Catherine Contreras

Por una calle del pueblo de Maras, en lo alto del Valle Sagrado del Cusco, unos niños juegan. Lo hacen con unos juguetes sencillos y nada los distrae, ni siquiera el lente de una Nikon que enfoca hacia ellos y dispara. Adriana Peralta Villavicencio, cronista visual de lo cotidiano, está tras el visor. Ha tenido suerte porque no suele cargar a todos lados su cámara fetiche, esa con la que también tomó la foto que Rafo Ráez y Los Paranoias eligieron hace tres años para ilustrar el interior de su disco “Lucía”. La tomó en la localidad cusqueña de Ccorca: seis niñas están paradas contra la pared, mostrándole a la fotógrafa unas trenzas perfectas que recién se acababan de hacer; una de ellas voltea, curiosa o quizás inconforme, y en ese preciso instante la fotógrafa dispara.

Cusqueña orgullosa, Adriana es periodista y comunicadora por formación, aunque la fotografía documental fue lo que la cautivó. Captar ese lado social y estético del día a día cusqueño, su cultura y su gente, son sus temas de interés, aunque a todo esto ella ha sumado hoy uno más: fortalecer las bases de Ñawinchis, el colectivo fotográfico que acaba de fundar junto con Carmen Barrantes, Miguel Palomino y Jero Gonzales.

Reflexionar sobre la identidad y condición humana, compartir puntos de vista en su propósito de hacer visible lo invisible, son objetivos que comparten en este espacio donde tres generaciones se unen para apoyarse y aprender una de la otra.

—Descongelar la imagen—
China Barrantes es un nombre que muchos reconocen. Reportera gráfica surgida a mediados de los 70, en tiempos de Antonieta Gamarra (esposa del Chino Domínguez) y Mariel Vidal, trabajó en medios como “El Diario de Marka”, “Amauta”, “Gente” y “ La República” hasta los años 90.

Tras dejar el periodismo, el perfil fotográfico de la China se congeló. Como abogada, hizo carrera en políticas públicas, y fue en ese contexto que la organización suiza de ayuda a la infancia Terre des Hommes la convocó en el 2014 para realizar un estudio sobre trata de personas y adolescentes víctimas de explotación sexual en Madre de Dios.

Artífices de la imagen: China Barrantes, Miguel Palomino, Adriana Peralta y Jero Gonzales.
Artífices de la imagen: China Barrantes, Miguel Palomino, Adriana Peralta y Jero Gonzales.

Como quien nunca pierde su olfato periodístico, la China se introdujo en La Pampa para conocer de cerca el drama asociado a la minería ilegal. Fruto de esa investigación no solo resultó el libro “Entre el cielo y el infierno”, sino también un material gráfico que ella captó con una cámara amateur, en el 2015, y un simple teléfono celular, en el 2016.

“Yo dejé la fotografía hace 30 años, pero un día le mostré a Adriana este material que tomé. Ella me animó a volver. Seleccionó y trabajó las fotos, y gracias a ella expuse en Cuba y luego en un festival fotográfico en Noruega”, cuenta la China, feliz de volver al ruedo y de integrar Ñawinchis, el colectivo que también la ayudará en un trabajo que está a punto de asumir.

“Dentro de poco dirigiré la Fototeca Andina del Centro Bartolomé de las Casas, que tiene 36 mil imágenes (la mayoría no positivadas) de fotógrafos de la Escuela Cusqueña [de los años 1850 a 1960]. Es un gran reto, y el colectivo ayudará a su puesta en valor y recuperación”, señala.

—Nueva generación—
En Ñawinchis convergen tres generaciones, y la nueva hornada de fotógrafos está representada por Jero Gonzales y Miguel Palomino.
Jero es cusqueño pero estudió en el Centro de la Imagen de Lima. Regresó a su tierra decidido a inmortalizar las fiestas y costumbres de los pueblos andinos. Paisajes naturales, retratos de pobladores cusqueños y emotivas tradiciones religiosas, como la peregrinación al Señor de Qoyllur Riti, son temas que realzan su estilo. Pero actualmente Jero también está focalizado en apoyar la organización de la Primera Bienal de Fotografía de Cusco, que será del 12 de octubre al 30 de noviembre próximo.

Miguel estudió en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Cataluña y ha expuesto en Lima y también en ciudades de España, Francia e Israel. Una serie sobre la papa nativa –bautizada Los Guardianes de la Papa– evidencia su interés por la protección del patrimonio natural, pero también la revaloración de las prácticas heredadas de culturas ancestrales. Siendo limeño, su curiosidad lo ha llevado a recorrer buena parte del Cusco. Ha fotografiado desde tubérculos en las alturas de Písac, hasta un emprendimiento de polleras a 3.966 m.s.n.m., en la localidad de Huaylluta, provincia de Canas.

TAGS RELACIONADOS