El estudio indica que el 21,3% de los encuestados invierte entre 2 y 3 horas al día para desplazarse. (Jessica Vicente / El Comercio)
El estudio indica que el 21,3% de los encuestados invierte entre 2 y 3 horas al día para desplazarse. (Jessica Vicente / El Comercio)
Pedro Ortiz Bisso

Por años, los periodistas deportivos han tenido que fungir de filósofos de autoayuda para elevar los ánimos de una afición que se acostumbró a perder. “Lo importante es que más bajo ya no se puede caer”, nos decían, después de cada fracaso... hasta que aparecía un nuevo ‘Cóndor’ Mendoza y nos estrellábamos con la ingrata realidad.

No solo en el fútbol la sensación de que nada va a cambiar nos ha acompañado por años. En los ochenta, el terrorismo y la hiperinflación parecían dos lacras de las que no lograríamos zafarnos, que hicieron insufribles nuestras vidas y nos obligaron a cambiar de costumbres para adaptarnos a sus lógicas perversas.

Con los nuevos tiempos, otras son las situaciones que nos atosigan, que nos hacen pensar que no habrá vuelta atrás. Los accidentes de tránsito y la inseguridad ciudadana son dos de esos tormentos.

Cada año, el observatorio Lima Cómo Vamos realiza una gran radiografía de la ciudad que resume en un reporte. El último de ellos –“Evaluando la gestión: Séptimo informe de resultados sobre calidad de vida en Lima Metropolitana y Callao”– recoge información muy valiosa que, para ponernos en ‘modo selección’, podría expresar que #estánpasandocosas.

En primer lugar, en relación con el 2015, los accidentes de tránsito en Lima y el Callao se redujeron el año pasado. En la capital cayeron 7,5% y en el puerto, 3,5%.

Los números, no obstante, siguen siendo altos. A lo largo del 2016, hubo 52.734 accidentes, es decir, unos 140 al día.

La percepción de inseguridad también cayó. En la capital pasó de 68,1% a 61,3%. Con la victimización sucedió lo mismo: en Lima Metropolitana bajó en casi 15 puntos en los últimos cinco años y en el Callao, 10 puntos.

¿Cómo relacionamos estos datos con los asaltos de todos los días, los asesinatos despiadados, la violencia cada vez más descarnada?
¿Habrá mejorado en algo el trabajo de la policía o es que, de tanta delincuencia, hemos aprendido a cuidarnos mejor?
¿Los accidentes de tránsito habrán disminuido porque los usuarios prefieren el Metropolitano y el metro a las combis?

Los datos recogidos por el reporte provienen de sondeos propios, fuentes oficiales (la Policía Nacional y el Instituto Nacional de Estadística e Informática) y otros estudios. Sin embargo, hace falta cruzarlos con investigaciones más profundas a fin de tener una visión más cercana de lo que está ocurriendo.

Además, las cifras de accidentes y, sobre todo, de inseguridad aún son muy altas (el 10,3% de limeños dice sentirse seguro; 16,8% en el caso de los chalacos).

No hay, pues, razón para lanzar hurras, tampoco para hundirnos en el desconsuelo.

Finalmente, si poco a poco hemos vuelto a ver a la selección con una sonrisa, cualquier cosa puede cambiar. 

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