Panamericanos 2019: un medio no un fin, por Pedro Ortiz Bisso
Panamericanos 2019: un medio no un fin, por Pedro Ortiz Bisso
Pedro Ortiz Bisso

Así como un día decidió que Lima debía tener un tren eléctrico, un día también a Alan García se le ocurrió organizar los . Fue hace ocho años, después de protagonizar una patinada de dimensiones olímpicas.

Pletórico por las insuperables cifras del PBI criollo, al entonces excelentísimo señor presidente se le ocurrió que el país ya estaba para grandes cosas, así que anunció con esa aparatosa grandilocuencia que lo hace irrepetible, que el Perú quería organizar ¡los Juegos Olímpicos del 2016! Cuando alguien le hizo ver el ridículo en que se metía (entre otras cosas, el plazo para presentar la candidatura había vencido largamente), se decidió por los Panamericanos.

Primero se buscó la sede del 2015. Había tanta confianza que el día decisivo se habilitó un proscenio en la Plaza de Armas y se contrató a una orquesta de cumbia para celebrar como se debe la segura nominación. La lógica elección de Toronto fue un mazazo colosal para el ego palaciego, pero se persistió en el objetivo. Ya con Ollanta Humala en la Casa de Pizarro, se recibió el encargo para tomar el testimonio en el 2019.

Vale este recordaris toda vez que entre los más firmes opositores a los Juegos hay congresistas apristas. ¿De cuando acá quieren matar la criatura que tanto sudor le costó a su líder? El tinglado armado en mancuerna con el fujimorismo es demasiado burdo. Como han señalado Patricia del Río y Marco Sifuentes, aquí el objetivo es otro: bajarse al ministro de Educación que impulsó la ley universitaria y puso en la cuerda floja el suculento statu quo del que algunos se han beneficiado por largos años.

Otros analistas han esgrimido argumentos más serios para no organizar los Juegos. El principal son los costos que demandará. US$1.200 millones parecen una barbaridad para un país como el nuestro. Sin embargo, el retorno de la inversión no se puede medir desde el punto de vista estrictamente monetario.

Pese a que a la selección de fútbol se le exige que juegue como el Barza y a Angelita Leiva que mate como Cecilia Tait, el deporte nunca ha sido prioridad para nuestros políticos. Solo ha sido visto como un vehículo para tomarse un ‘selfie’ con el campeón. El presidente Kuczynski es el único mandatario en lustros que ha hecho explícito su interés en impulsar el deporte en el país.

El Perú nunca ha organizado un evento deportivo de la dimensión de los Panamericanos (y probablemente no tenga ocasión de hacer algo similar). Esta puede ser la bisagra por tantos años esperada para convertir el deporte en un vehículo formativo y de mejora de la calidad de vida.   

Para ello se requiere una política gubernamental amplia y ambiciosa, con objetivos medibles y mirada al futuro. En otras palabras, que convierta los Juegos Panamericanos en un medio y no en un fin. 

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