Julio Trujillo, presunto cabecilla de la banda, Luis Macavilca y Katherine Molina son acusados de captar, secuestrar y explotar a niñas, y de microcomercializar estupefacientes. A Lizbeth Molina y Luis Huacho, sus cómplices, los procesarán por tráfico ilícito de drogas. (Foto: PNP)
Julio Trujillo, presunto cabecilla de la banda, Luis Macavilca y Katherine Molina son acusados de captar, secuestrar y explotar a niñas, y de microcomercializar estupefacientes. A Lizbeth Molina y Luis Huacho, sus cómplices, los procesarán por tráfico ilícito de drogas. (Foto: PNP)
Lourdes Fernández Calvo

Gracias al sistema de geolocalización, la Policía Nacional rastreó el celular de una menor de 13 años reportada como desaparecida y la encontró en una vivienda de la zona C del sector de Huaycán, en Ate. Según denunció su madre, la adolescente había desaparecido de su casa en San Juan de Lurigancho desde hace unas semanas. 

Con la ubicación, treinta policías de la División de Secuestros empezaron a rastrear Huaycán. El sábado último, vieron salir a la menor de la casa y la mamá la reconoció. “Estaba intentando escapar, la intervenimos y nos dijo que en la casa había más niñas retenidas por un tal Julio. Es ahí cuando decidimos entrar y encontramos a dos niñas más y a una mafia dedicada al tráfico ilícito de drogas”, cuenta el coronel PNP Nicasio Zapata, jefe de la División de Secuestros y Extorsiones de la Dirincri. 

Además de las menores de 12, 13 y 14 años, esta última embarazada, la policía encontró pequeños envoltorios con pasta básica de cocaína (PBC). Las niñas, según contaron a los agentes, se encargaban de empaquetar la droga que luego sería comercializada por la banda en la zona. Cada paquete era vendido a S/0,50. 

En el lugar fueron detenidos Julio Trujillo Villanueva, de 39 años, y su pareja Katherine Molina Bendezú, de 30, quienes dicen que son los padres de la menor embarazada; así como Luis Macavilca Aban (21). Ellos serán denunciados por secuestro agravado y trata.
Con información de inteligencia, la policía ingresó a otra vivienda ubicada a ocho cuadras del lugar y que era alquilada por Trujillo. 

En la casa se hallaron 2.416 ketes de PBC, S/283 en diferentes tipos de monedas, una balanza, cucharas, coladeras y cuchillos que eran utilizados para el empaquetado de la droga. Incluso se encontró una comba que, según la policía, se empleaba para aplastar la droga. Los vecinos aseguran que por las noches escuchaban los fuertes ruidos que hacían con esta herramienta; sin embargo, nadie sabía de las niñas.

Allí fueron capturados Luis Huacho Onofre (33) y Lizbeth Molina Bendezú (32), hermana de la otra detenida. Ambos serán denunciados por tráfico ilícito de drogas

—Una nueva modalidad—

¿Cómo terminaron las menores en ese lugar? Según la policía, la banda de traficantes de droga utilizaba a su hija de 14 años (la adolescente embarazada) para captar a otras niñas a través del Facebook, ofreciéndoles trabajo o invitándolas a fiestas que resultaban falsas.

“Se hacía sus amigas y luego las invitaba a su casa para no dejarlas salir”, detalla el coronel Zapata. 

Para la policía, esta es una nueva modalidad de trata de personas con un fin de explotación laboral. Si bien la captación por redes sociales no es nueva, el hacerlo para incluir a los menores en el tráfico de drogas sí lo es. 

Berenice Romero, jefa de la Fiscalía Especializada en Delitos de Trata de Personas de Lima, recuerda que se han investigado mafias de tratantes que han utilizado a los menores como ‘tenderos’ y en otros casos para que entreguen paquetes de droga, mas no para incluirlos en la elaboración de esta.

“Esto es nuevo y, al parecer, cumple las conductas de la trata de personas y está dentro de las nuevas formas de explotación, porque instrumentaliza al ser humano”, refiere. Para Romero, el caso podría ser un delito de trata de personas con fines de explotación análoga. 

El director de la ONG CHS Alternativo, Ricardo Valdés, agrega un dato relevante para entender estos casos: las denuncias por trata de menores aumentan durante la época de vacaciones escolares.

“Está documentado que esto aumenta en vacaciones; en las calles hay mucha captación para explotación laboral en fábricas, etc. Los tratantes se aprovechan de la vulnerabilidad de los niños”, comenta. 

La alerta, entonces, va para los padres respecto al uso de redes sociales de sus hijos y para el Estado en la inversión para enfrentar este delito. En el 2018, el Estado destinó apenas S/0,25 por persona para la lucha contra la trata. La mitad de lo que vale uno de estos ketes de droga.