María del Carmen Yrigoyen

Uno de los 351 residentes del Hogar Canevaro, quien se dirige en silla de ruedas al comedor, levanta una pierna para saludar a su vecino. “Patita con patita”, le dice. Otros es saludan de lejos u ofrecen el codo. Pero también hay quienes se resisten a cambiar sus costumbres.

Un residente, por ejemplo, nos pasa la voz mientras atraviesa el patio. Intentamos saludarlo con una venia. “El ”, le decimos. Pero extiende la mano y nos coge del antebrazo. Más allá, Carlos Alberto Fabiani Zignago empuja la silla de ruedas de Luisa Carrasco Raggio. Son la nueva pareja de enamorados en Canevaro y andan de arriba para abajo.

Seguir a todos es complicado, aun cuando el Hogar Canevaro, de la Beneficencia de Lima, cuenta con 215 trabajadores (entre enfermeros, técnicos, etc.). Así que en el hogar han colgado por todos lados carteles con letras grandes que informan sobre cómo prevenir y detectar la infección. Después de leerlos , Germán Ascurra Alegría, de 66 años, y Rosa Aguirre Uzategui, de 70, se turnan para coger el jabón.

Pero eso no es suficiente, porque la mayor amenaza viene de fuera. Por lo que quienes rigen el albergue han debido tomar otras medidas para prevenir que el Covid-19 ingrese al establecimiento y se propague. Por ejemplo, se han restringido los paseos extramuros de los residentes. La última vez que salieron con la institución fue a mediados de febrero.

Hay otras disposiciones que están más relacionadas con las visitas que reciben los ancianos. Para comenzar, se ha limitado el aforo. “No podemos evitar que venga la familia, pero estamos restringiendo las visitas a dos por albergado”, explica Abdala.

Quienes vayan al hogar del Rímac deben acatar ahora un protocolo de bioseguridad: En primer lugar, deben ir directamente al baño a lavarse las manos con agua y jabón. Luego, deben pasar con el personal de salud para que les tomen la temperatura.

Visita al hogar de ancianos Canevaro para ver las condiciones de higiene y las medidas preventivas ante el coronavirus.
Visita al hogar de ancianos Canevaro para ver las condiciones de higiene y las medidas preventivas ante el coronavirus.

Pero no hay un control sanitario, por ejemplo, de los bolsos o regalos con los que ingresan las visitas, donde podrían alojarse los restos de un estornudo.

A nosotros, sin embargo, no nos han tomado la temperatura. Solo nos han hecho pasar al baño y han observado que hagamos bien el ritual. El personal anda más atento de que no falten los jabones para las visitas y los residentes.

El último martes el hogar recibió la vista de los especialistas del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables y tuvo que implementar zonas de aislamiento por si el virus burlara sus protocolos. Como quiera que en el edificio principal todo el cuarto piso estaba deshabitado, acondicionaron el primer cuarto ahí. “En el cuarto piso hay 30 habitaciones que podrían usarse si hubiera residentes que resultaran infectados”, dice una de las enfermeras. “Este es el primer cuarto que hemos acondicionado y cumple con las condiciones de la ventilación”, agrega la licenciada mostrando la ventana del recinto.

—Los más frágiles—

En Canevaro, indica el médico Fermín Garay, jefe de servicios médicos en Canevaro, hay 60 personas que sobrepasan los 90 años y son considerados, ya no de la tercera, sino de la cuarta edad. “Muchos de ellos ya han desarrollado discapacidad física y funcional. Son frágiles. Están siempre en pabellones protegidos con medidas especiales de bioseguridad (el personal atiende con mascarillas, gorros y guantes)”, dice el médico.

“A esa edad el sistema de control interno empieza a fallar. Un día pueden estar bien y al siguiente mal. Su sistema inmunológico decae. Son propensos a tener infecciones respiratorias como neumonía, una de las complicaciones del Covid-19”, explica. Y esa es la principal preocupación que tienen en el albergue.

Visita al hogar de ancianos Canevaro para ver las condiciones de higiene y las medidas preventivas ante el coronavirus (Foto: Fernando Sangama/El Comercio).
Visita al hogar de ancianos Canevaro para ver las condiciones de higiene y las medidas preventivas ante el coronavirus (Foto: Fernando Sangama/El Comercio).

Desde que brotó el virus en China, a finales de diciembre del 2019, más de 145.360 personas, a nivel mundial, se han contaminado y 5.416 han fallecido. En el Perú, hasta el viernes 13 por la tarde, eran 38 los pacientes que habían dado positivo por Covid-19. Al menos ocho de ellos eran adultos mayores. De ahí que el anunciara ayer que vacunaría a más de un millón de adultos mayores contra el neumococo, pero esta debe aplicarse en los mismos establecimientos de salud. Hoy la cifra de pacientes positivos es 117.

“El 33% de los adultos mayores que viven en casas de reposo está en Lima. Y un 80% de los asilos que como médico he visitado es deficiente. Lo manejan contadores, administradores, ningún médico”, lamenta Fermín Garay.

Poco apoyo

En el hogar para ancianas Santa Luisa de Marillac, ubicado en la calle Lizardo Montero, en Surquillo, cuatro hermanas seguidoras de San Vicente de Paul atienden a veintiún mujeres de más de 65 años. Lo hacen con los pocos recursos que tienen, que proceden de la Iglesia y la caridad. Pero, a la fecha no han recibido la visita de ninguna entidad del Estado que las asesore en temas de prevención contra el Covid-19.

Al consultarle al Mimp si había visitado otros asilos, tal como lo había hecho con Canevaro, aseguraron que ya habían cubierto todos los centros de acogida de Inabif. “Para las otras dependencias, las próximas visitas serán: el miércoles 18 en el asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de la Av. Brasil y el miércoles 25 en HoGESA de Jesús María”, afirma el sector.

“Creemos que el Estado está realizando un buen trabajo, pero no satisface a todos. Nosotras mismas tratamos de informarnos, teniendo en cuenta nuestras limitaciones”, dicen las hermanas. Por el momento su mayor apoyo lo reciben de algunas universidades, que envían grupos de practicantes de enfermería para ayudarles a monitorear los signos vitales y la temperatura de las residentes.

Por su parte, han colocado jabones en el patio donde las residentes reciben a sus visitas para estimular la higiene. Pero no es que forme parte de un protocolo. Tampoco se les pregunta a los familiares si han tenido algún síntoma del Covid-19.

A las señoras, además, no les preocupa tanto el coronavirus como los insectos que hay en el barrio y que se meten a veces al centro. “Deberían venir a fumigar”, comentan. Se quejan también de los olores que proceden de fumaderos cercanos.

Visita al hogar de ancianas Santa Luisa de Marillac para ver las condiciones de higiene y las medidas preventivas ante el coronavirus (Foto: César Zamalloa/El Comercio).
Visita al hogar de ancianas Santa Luisa de Marillac para ver las condiciones de higiene y las medidas preventivas ante el coronavirus (Foto: César Zamalloa/El Comercio).

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