Liliana Michelena

El cansancio urbano por una convivencia imposible hace de la ciudadanía un blanco fácil de iniciativas de todo corte. Tomar justicia por las propias manos ha implicado, en casos extremos, atrapar a un delincuente y disciplinarlo a golpes. En casos particulares, sin el socorro de la masa, involucra peleas de combi, bajadas de llanta y rayadas de carro. En una ciudad (y país) sin ley ni castigos proporcionales, los límites se desvanecen y nadie sabe bien de qué lado está.

Una de esas fronteras elementales es la línea que divide la vereda de la pista. Un transeúnte no puede acostarse sobre la pista y salir ileso. En una ciudad cada vez más preocupada por los , lo contrario ocurre con frecuencia y cierta impunidad. Falta grave según el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, apenas 30 mil papeletas fueron colocadas en Lima en el 2014 a los conductores que se estacionaron en una vereda.

(Video: Antonio Álvarez / Foto: Paul Vallejos)

“Se ha vuelto algo normal para el peatón esquivar, meterse por el garaje, pasar de costado”, explica Laura Quijano, de 23 años y estudiante de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), quien tomó el problema como causa propia. La iniciativa #LaVeredaSeRespeta, salida de un curso de Arquitectura y Activismo, ha tomado vida propia en tercera dimensión. Las armas: una cinta de emergencia y un aviso de amonestación: “La vereda no es tu estacionamiento”.

Tarjeta amarilla
No hace falta ni caminar un par de cuadras para encontrar autos invasores en el distrito de Barranco. Quijano avista uno y saca la cinta de caucho: “Vamos a castigarlo”.

Inspirada por el baño de ‘post-its’ que los brasileños dan a sus infractores, la activista encontró el gesto visual perfecto en las grandes ferreterías: una gutapercha de caucho con PVC que no daña la pintura del chasís. Por encima del auto y de la línea de la vereda, pretende hacerles recordar que algo está mal.

“Ha habido bastante respuesta en redes sociales, de personas identificadas con ser peatón, que no han podido hacer nada porque a cualquiera le dan ganas de empujar el carro hasta donde tiene que estar y es imposible”, explica la estudiante. La foto de la deshonra –que va a redes sociales con el hashtag #LaVeredaSeRespeta– no incluye la placa. La amonestación es para todos.

“En Lima nadie respeta el metro de vereda ni el crucero peatonal, la gente cruza por donde le da la gana, porque sabe que los autos no van a parar, todos empiezan a perder el respeto el uno por el otro y se odian entre ellos”, comenta Laura.

“Por eso, esta iniciativa no es pequeña. No sé si poner una pared sobre la pista para que se den cuenta de que están invadiendo territorio –se pregunta la decidida joven–, pero que un carro haya recibido esto y que nunca más se vuelva a poner así, por humillación o por miedo, ya es algo”.

La permisiva pasividad
Quijano confiesa que le gustaría ver los videos de las cámaras de seguridad para saber lo que ocurre con los conductores cuando descubren el regalito. Pero, a veces, ni eso funciona. Un día después de “sancionar” un carro en la segunda cuadra de jirón Cajamarca, el vehículo vuelve a descansar sobre la vereda. “Ya si la humillación no fue suficiente, merece su papeleta”. No vale la pena gastar más cinta.

Hay otras cosas que no puede cambiar, como la pasividad del activismo por Facebook –“mucha gente no quiere ir a comprar la cinta”– y el miedo de que salga el dueño del auto y amenace con violencia. “No me ha pasado, pero le diría ‘si te parece mal lo que estoy haciendo, mira lo que has hecho tú’”.

En medio de la intervención, peatones que no pasaban por el estrecho entre los autos y los muros tomaban la pista a cambio. “Ni en su cabeza se les ocurre que esto podría cambiar”, reclama.

Con que alcance para tomar algo de conciencia será suficiente.

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