"Si vas para Chile", por Jorge Ruiz de Somocurcio
"Si vas para Chile", por Jorge Ruiz de Somocurcio
Jorge Ruiz de Somocurcio

El 19 de setiembre de 1985 se produjo el peor terremoto de la historia de la Ciudad de México. Así como el Perú y Chile están amenazados sísmicamente por el desplazamiento de la placa de Nasca, en la costa mexicana ocurre lo mismo con la placa de Cocos.

Con una intensidad de 8,1 grados, los daños estimados alcanzaron los US$ 8.000 millones y provocaron 10.000 muertos. Naciones Unidas me convocó como consultor para participar en la reconstrucción. El presidente mexicano Miguel de la Madrid reconoció, abatido, que su país no tenía capacidad de respuesta y pidió ayuda al mundo. El único camino fue organizar a los barrios. No había agua ni celulares. No había protocolos de reconstrucción. Se dio inicio a un proceso de reurbanización que tuvo como virtud la socialización del suelo para los damnificados. México se reconstruyó con nuevos estándares urbanísticos.

Armenia en Colombia fue arrasada por un terremoto en el año 1999, con un saldo de 1.200 muertos. Se creó el Fondo de Reconstrucción Cafetero que planificó y edificó una nueva ciudad en menos de 10 años bajo un modelo de planificación llamado el Taller de la Ciudad. Hoy es un paradigma de reconstrucción en el mundo.

En Perú han pasado ocho años, dos gobiernos y aún no concluye la reconstrucción de Pisco luego del sismo de 7,9 grados que dejó 600 muertos.

El Centro Peruano de Investigación Sísmica y Prevención de Desastres anticipa que con un sismo en Lima similar al de Chile, 30.000 personas perderían la vida y colapsarían por lo menos 200.000 viviendas. El efecto en la economía nacional sería devastador. Lima está amenazada por el Fenómeno de El Niño y un sismo.

El primero viene sí o sí este año. Solo se discute su intensidad, pero el municipio de Lima no recibe hasta ahora un sol para atender uno u otro.

Si revisamos como antecedente lo que ha venido ocurriendo todos los años en las quebradas de Chosica, con las lluvias y huaicos, el balance es de horror. No hay cultura de prevención, no hay metodología de reconstrucción.

Excepcionalmente, hay algunas iniciativas alentadoras. La Autoridad Nacional del Agua ha iniciado un plan de prevención en 132 quebradas  desde Tumbes hasta Ica, con una inversión de unos S/. 100 millones que considera su descolmatación, la emisión de alertas tempranas y la implementación de disipadores de energía. De otro lado, el Ministerio de Vivienda, según Capeco, ya está colocando S/.1.200 millones en bonos de reforzamiento estructural para 50.000 soluciones. Sin embargo, para un sismo de grado 8 quedan por reforzar 500.000 viviendas.

Viendo las imágenes del terremoto y tsunami en Coquimbo (Chile) es difícil creer que haya habido únicamente 12 fallecidos. En el terremoto del 2010, en Chile, el tsunami le quitó la vida a 500 personas. Ocurre que Chile aprendió y funcionaron todas las alertas tempranas, permitiendo que la gran mayoría de la población consiga refugio  en las partes altas, mientras que las viviendas cumplían con adecuados diseños estructurales. Mirémonos en ese espejo.

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