En SJL funciona el único colegio para madres adolescentes
En SJL funciona el único colegio para madres adolescentes
Juan Pablo León Almenara

Entre los cerros Bayóvar, Huáscar y Nuevo Jerusalén, en un olvidado rincón de San Juan de Lurigancho paradójicamente llamado Arriba Perú, opera el único colegio del país para madres adolescentes que les permite aprender sin alejarse de sus hijos. Se llama Asociación Taller de los Niños y es, quizá, la única esperanza de estas jóvenes por reinsertarse en una sociedad donde apenas una de cada diez mamás menores de edad concluye la secundaria.

La historia de este milagro comenzó en 1978, cuando en un viaje al Perú, la suiza Christiane Ramseyer vio la necesidad de fundar una guardería para proteger a los niños del distrito más poblado de América del Sur. El esfuerzo valió la pena: la asociación, que empezó haciéndose cargo de sus primeros 120 bebes, hoy se ha convertido en una institución de apoyo integral para las menores de edad, que ha podido cambiar la historia de más de 50.000 niños y sus madres en los últimos 38 años.

EN DETALLE
En abril de este año, se inició el año escolar para la primera promoción de madres. En total estudian 46 jovencitas. “Para ellas hay esperanza de reinsertarse en la sociedad, pero necesitan una ayuda completa. Por eso tenemos 16 programas que las madres reciben de forma gratuita”, indica Ramseyer, fundadora y directora general del centro.

Los docentes comienzan haciendo un primer contacto con las madres con voluntad de retomar sus estudios, pese a las trabas que suelen imponer las familias de una adolescente gestante. Luego, estas pasan por un proceso legal junto al padre para llegar al reconocimiento del hijo, y reciben ayuda psicológica. Una vez en el colegio, tienen a su disposición obstetras, pediatras y nutricionistas.

La historia de Carmen (así la llamaremos) encarna la esperanza de la que Christiane habla. Quedó embarazada a los 16 años y abandonó el colegio. El día en que sintió las contracciones, sufrió en carne propia la falta de establecimientos de salud que había en su distrito: tuvo que viajar 30 minutos hasta la posta médica más cercana. “Tuve a mi hijo, pero yo sabía que debía terminar mis estudios. Nunca descarté continuar con mi sueño: ser enfermera”, anota.

Hace medio año, Carmen llegó a la Asociación Taller de los Niños con su hijo Logan en brazos y desde entonces ha comprobado lo que había escuchado de otras compañeras: hoy mientras recibe sus últimos cursos de matemática y comunicación, el pequeño de 6 meses la espera, a pocos metros, en su taller de estimulación temprana.

La joven, con ahora 18 años, ya prepara un proyecto que podría cambiar su distrito: “Luego de terminar mi carrera técnica, pondré un servicio de enfermería a domicilio, e iré casa por casa ayudando a las familias”, asegura Carmen, quien pasará su primer Día de la Madre con esa esperanza que nunca tuvo.

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