Cecilia Bákula y el poder que una vez tuvo la cartografía
Cecilia Bákula y el poder que una vez tuvo la cartografía
Enrique Planas

Cuando éramos niños y nos enfrentábamos a nuestros primeros libros de geografía, pensábamos que los países eran de distinto color. Eso lo decía el mapa: el Perú violeta, Ecuador a﷯marillo, Colombia naranja o Brasil como enorme país verde. La cartografía se nos enseñaba como una ciencia, pero también tenía un lado artístico. Hoy, cuando gracias al Google Earth podemos echarle un vistazo al planeta en su exacta dimensión, nuestros viejos mapamundis parecen cosas de museo. Y, sin embargo, imaginemos los tiempos de los antiguos navegantes del siglo XVI y XVII, cuando comerciantes y conquistadores necesitaban de la cartografía para poder llegar a las costas y regresar sanos y salvos. “Lo maravilloso de la cartografía de entonces es que el navegante era quien observaba las costas y se lo relataba al cartógrafo, ellos tomaban notas y hacían bocetos que luego entregaban al artista grabador”, señala , quien reúne las piezas más importantes de la colección de su padre, el desaparecido diplomático Juan Miguel Bákula Patiño, para curar la muestra “Visión cartográfica del Perú y América”, que se inaugura este miércoles en el Centro Cultural Británico. “Lo que impresiona es la perfección de las formas y, sobre todo, la fidelidad a la toponimia. En efecto, desde el primer mapa que tenemos nosotros de 1570, constan los nombres de Cajamarca, Pisco, Lima, Trujillo, Potosí. Entonces había un conocimiento que no era científico, que provenía de tercera voz, pero que dio pie a que se pudiera identificar los nuevos territorios y facilitar la navegación”, afirma la historiadora. 

¿Cuándo la cartografía deja de ser un arte y se convierte en ciencia? 
La cartografía se hace ciencia, junto con la geografía, a partir de la Misión Geodésica Francesa liderada por Charles Marie de La Condamine, que buscaba medir la circunferencia del globo terrestre en 1735. Pero el mapa muere, como objeto de uso, cuando aparecen propuestas maravillosas como Google Earth, que te da en tiempo real un conocimiento absoluto de la superficie deseada. No creo que los mapas sean superados algún día, lo que se supera es el soporte. Ya no los tendremos en papel, sino en imagen. 

En el siglo XVI y XVII, quien tenía la información cartográfica tenía el poder…
El poderío de la cartografía lo tenían en ese entonces los Países Bajos. Ellos son los que dominan ese arte y tenían la información. De ese conocimiento dependían tanto portugueses como españoles. 

¿Y cuál fue la razón de esa excelencia?
Los holandeses fueron extraordinarios grabadores. Tanto es así que muchos temas de la pintura virreinal que nosotros conocemos﷯ son adaptaciones o copias de los grabados de Flandes.

Usted no es cartógrafa, pero mantiene con esta colección una relación muy íntima… 
Mi padre llevó el coleccionismo en la sangre. Y una de sus pasiones fueron ﷯los libros y los mapas. Como diplomático, tuvo que trabajar y vivir en muchas partes. ﷯Tenía una conciencia muy clara de la necesidad de inculcar en sus hijos, que también vivíamos fuera, la noción de país, de nación. Y encontró en los mapas el mecanismo para enseñarnos a querer “la patria ausente”, como decía Basadre. Él se dedicó toda su vida al tema de fronteras. El proceso histórico de cómo se había desarrollado la definición fronteriza del Perú le apasionaba. Por eso, esta colección de mapas se fue formando sin querer. Y en esta colección, hay mapas que no se encuentran ni siquiera en la Biblioteca del Congreso de Washington.

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