Pena de muerte para delincuentes en debate: ¿Sería viable?
Pena de muerte para delincuentes en debate: ¿Sería viable?
Redacción EC

GUSTAVO KANASHIRO FONKEN /

La indignación hacia los asesinos, los sicarios, los violadores de menores, es inevitable. El proceder de los psicópatas, homicidas y pedófilos genera tal rechazo que el ciudadano de a pie puede llegar a la conclusión de que la sociedad sería mejor . Sin embargo, estas emociones que no justifican su implementación.

Efectivamente, la pena de muerte no es un elemento disuasivo para que los sicarios dejen de matar, para que los violadores dejen de atacar a niños o para que el corrupto deje de lucrar con el dinero de miles de personas, coincidieron especialistas. 

“No hay ningún estudio que diga que esta condena pueda disuadir al delincuente. Peor aún, quien hable de esto habla con ignorancia supina sobre , dijo a El Comercio el doctor Vladimir Padilla, especialista en derecho penal de la PUCP.

En el Perú se ha dejado de aplicar la pena de muerte desde que entró en vigencia la Constitución de 1979. En el texto aprobado en 1993 se amplió su aplicación única para casos de traición a la patria en caso de guerra al delito de terrorismo, pero nunca se reglamentó. A nivel internacional, es inviable porque Perú firmó el Pacto de San José o Convención Americana de Derechos Humanos.

“En un régimen de respeto al Estado de derecho no se puede ser un paria internacional ajeno a lo que se ha reconocido a nivel regional”, añadió el letrado.

'SI MUERO, MUERO PUES'

El miedo a la muerte no es un elemento disuasivo tampoco a nivel psicológico. Los hampones más avezados son psicópatas clínicos, personas que han perdido todo el respeto por la vida, no solo de los demás, sino de uno mismo.

“El delincuente no tiene aprecio por la vida, no les interesa morir y menos les interesa que otros mueran. Son conscientes de eso desde niños. He hablado con chicos de 14 años que me han respondido ‘Si caigo, caigo. Si muero, muero pues’”, dijo a El Comercio la doctora Silvia Rojas, sicóloga forense de la Policía.

El único elemento de la sociedad que se vería beneficiado por la implementación de la pena de muerte es el morbo público. “El que va a robar sabe que puede morir y sabe lo que le va a pasar. Nadie delinque pensando en que lo van a atrapar, en realidad creen que no van a morir”, añadió.

A esto hay que añadirle todas las implicancias que traería implementar la pena de muerte. "Si se condena al asesino, ¿por qué no se mata también al que ordenó la matanza sistemática? También se podría cortar la mano al delincuente, pero ¿acaso no hay delincuentes que roban sin tener mano?", sostuvo Padilla.

¿QUÉ HACER ENTONCES?

Endurecer las penas y hacerlas efectivas. Las condenas privativas de libertad tienen como objetivo el reformar al delincuente. Sin embargo, los psicópatas no se regeneran y pueden llegar a inducir a otros a cometer crímenes. La cadena perpetua debe aplicarse en estos casos.

Aislarlos de todos los medios. “No deben tener facilidades para acceder a medios de comunicación como celulares. Incluso sus propios familiares se vuelven una banda delincuencial que van a visitarlos para recibir órdenes”, opinó Silvia Rojas.

Sobre todo, educación. “El delincuente se desarrolla a partir de los 12 años. Para evitar la delincuencia hay que trabajar con los niños. El adolescente entra al mundo de los asesinos y sabe que puede morir, pero lo ve como un simple desafío. Así nacen los sicarios y eso se combate con educación sin privilegios”, comentó Vladimir Padilla.