secretaria por no entender las indicaciones que le dio cuando tipeó el artículo.

O diga que la falta de espacio impidió que citara al autor de esas frases tan contundentes que sostenían su argumentación. Enfatice que el espacio era tan estrecho que ni siquiera pudo colocar unas miserables comillas. 

Una variante es señalar que en realidad es una víctima de sus enemigos, que sus opiniones eran incómodas para el medio donde colaboraba y que este asunto del plagio solo es un pretexto vil para prescindir de sus servicios.

El manual funciona. Sobran ejemplos en todos lados.

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