Tanto Donald Trump como su amigo, el fallecido multimillonario Jeffrey Epstein, estuvieron en la mira de los activistas de Anonymous durante su reaparición en los últimos días. Cualquiera puede ser un 'Anonymous', lo cual responde a una lógica. Fotos: AFP.
Tanto Donald Trump como su amigo, el fallecido multimillonario Jeffrey Epstein, estuvieron en la mira de los activistas de Anonymous durante su reaparición en los últimos días. Cualquiera puede ser un 'Anonymous', lo cual responde a una lógica. Fotos: AFP.
Daniel Goya

El escenario de un pandemia mundial ya era lo suficientemente cinematográfica. Pero en los últimos días la reaparición de Anonymous, grupo que se autodenomina activista por los derechos humanos y que se dio a conocer en el mundo en 2008, ha hecho que internet arda en comentarios.

Nuevamente, con la máscara del anarquista de “V de Vendetta”, la novela gráfica de Alan Moore, en la que se basó la película homónima del 2016 protagonizada por Natalie Portman y Hugo Weaving, el grupo de hackers hicieron anuncios por lo menos polémicos. Para el antropólogo Raúl Castro, máster en Comunicación, Cultura y Sociedad en Goldsmiths de la University of London, y director de la carrera de Comunicación y Publicidad de la Universidad Científica del Sur, Anonymous ha pasado de ser un colectivo a ser un hashtag. “Todos podemos ser Anonymous, cualquiera que busca hacer un cambio o que hace un comentario que busca desestabilizar puede entrar en la carpeta de lo que hoy se considera así", señala.

Anonymous tenía un factor importantísimo que era el avergonzamiento, porque revelaban información que no tenían que ver con la honradez, con las buenas prácticas. Revelaban aquellos comportamientos de personajes públicos que no eran los adecuados y en ese sentido tenía una función moralizadora”, apunta Castro.

No obstante, de acuerdo al antropólogo, lo que vemos es la conversión de un movimiento en un símbolo que cualquier puede coger y enarbolar. “Se ha convertido en una marca, para usar términos publicitarios, los símbolos que anónimos enarboló, como su máscara, pasaron a ser convertidos en iconos de la cultura popular. Por eso ahora es imposible saber si las manifestaciones y publicaciones de los últimos días perteneces al grupo original de activistas o corresponde a una iniciativa que solo ha usado las mismas imágenes y que actúan como lobos solitarios”, analiza Raúl Castro

El regreso

Entre las publicaciones de Anonymous está la supuesta evidencia de que la muerte de Diana de Gales fue provocada por la realeza del Reino Unido, ya que ella estaría apunto de revelar casos de corrupción y tráfico sexual con niños que involucraban a varios miembros de la familia real. En una publicación en la cuenta de Twitter OpDeathEaters, que fue borrada luego de ser copiada y descargada por miles de usuarios, se advierte que Diana de Gales tuvo una grabación de una de las víctimas de violación del asistente de su ex esposo el Príncipe Carlos.

Otro anuncio de Anonymous tiene que ver con la actriz Lindsay Lohan. En internet circula un audio en el que se escucha la supuesta voz del presidente de los Estados Unidos Donald Trump refiriéndose a cómo le gustaría tener relaciones con la actriz debido a que es una chica problemática y “ellas son mejores en la cama”. Según la publicación de Anonymous, el audio fue grabado cuando la actriz tenía 18 años.

También acusaron a Trump de ordenar el asesinato de Jeffrey Epstein, un en la que participaban estrellas de Hollywood y poderosos políticos y empresarios. La versión oficial es que Epstein se suicidó en la cárcel cuando los policías que debían cuidarlo se distrajeron. Anonymous asegura que Epstein había amenazado con delatar a todas las personas que habían sido sus clientes, entre ellos Trump.

El caso de Epstein ha cobrado mayor relevancia en estos días luego de que Netflix pusiera a disposición del público el documental “Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico”, donde se aborda la vida del millonario y su negocio de servicios sexuales de menores de edad.

