Hernán Medrano Marin

El Comercio asistió ayer al tercer recorrido del , que inició a las 6 a.m. La imagen salió de la iglesia Virgen del Carmen, donde pernoctó desde el día anterior, y enrumbó hacia los jirones Huánuco y Cusco, para luego recorrer las calles de Barrios Altos y La Victoria. Se tiene programado que el anda pase la noche en las Nazarenas, donde esperará hasta el 28 de octubre para volver a salir.

-En constante penitencia-

Sentado sobre la base de un poste de luz, en el cruce de la avenida Miguel Grau y el jirón Parinacochas, frente al hospital Guillermo Almenara, un hombre de cabellera blanca y porte algo cansado intenta prender su cigarro, pero segundos después se percata que estaba al revés. Sobre sus hombros lleva un capote morado -prenda que forma parte del hábito del mismo color-, el cual le llega hasta la cintura.

El hombre, quien asegura apellidarse Pariente, confiesa sentir un gran cansancio debido a la vida que le ha tocado pasar. Desde que era pequeño, en su natal Chota, en Cajamarca, ayudaba a sus padres en sus quehaceres diarios, pasando muchas veces hambre ya su familia era numerosa. Siendo el segundo de 8 hermanos, tuvo que empezar a trabajar antes de que cumpla la mayoría de edad. Fue durante este tiempo que se hizo devoto de San Martín de Porres, a quien le pidió en muchas ocasiones lo ayude a conseguir empleo y así poder contribuir con la economía familiar.

Motivado por encontrar trabajo y de paso conocer al santo limeño, decidió viajar a Lima a los 20 años. Fue durante esas noches frías de octubre en que vio por primera vez el anda del Cristo Moreno, cuando la imagen se preparaba a entrar a la iglesia de Las Nazarenas. “Le pedí con toda la fe en ese momento y a los pocos días me fue bien. Conseguí empleo y conocí a la que fue mi esposa. Aunque ella ya no está a mi lado, le agradezco porque me dio 8 hijos, 4 hombres y 4 mujeres. Justo como yo y mis hermanos, cosas de la vida. Ahora ellos ya han hecho su vida”, indicó.

Debido a que nunca pudo cargar el anda del , por razones que prefirió no detallar, como agradecimiento, el señor Pariente fue voluntario de la Cruz Roja durante varias procesiones a lo largo de su vida. En la actualidad, a sus 72 años, se conforma con observar la imagen desde lejos y pedirle por sus seres queridos, aunque estos, quizá, no se acuerden de él.

Con su cigarro ya prendido en la mano, el septuagenario afirma que si tendría que pedir un milagro este estaría relacionado con su madre, sin embargo, prefirió no precisar cuál sería. En su mirada se puede percibir no solo cansancio, sino también melancolía y pesar, como si estuviera dispuesto a pagar algún error que hubiera cometido. Esta idea es un denominador común en gran parte de los fieles que acompañan a la procesión.

Al despedirnos nos deseó la mejor de la suerte y nosotros también a él.

-Devoción sin límites-

Para Javier Pardo, el sentido de pertenencia a la hermandad del Señor del Santuario de Santa Catalina siempre fue muy grande. Todos los años acudía al Monasterio de Santa Catalina de Siena, en Barrios Altos, para venerar a esta imagen y poner sus hombros al servicio del anda. Tras observar su gran fervor y devoción, el padre y encargado de esta sede lo convenció para llevarlo ante la hermandad del Señor de los Milagros.

“Yo pertenecía a una hermandad, la del Señor del Santuario de Santa Catalina. Nunca me había nacido la devoción de entrar a la hermandad del Señor de los Milagros. Sin embargo, este padre me trajo y mírame ahora", narró el señor Pardo, quien a sus 89 años lleva una gran sonrisa y luce orgulloso el detente del Cristo de Pachacamilla en su pecho, junto al de la novena cuadrilla.

Tras presentarse ante la hermandad y esperar buen tiempo, llegó su prueba de fuego: cargar el anda. “No cabía en mi ser la alegría que esto representaba. Fue una gran emoción, la cual he sentido cada vez que mis hombros cargaban a la imagen”, expresó.

Sentado en su silla de ruedas y llevado por su hija, lamenta ya no poder cargar el anda como lo hizo por casi toda su vida. “Lo único que se le pide al señor es salud para poder estar todos los años con él. Casi toda una vida con el Cristo Moreno. Casi por 35 años he podido cargar al señor”, contó.

Mientras hablaba, el señor Pardo recibía numeroso saludos de parte de miembros de su cuadrilla, como también de otras, quienes reconocían en él la verdadera devoción y fidelidad al Señor de los Milagros.

-Recorrido-

Durante su recorrido, el Cristo Moreno visitó los hospitales Dos de Mayo, Emergencias Pediátricas y Guillermo Almenara. Además, después de varios años recibirá el homenaje especial de parte de la Municipalidad de La Victoria.