Yasmin Rosas

Fuera del pabellón de quemados del (INSN) de San Borja, un grupo de voluntarios organiza meticulosamente los juguetes que serán entregados a los pacientes por las celebraciones de .

Melchor, Gaspar y Baltasar repartieron obsequios a 170 niños hospitalizados en el INSN. La alegría fue desbordante, y la labor, gratificante.

“Yo los veo todos los días y me doy cuenta de la emoción con la que reciben los juguetes. Una cosa pequeña puede cambiar su tiempo de estadía en el hospital”, dijo una de las agentes de seguridad que resguarda la entrada al pabellón.

Allí, una de las primeras en recibir a los reyes magos es Sharmeli, de 4 años. Ella les da la bienvenida recostada boca abajo sobre su cama. La pequeña llegó el 10 de diciembre y fue trasladada de emergencia desde Ayacucho. Tiene el 30% de su cuerpo quemado con lesiones de segundo y tercer grado.

La niña está acompañada de su madre Rocío. Ellas no tienen parientes ni conocidos en Lima. Toda su familia está en Pichari, uno de los 14 distritos de la provincia de La Convención, en Cusco.

Sharmeli deberá recibir tratamiento al menos dos años para poder recuperarse al 100%. Ella se cayó dentro de una olla con chicha caliente. El accidente ocurrió mientras jugaba en el patio de uno de sus vecinos.

El INSN de San Borja a detalle


En el 2018 se hospitalizaron cerca de 400 pacientes por quemaduras. De ellos, el 70% fue por causa de líquido caliente.

Para donar sangre o plaquetas, los voluntarios pueden ir al banco de sangre desde las 7:00 a.m. hasta las 6:00 p.m. La recepción es de lunes a domingo.

En el INSN existen cuatro programas de voluntariado perenne: Aprende Conmigo, Compañía Payasa, Voluntariado Pastoral de Salud y el de las Damas Voluntarias del INSN.

“Sufrimos un montón para llegar hasta Lima. En Pichari estuvimos tres días esperando un diagnóstico, luego nos llevaron a Ayacucho. Amigos y familiares hicieron una actividad para que yo pueda pagar la movilidad. Llegar a San Borja fue una bendición”, explicó Rocío.

De todas las atenciones en el INSN de San Borja, el 85% es a pacientes de diferentes regiones del país.

Jonathan (8) es de Pucallpa y en noviembre recibió una descarga eléctrica. Unos vecinos instalaron un sistema de seguridad defectuoso y cuando el niño se apoyó en la pared, recibió el chispazo. Producto de ello, ha sido intervenido dos veces. “Las operaciones son de riesgo, todavía nos falta una. Se comprometió la cabeza y la espalda”, señaló Kleper, el padre del menor.

Para Ricardo Zopfi, director médico del INSN, este tipo de actividades son importantes para complementar la labor de los doctores. “No debemos dejar de lado la salud emocional de los pacientes y de sus familias. Nuestro lema es humanizar para sanar, eso lo tenemos muy presente”, detalló.

Esta es una actividad que se realiza desde el 2015 en coordinación con la organización Juguete Pendiente, quienes reciben apoyo de colegios, empresas y de la ciudadanía en general.