La joven de 18 años habría sido asesinada días antes de ser hallada dentro de una caja en La Victoria. Su cuerpo ya estaba descompuesto (Eduardo Cavero).
La joven de 18 años habría sido asesinada días antes de ser hallada dentro de una caja en La Victoria. Su cuerpo ya estaba descompuesto (Eduardo Cavero).
Óscar Paz Campuzano

Periodista

oscar.paz@comercio.com.pe

Yoliet Vidaurre Peralta había salido la noche del domingo 23 de febrero a una discoteca en el distrito de San Juan de Lurigancho (SJL) y apareció tres días después, sin vida, dentro de una caja de cartón en medio de una calle de La Victoria.

Un camión rojo llegó la madrugada del miércoles hasta la cuadra 6 del jirón Enrique Nerini, cerca del Mercado de Frutas, y ahí la arrojaron. Horas después, un reciclador se acercó al bulto y olió el hedor que salía desde adentro. Abrió un hoyo y descubrió el cuerpo.

Para entonces, sus familiares seguían buscándola con desesperación. Su repentina ausencia era extraña, porque –según su entorno– la joven se preocupaba mucho por su bebe de 2 años y era muy cercana a su hermana Marcy, quien el lunes cumplió años. La joven fallecida era infaltable en esas ocasiones.

Yoliet, de 18 años, tenía una relación hace cinco con Fabrizio Neola. Para el velorio, él se mandó a estampar en un polo blanco la fotografía de ambos dándose un beso por el nacimiento de su hija Rouse.

El mismo domingo que ella fue a la discoteca, se reconcilió con su pareja después de tres semanas de alejamiento. En ese tiempo no se llamaron ni escribieron. Incluso, Fabrizio regresó a vivir con su madre. Pero ese domingo –cuenta él– algo le hizo llamarla y volver a verse.

“Me encontré con ella en el metro. Estuvimos todo el día. Hablamos de la bebe... ¡Le pedí que se case conmigo! Ella dijo que sí”, cuenta Fabrizio llorando cerca del ataúd. Ese día, según su relato, a toda persona que pasaba cerca le gritaba que Yoliet sería su esposa.

Tenían muchos planes, dice Fabrizio. “Ella quería estudiar para ser abogada, trabajar, hacer dinero, darle un mejor futuro a mi hija. Yo quería ayudarla, pero ella tenía su carácter”, añade. Según Fabrizio, en varias ocasiones se separaron por peleas de pareja, pero –como ocurrió ese domingo– siempre volvían a estar juntos.

A eso de las 8 o 9 la noche, después de la reconciliación, Fabrizio dice haberla dejado en la esquina de su casa, en el sector Huáscar de SJL, donde hoy son velados sus restos. No supo más de ella hasta el lunes que fue reportada como desaparecida.

¿Qué pasó en la fiesta?

Mishell es un nombre clave en esta historia, pues con ella acudió a la discoteca, según un grupo de amigos con los que la víctima solía ir a fiestas en este distrito. “No sabemos mucho. Dicen que esa chica fue al baño y al regresar ya no la vio. También dicen que Yoliet se encontró con otra amiga y se unió a ese grupo. Luego la vieron salir con un hombre gordo, desconocido, de camisa. Ella se tambaleaba”, dijo una amiga de infancia que acudió al velorio.

Le gustaba ir a las discotecas, pero siempre regresaba antes de la 1 a.m. Sus amigos de fiesta nunca la vieron perder el control o hablando con desconocidas dentro de estos locales. “Solo salía con su círculo de amigos. Era una chica tranquila”, la describen. Por eso, su muerte es tan sorpresiva como extraña.

El Departamento de Homicidios de la PNP ya ha revisado las cámaras de seguridad del local y está a la espera de resultados más detallados de la necropsia, porque en el primer informe los médicos solo precisaron la existencia de moretones pronunciados (equimosis) en el rostro y en el hombro derecho de la joven. Debido a la violencia del crimen, la Defensoría del Pueblo considera que este caso debe investigarse como un feminicidio.

La investigación está en la Segunda Fiscalía Penal Transitoria de La Victoria-San Luis.

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