Elinda Terán y Germán Hervías viven frente a la iglesia donde el sacerdote infectado con coronavirus oficiaba misa. (Marco Ramón /GEC)
Elinda Terán y Germán Hervías viven frente a la iglesia donde el sacerdote infectado con coronavirus oficiaba misa. (Marco Ramón /GEC)
Rodrigo Cruz

Lo único que ha cambiado en las últimas 72 horas en la vida de la señora Elinda Terán es que ahora sabe que el sacerdote que oficiaba misas al frente de su casa, en el asentamiento humano San Gabriel en Villa María del Triunfo, es el primer paciente grave de coronavirus en el país. Por lo demás, la rutina de su barrio no se ha alterado, dice.

Sin embargo, el protocolo del Ministerio de Salud (Minsa) establece que, tras el diagnóstico de contagio de coronavirus en un paciente, quienes tuvieron contacto con la persona infectada deben estar aislados por dos semanas, el período necesario para confirmar o descartar la enfermedad. Además, deben seguir una serie de cuidados que eviten propagar el virus a más personas.

La situación de los vecinos del sacerdote que se encuentra grave por COVID-19

Desde su ventana que da hacia la parroquia donde el religioso de 47 años recibía a los feligreses, Elinda, de 68, señala que ni ella ni sus familiares han recibido atención médica para descartar cualquier clase de contagio.

Lo mismo sucede con la pareja de ancianos Teresa Tirado y Pablo Cruz, vecinos también de San Gabriel. Pero, a diferencia de Elinda, ellos sí estuvieron el último domingo en la misa del sacerdote. Recuerdan que tosía reiteradas veces y por momentos necesitó la ayuda de uno de sus asistentes para continuar con la liturgia. Creyeron que era una gripe inofensiva porque sabían que el sacerdote sufría de los bronquios.

“De repente ahora que ustedes están acá van a venir los del Ministerio de Salud, porque hasta hoy no los hemos visto”, señala doña Teresa en su casa.

Por el contrario, Zoilo Pereira, quien tiene un local comunitario de esparcimiento para ancianos al frente de la iglesia, afirma que ayer personal del Minsa recorrió su cuadra repartiendo mascarillas.

Zona insalubre

A raíz del aumento de casos de coronavirus, Pereira ha comprado más jabones líquidos y papel toalla para el baño de su establecimiento. El problema, sin embargo, es que muchas veces cortan el agua, dice.

Por ahora, la única medida visible para frenar una posible propagación de coronavirus en el barrio es que su parroquia ha sido cerrada junto al nido y el centro médico cercanos. Eso último, sin embargo, no ha desalentado a los ambulantes que siguen ofreciendo sus productos en las afueras de la iglesia. Sucede que al lado queda el mercado del barrio, y a pocas cuadras la avenida Pista Nueva.

Esta es una zona en las faldas del cerro bastante comercial y a la vez insalubre: calles polvorientas y basura acumulada en las esquinas forman parte de un paisaje habitual en este distrito