Valentín Paniagua, Francisco Sagasti y Miguel Grau, sus palabras se tradujeron en históricos gestos. (Fotos: Presidencia del Perú, AFP, Shutterstock)
Valentín Paniagua, Francisco Sagasti y Miguel Grau, sus palabras se tradujeron en históricos gestos. (Fotos: Presidencia del Perú, AFP, Shutterstock)
Karina Villalba

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Lunes 16 de noviembre, 5:46 p. m. conmovido, termina de pronunciar su primer mensaje como presidente del Perú. Periodistas radiales y de televisión destacan el “gesto” del mandatario nacional al pedir perdón a los deudos de las víctimas de las recientes manifestaciones, el cambio de nombre de la Beca Presidente de la República por Generación del Bicentenario y en general, su actitud conciliadora. Las redes sociales se inundan de comentarios similares: “qué gran gesto”, “buen gesto”, “gestazo”.

MIRA: Francisco Sagasti: Los ejes de su mensaje ante el Congreso

¿A qué nos referimos exactamente con estas frases? Luis Andrade, lingüista y docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, asegura que se trata de palabras y de actitudes. “Pienso en el pedido explícito de perdón a nombre del Estado, tan prominente en el discurso presidencial, casi al inicio de su performance, pero también en la mirada constante en dirección de los familiares de Bryan Pintado e Inti Sotelo. Hay visiones de la comunicación humana (en particular, el enfoque del neurólogo Oliver Sacks) que anclan la “percepción de verdad” de los enunciados justamente en la coherencia entre lo gestual y lo verbal. Es un buen marco para entender a qué nos referimos cuando le damos tanto valor a este pedido de perdón presidencial. Creo que en la base está la idea (tan inusitada entre los peruanos, lamentablemente) de que estamos confiando en la veracidad de este pedido de perdón, y eso es nuevo y reparador”.

Inusual. Margarita Zegarra, historiadora y docente de la Universidad San Ignacio de Loyola, añade que este tipo de discursos son inusuales y por eso llaman la atención. Destaca el lenguaje inclusivo que empleó el presidente Sagasti, su sencillez, el hablar pausado y afectuoso, en el sentido cordial, y el gesto de extender un manto conciliador sobre los miembros del Poder Legislativo con el fin de trabajar todos juntos por el país, “que es la meta que quisiéramos todos”, puntualiza la académica.

ESCRITO EN LA HISTORIA

Son los momentos álgidos, violentos y asoladores por los que ha transitado nuestro país los que han permitido identificar memorables gestos como algunos de los que mencionamos a continuación.

Miguel Grau y una noble misiva. En el marco de la Guerra del Pacífico, 1879, luego del enfrentamiento entre el Monitor Huáscar y el Esmeralda, Grau envió una carta a Carmela Carvajal, viuda de Arturo Prat comandante de la nave chilena, reconociendo el valor de su adversario quien murió durante el combate entre el Monitor Huáscar y la Esmeralda. “[…] Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a usted y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy, justamente, debe dominarla. […] Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso deber de enviarle las, para usted, inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún pequeño consuelo en medio de su gran desgracia […]”.

Misa en la Catedral de Lima por las víctimas de COVID19. El silencio como potente discurso. (Foto: AP)
Misa en la Catedral de Lima por las víctimas de COVID19. El silencio como potente discurso. (Foto: AP)

Manuel Pardo y el silencio como mensaje. “Un gesto importante para mí, que he trabajado el surgimiento del civilismo, es la orden dada por Manuel Pardo y el comando de Sociedad Independencia Electoral para que el desfile partidario, de más de diez mil personas, por las calles de Lima (1871) transcurriera en el más absoluto silencio. Este silencio, que hablaba por mil palabras, tuvo por objetivo enviar a los otros candidatos, algunos apoyados por el gobierno de Balta, la clara señal de que se inauguraba un tiempo nuevo: los de una política ciudadana cuyos representantes decidieron tomar las calles disciplinadamente y en orden. Es irónico que unos meses después, la violencia extrema se impusiera en la capital peruana y en un ritual estremecedor, los hermanos Gutiérrez fueran primero asesinados y luego colgados de las torres de la Catedral. Carmen McEvoy, historiadora y docente de Historia Latinoamericana de University of the South-Sewanee.

Valentín Paniagua y el retorno a la democracia. «Recuerdo el discurso de Valentín Paniagua al asumir el gobierno de transición en el año 2000, tras la renuncia del entonces presidente Alberto Fujimori. “[…] Este no es solamente el acto de instalación de un régimen de limpio e inobjetable origen democrático […]”. Sus palabras cobraron especial sentido por la delicada coyuntura que se vivía entonces. Cuando dice que ya nadie se va a sentir excluido, e invoca al diálogo y la concertación». Margarita Zegarra.

Ritual solemne. “Para referirnos a nuestra historia reciente, la del COVID-19, diré que un discurso que me ha parecido particularmente fuerte y potente, tanto en su forma como en su contenido, fue la misa por los fallecidos de la pandemia que ofreció el arzobispo de Lima frente a las fotos de las víctimas. Estas imágenes habían sido enviadas por los familiares, quienes probablemente no habían podido velar a sus muertos, y necesitaban palabras de consuelo. Las fotos habían sido colocadas cuidadosamente en las bancas de la Catedral por jóvenes ayudantes del Arzobispado que las habían impreso en tamaño estándar. El arzobispo de Lima cumplía en silencio un antiguo ritual cristiano, el sahumerio, por el descanso de nuestros muertos, que pasaban así a ser de todos los peruanos. Creo que en la combinación de sencillez y solemnidad de este discurso sin palabras pudimos también reconocernos los peruanos como miembros de un colectivo”. Luis Andrade.

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