(Foto: Britanie Arroyo / @photo.gec)
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Pedro Ortiz Bisso

Solo ayer, Italia registró más de 10.000 contagios por COVID-19, el número más alto en lo que va de la pandemia. En República Checa y Holanda los casos han crecido en las últimas semanas, el gobierno francés acaba de decretar un toque de queda nocturno y en España la preocupación crece conforme el clima se va enfriando.

Aunque en nuestro país las cifras negativas han disminuido notablemente, no podemos dejar de mirar lo que sucede en Europa, pese a que algunos economistas consideran que es poco probable que se presente una segunda ola. La razón que esgrimen es que ya habríamos alcanzado la inmunidad de rebaño.

En Manaos se pensaba lo mismo. Luego de convertirse en una de las ciudades brasileñas más azotadas por el virus, los casos se desplomaron en junio. La razón que dieron los epidemiólogos fue que más del 60% de sus habitantes había desarrollado anticuerpos. El súbito crecimiento que han tenido los contagios desde setiembre ha puesto en duda esa explicación.

A falta de un estudio más exhaustivo, un reporte del diario “El País” señala que aún se desconoce si los nuevos contagios se deben a que la inmunidad dura pocos meses o están relacionados con la condición económica de las nuevas víctimas: personas que se mantuvieron confinadas durante la primera ola y que, alentadas por las cifras, salieron de casa en busca de retomar la “normalidad”.

Con el verano en nuestras narices, los temores frente a lo que pueda suceder en las playas de nuestro país tienen asidero. No por las playas en sí ya que, en contra de lo que ciertos alcaldes creen, en los espacios abiertos el riesgo de contagio es mínimo. La preocupación se centra en las aglomeraciones. ¿Cómo mantener el distanciamiento social en Agua Dulce o Pulpos donde, literalmente, no entra un alfiler los domingos de sol?

Según el alcalde de Lima, el Gobierno estaría planteando darle un uso gradual a las playas, restringiendo el uso de la arena y el mar en una primera fase. En función del comportamiento de los usuarios y el número de casos, las limitaciones se reducirían.

El tema es tan complejo como delicado. Para tomar una buena decisión, se debe escuchar no solo a médicos y especialistas en seguridad ciudadana, sino también a estudiosos del comportamiento humano y el manejo de ciudades. Hay tiempo aún.

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