Un simple beso, ese acto pecaminoso, por Pedro Ortiz Bisso
Un simple beso, ese acto pecaminoso, por Pedro Ortiz Bisso
Pedro Ortiz Bisso

Uno. Mediados de los ochenta del siglo pasado. En la clase de Teoría de la Comunicación de una de las facultades de comunicaciones más importantes del país, el tema en discusión arrancaba sonrisas nerviosas entre algunos estudiantes: el desnudo en la televisión peruana. No era algo nuevo. Ya se habían visto senos y traseros en “Yo Claudio”, la estupenda teleserie inglesa que protagoniza Derek Jacobi. También en “Naná”, ambos en “Lo mejor de la televisión mundial” que presentaba Ricardo Blume. Ahora el tema era distinto: se habían visto tetas en un programa de televisión de media tarde. Eso que hoy parecería un asunto casi ridículo, era motivo de análisis y debate.

Dos. 27 de marzo de 1984, 10 a.m. En momentos en que se servía la ‘paila’, un grupo de internos de El Sexto, un penal ubicado en plena avenida Alfonso Ugarte, inició una revuelta. Liderados por Luis García Mendoza ‘Pilatos’ y Eduardo Centenaro Fernández ‘Lalo’, secuestran a 13 civiles, entre reclusos y personal de la cárcel. Entre los primeros estaba Guillermo Cárdenas Dávila, ‘Mosca Loca’, un narcotraficante que, se decía, alguna vez ofreció pagar la deuda externa del país a cambio de que lo dejasen trabajar tranquilo.

Tras el fracaso de las negociaciones, se inicia la barbarie. A la hora en que los chicos regresaban del colegio, la televisión mostró en vivo y en directo a uno de los trabajadores del penal cuando era quemado vivo por los reos. Luego cómo a otro le disparaban a mansalva  y después el acuchillamiento de un tercero. En lugar de las telelloronas mexicanas de la tarde, los televidentes peruanos recibimos una sangrienta dosis de telerrealidad.

Tres. 31 de diciembre del 2014. Pollería El Corralito, Cercado de Lima. Una decena de personas comía tranquilamente, cuando un grupo de asaltantes irrumpió en el local. Entre los comensales se encontraba el comandante PNP Pedro Guerrero Gilberti, vestido de civil, quien intenta ofrecer resistencia. Los delincuentes  no le dan chance y lo acribillan a balazos. La imagen del asesinato, registrada por una cámara de seguridad, se repite una y otra vez en los noticieros y portales web. La escena es brutal. Guerrero recibió cinco disparos, algunos a poco más de un metro de distancia. Las imágenes se transmiten sin ningún tipo de advertencia.

Cuatro. 9 de junio del 2015. La telenovela brasileña “Rastros de mentiras” llega a su fin. Quienes se engancharon con esta producción de Globo saben que los actores Meteus Solano y Thiago Fragoso interpretan a una pareja gay. En una escena, ambos se dan un beso. En ese momento, el canal emite un cintillo: “Advertencia, las escenas que se presentan a continuación pueden herir susceptibilidades”. Antes del inicio del capítulo otro cintillo alertaba que era apto “para mayores de 18 años”.

Todos los días vemos asesinatos, masacres y otros crímenes espantosos en la televisión. Sin embargo, un beso, la expresión más sublime de amor, debe estar precedido de una advertencia. ¿El pecado? Que se lo den dos personas del mismo sexo.

Y así dicen que estamos en el siglo XXI.

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