A la izquierda, Juan Zuleta, en mayo del 2019, cuando fue auxiliado en una calle de La Victoria. A la derecha, Juan Zuleta, el último jueves, un día después de haberle salvado la vida a una mujer.
A la izquierda, Juan Zuleta, en mayo del 2019, cuando fue auxiliado en una calle de La Victoria. A la derecha, Juan Zuleta, el último jueves, un día después de haberle salvado la vida a una mujer.
Enrique Vera

El 16 de mayo del año pasado, la periodista Heidi Paiva y su madre hicieron unas compras en el emporio comercial de Gamarra y, ya de regreso a su casa, caminaron a paso lento por la avenida México, en La Victoria. A la altura de la cuadra 9 de esa arteria, a un lado de la pista, un joven no mayor de 25 años, tendido en el pavimento y cubierto con cartones, llamó su atención.

De él, ambulantes y transeúntes habituales de la zona solo decían que limpiaba carros y que era casi un indigente. Vestía apenas un pantalón ennegrecido y calzaba lo que quedaban de unas zapatillas. Todos se reían, lo llamaban drogadicto y borracho, pero nadie atendía el temblor de su cuerpo por el frío de aquella noche, ni el sangrado nasal que había llevado a aquel hombre casi a la inconciencia. Heidi Paiva llamó a la policía y una mujer que se retiró enseguida se comunicó con los paramédicos.

En los minutos que demoró en llegar el auxilio, la periodista pensó que si el destino del joven era morir allí y en ese momento, ella no iba a dejarlo solo. “Nadie merece morirse en una vereda”, escribiría en su cuenta de Facebook por esa fecha.

Un policía consiguió que el muchacho reaccione y limpió su rostro, además le ayudó a ponerse un polo que alguien entregó. Heidi Paiva también se desprendió de la casaca que llevaba para ofrecérsela. Ella dice que del grupo de curiosos varias voces le advertían que pronto su casaca terminaría siendo vendida o cambiada por un poco de droga. Pero Carlos, así le dijo que se llamaba, le prometió cuidar la prenda.

“Nos agradeció y se quedó sonriente”, cuenta Heidi Paiva a El Comercio.

Al mes siguiente, la hermana de la periodista, de paso por la plaza Manco Cápac, reconoció la casaca de Heidi cubriendo el dorso de un joven con las características del que se había identificado como Carlos. Se trataba del mismo que en mayo la periodista había encontrado casi agonizante en un costado de la avenida México. Y no solo había conservado bien la prenda sino que, según aseguró, lo estaba protegiendo del crudo invierno ya asentado en Lima. A la hermana de Heidi el muchacho le dijo que se llamaba Marcos. Ella le compró unas zapatillas y le dejó pagados varios menús para los días siguientes.

Heidi Paiva dice a este Diario que en los meses posteriores tuvo la intención de volver por la avenida México o ir a la plaza Manco Cápac para saber de Carlos o Marcos, pero que no pudo hacerlo. Tenía interés por conocer sobre su estado actual pero, principalmente, en poder ayudarlo más. Lo último que había sabido de él era que dormía siempre en compañía de otros jóvenes sin hogar en aquella plaza de La Victoria. Después, nada más.

Nada, hasta la mañana del último jueves cuando la televisión y los portales de noticias difundían la heroica acción de un limpiador de carros que había impedido que una mujer sea quemada por su pareja, en una calle de La Victoria. Se trataba de Carlos o Marcos, el muchacho al que el año pasado la periodista había ayudado y al que ahora todos identificaban como Juan pero cuyo nombre real es Marcos Zuleta, Gómez, de 27 años.

En las imágenes donde aparece impidiendo con su cuerpo que una franela encendida impacte a una mujer bañada en gasolina, Marcos Zuleta lleva el mismo pantalón que vestía la noche en que la periodista lo encontró. Así lo reconoce ella; y así lo ha evocado en un reciente post de Facebook que, sobre todo, es una lección de vida:

Conocí a un héroe y no lo supe hasta ayer. Sí, es el mismo chico al que encontré en una calle de Gamarra, del que todos se burlaban (nunca entendí por qué). El mismo ser humano al que llamaron drogadicto, ratero, sin siquiera conocer su historia, ni sus demonios. Demostró que es mucho mejor persona que todos esos que pasaron de largo o se rieron de su desgracia, cuando más lo necesitaba”.