El mundo de la vigilancia

¿Quien vigila a los vigilantes? se preguntaba Alan More en la novela gráfica “Wachtmen”, pero en realidad la referencia más antigua de esta pregunta viene del poeta romano Décimo Junio Juvenal quien a finales del siglo I hizo referencia a la vigilancia que ejercían los esposos sobre las esposas con el fin de que no cometieran actos inmorales, pero señalaba que nadie vigilaba a los espesos de caer en los mismos actos. Hoy, la vigilancia se ejerce a través de periféricos y banda ancha.

Me parece que estamos ante una nueva cultura política, frente a un cambio generacional en cuanto al ejercicio de ciudadanía. Y esta ciudadanía tiene mucho que ver con lo que el politólogo John Keane llama ‘el momento de las democracias de monitoreo’, es decir la democracia donde los ciudadanos tienen el imperativo o el mandato de monitorizar las acciones del poder”, afirma Castro. “Otra autora, la economista de Harvard Shoshana Zuboff tiene un libro que se llama “El capitalismo de la vigilancia”; para ella el ejercicio de la vigilancia también lo ejercen las empresas y los gobiernos hacia los ciudadanos y los consumidores. Los dos no se oponen, porque estamos en un mundo de vigilancia desde las grandes corporaciones con sus algoritmos y, a la vez, los propios ciudadanos desarrollan sus propios movimientos de vigilancia del poder, como lo que vemos en Estados Unidos. Es absolutamente evidente esto porque tienes la construcción de evidencias a partir de la colaboración colectiva del video ciudadano”, apunta el especialista.

“Somos una legión, no perdonamos, no olvidamos, espéranos. Anonymous” es la frase con la que se dieron a conocer hace más de 10 años. En Netflix hay un documental llamado “We Are Legion: The Story of the Hacktivists”, en el que se trata de averiguar lo más posible sobre este grupo de personas que dicen no tener un líder, ser miles alrededor del mundo y que luchan por los derechos humanos y la verdad.

El corazón de la máscara

El diario “El País”, de España, publicó en 2011 una entrevista a una persona que aseguraba ser miembro de Anonymous. “He aquí la grandeza de Anonymous, solo hace falta un genio informático para programar la herramienta, y cuando esta herramienta pasa a ser usada por miles de personas anónimas, aunque no sean expertos a efectos prácticos, es como contar con un ciberejército de miles de hackers que pueden inutilizar cualquier red o sistema informático si se lo proponen”, aseguraba el entrevistado que se identificó como “Hamster”.

Los principios básicos de Anonymous, según el entrevistados son: “Anonimato absoluto, que supone, entre otras cosas, la ausencia total de líderes y cabezas visibles en nuestro movimiento; la lucha contra la corrupción en los Gobiernos o en cualquier estructura de poder. La defensa incondicional de la libertad en Internet”.

Anonymous regresó a la palestra en medio de la polémica en Estados Unidos por la muerte del ciudadano afroamericano George Floyd a manos de un policía. Pero lo cierto es que los miembros de Anonymous han estado trabajando relativamente sin descanso. Algunas víctimas de Anonymous han sido PayPal, Visa, Mastercad, Amazon, PostFinance, además de las páginas web de la fiscalía sueca, la del partido irlandés Fine Gael, las del régimen tunecino la de la policía de Estados Unidos, entre otros.

Desde que se creó internet mucho se debatió sobre los límites de lo público y lo privado, cortesía de las redes sociales y la sobreexposición a la que nos encontramos por y ante ellas. Pero con Anonymous, la cuestión parece ser si estos activistas usan sus habilidades para vulnerar ciberseguridad por fines propios o si realmente buscan un cambio para mejor. Cualquiera sea la respuesta la encontraremos en internet.

La misión es lo que cuenta

¿Es muy pronto para hablar del legado de Anonymous? Tal vez no si consideramos que desde el 2008 su imagen como fuerza desestabilizadora del poder se ha mantenido en la sociedad de manera transversal. La imagen de la resistencia, de la desobediencia y de ser una fuerza contestataria que es capaz de poner en jaque a gobiernos y multinacionales.

Para Castro lo que ha sucedido es que las personas se han adueñado de la imagen de Anonymous y la han hecho suya. “El legado de Anonymous ha pasado a ser de uso público y de repente eso era lo que quería. Tal vez querían crear una nueva cultura política que naciera desde las redes y la vigilancia ciudadana. Y lo han conseguido”, finaliza.

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