Redacción EC

PIERINA PIGHI

La competencia de la danza de tijeras comienza con un ritual alrededor de una olla de barro. Los dansaqs -danzantes- prenden fuego a unos atados de ruda y coca en el recipiente y cubren de humo el escenario. Es un llamado a los Apus: los de Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y Arequipa quieren, por igual, ganar la mayoría de aplausos en sus rutinas.

Saltarán parados, saltarán de espaldas en el piso y bajarán de cabeza por una soga. Hoy nadie se atravesará sables. Pero tal vez las peleas de chicotes sean las que corran sangre. Un violinista y un arpista seguirán tocando hasta que los competidores se rindan.

Pero todos ellos se iniciaron sin fondos musicales. 'Qechele', por ejemplo, tenía ocho años cuando una madrugada de agosto, su padre lo despertó, caminaron cinco horas y se detuvieron en una catarata, a casi 4.000 metros de altura. Debía bailar solo, cerca de una hora bajo la corriente helada, para bautizarse como danzante de tijeras.

Al lograrlo, volvió a la fiesta del Agua de su pueblo ayacuchano: Andamarca, Lucanas, y bailó toda la noche, como hace ahora cada año, cuando viaja desde Lima. Fidencio Huamaní heredó el apodo 'Qechele' de su tatarabuelo y su papá. Dice que baila como ellos. 'Quechele' significa renegón, pero él niega que lo sea: "Excepto cuando pierdo". Hoy espera el mejor resultado.

Pero Juan Quispe 'Tragalazo' tal vez se lo impida. Lo conocen como el mejor baja sogas. Aprendió después de practicar tres años. En escenarios originales de Poma, Ayacucho, baja por torres de iglesias para mostrar su rechazo al catolicismo, como una creencia impuesta por los españoles. Pero el resto del año, celebra todas las fiestas patronales.

Él y sus 13 hermanos pertenecen a los 'Condehuilca', o "nietos de Conde", en honor a Marcelo Conde, su abuelo que bailó hasta los 70, según aseguran. Juan tiene apenas 33 años y dice que también se incrusta sables y clavos. En este atipanacuy no lo probará. Pero le sobrará tiempo para consagrar otro de sus apodos: 'El Rey Sanguinario'.

'Chasca' significa "estrella de la madrugada", pero Víctor Herrera se presenta mejor con historias de peligro. Una vez, mientras bailaba, se prendió fuego en el cabello y las llamas alcanzaron su cara. Un compañero tardó en alcanzarle su sombrero mojado para apagarlas.

En otra oportunidad, tragó el arco de un violín, que se partió en su esófago al inclinar el tronco. Chasca solo pudo sacar una mitad y aquella tarde musical acabó en una clínica.

En este atipanacuy, participará en el "chicote calato", una rutina en la que los dansaqs pelean con el pecho descubierto hasta que alguien los separa. Todavía no sabe quién será su rival. Igual, el ganador dependerá del pueblo.

DATO
En agosto los dansaqs que participaron en este atipanacuy deben viajar a una gira por Europa, pero aún están reuniendo fondos para los pasajes. Para cualquier ayuda, llamar al 949 298 435 o 990 125 212.