Recicladores y vecinos del asentamiento humano Nueva Esperanza, en Carmen de la Legua (Callao), arrojan indiscriminadamente basura y desmonte en el cauce del Rímac. (Foto: Rolly Reyna / El Comercio)
Recicladores y vecinos del asentamiento humano Nueva Esperanza, en Carmen de la Legua (Callao), arrojan indiscriminadamente basura y desmonte en el cauce del Rímac. (Foto: Rolly Reyna / El Comercio)
Juan Lara Vásquez

Falta menos de 50 días para el inicio de los y . Del 26 de julio al 1 de setiembre, la ciudad será visitada por miles de turistas y delegaciones de deportistas de élite de todo el continente.

Sin embargo, solo al salir del aeropuerto Jorge Chávez, los visitantes se podrían topar con uno de los principales problemas que aquejan a Lima: la contaminación de los cauces de los ríos.

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En el cruce de las avenidas Faucett y Morales Duárez, en el Callao, el lecho ribereño del Rímac ha sido cubierto por tal cantidad de basura y desmonte, que en el río hay más desperdicios que agua o vegetación hasta su desembocadura en el mar.

Según la Autoridad Nacional del Agua (ANA), entidad adscrita al Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri), en los ríos Rímac y Chillón se han identificado 60 puntos utilizados como botadores de residuos sólidos. En Lima y Callao se encuentran 51 de ellos.

Pierre Foy Valencia, abogado con una maestría en Derecho Ambiental y profesor de la Universidad Católica, explica que algunos ciudadanos utilizan de forma inadecuada el río para eliminar sus residuos porque de esa forma ‘solucionan’ un problema inmediato que no es resuelto por sus autoridades.

“Es difícil internalizar valores [de cuidado del medio ambiente] cuando en el día a día necesitan solucionar otros problemas”, asegura Foy.

La bióloga Patricia Torde explica que la basura que es arrojada en el río no solo afecta a la población por la contaminación ambiental, sino que también aumenta la vulnerabilidad de las viviendas aledañas al cauce ante crecidas.

“Si pones obstáculos, [el río] va a salir por otro lado y afectará infraestructura cercana, como puentes, viviendas, etc.”, indicó Torde.
Sedapal precisó a El Comercio: “Los residuos sólidos arrojados al río Rímac dificultan la captación de agua para el proceso, porque atascan las rejillas”.

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—Acciones divididas—
La ANA es la entidad encargada de ejercer de manera exclusiva “acciones de control, supervisión, fiscalización y sanción para asegurar la calidad del agua en sus fuentes naturales y en la infraestructura hidráulica pública”. No obstante, son los gobiernos locales o regionales los encargados de adoptar las acciones de limpieza en el cauce.

Torde señala que esta división de responsabilidades no beneficia al desarrollo o protección de los cauces. “El río no puede tener límites distritales. Todo es un sistema y se tiene que tomar como tal”, indicó.
Este Diario consultó a varias instituciones si se limpiarán los ríos antes de los Juegos, pero ninguna lo confirmó.