Juan Guillermo Lara

En un día común, la plaza San Martín se convierte en el punto de encuentro de algunos limeños, turistas y otros grupos de personas que se reúnen a diario para debatir. Sin embargo, desde hace nueve días este emblemático espacio es el epicentro donde se reúnen los miles de profesores de distintas regiones que se unieron a la huelga.

Si bien los maestros pernoctan en el local del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (Sutep), ubicado en la cuadra ocho del jirón Caylloma, en el Centro de Lima. Desde muy temprano se desplazan hasta la plaza donde antes de marchar almuerzan y descansan.

Además de los maestros, los comerciantes llenan a diario la plaza. Decenas de carretillas, con balones de gas incluidos, ofrecen variados platos a la carta que van desde arroz chaufa hasta juanes o pescado frito. Los vendedores ambulantes y venezolanos –que ofrecen arepas y bombas– también permanecen a diario.

El sub gerente de Servicio a la Comunidad de la Municipalidad de Lima, Jorge Paurinotto, aseguró que debido a la huelga de maestros la comuna debe invertir el triple de dinero en la limpieza pública. “Hacemos la limpieza una vez por día, pero con las protestas se debe de hacer tres veces”, indicó.

Según el historiador José Ragas hay varias razones por las cuales la plaza San Martín se ha convertido en el lugar preferido para las protestas y manifestaciones sobre otras plazas como Grau, 2 de Mayo (bastión del CGTP) o el Paseo Naval (a veces usado para mítines y cierres de campaña políticos).

“Está estratégicamente ubicada, con distancias caminables de centros de poder como Palacio de Gobierno, la Municipalidad de Lima, la Catedral, el Congreso y Palacio de Justicia. Además que conecta avenidas que son perfectas para movilización, como la Colmena, Paseo de la República y Abancay”, dice Ragas.

En las últimas manifestaciones el radio de desplazamiento de las marchas inicia, o termina en la plaza San Martín, y va hasta el Campo de Marte.

“La plaza tiene un espacio amplio y propicio para concentraciones. Tiene actividad política con oradores de manera permanente. Una de las marchas más conocidas fue la de los ancashinos para pedir que se cree una universidad en 1968”, señala el historiador.

– Daños colaterales –
Las constantes protestas han ocasionado que cientos de comercios se vean afectados pues la Policía Nacional acordonado todo el rededor de la plaza para evitar que los profesores se desplacen hacia la Plaza de Armas o el Congreso de la República, hasta donde llegaron en días pasados.

Según Salvador Ode, vicepresidente de la Asociación de Empresarios del Jirón de la Unión y Anexos, entre los 1.500 empresarios que conforman dicha entidad pierden aproximadamente S/6 millones por cada día de protestas.

Las marchas diarias también perjudican al tránsito público y privados, pues los maestros no solo se movilizan por las calles aledañas a la plaza San Martín, sino que en algunas ocasiones llegan hasta la avenida Abancay. Esta es la principal arteria que conecta el Centro de Lima con San Juan de Lurigancho, el distrito más poblado de la ciudad.

Durante los días de protestas también se ve restringida la ruta A del Metropolitano, que circula por la avenida Emancipación.

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