Theodor Cron (derecha) llegó a nuestro país el 15 de agosto de 1948, embarcándose en una aventura profesional que lo llevó a modernizar el panorama urbano de nuestro país. Izquierda: el edificio de la Compañía de Seguros Peruano-Suiza, diseñado por Cron.  (Foto: Cortesía del MALI)
Theodor Cron (derecha) llegó a nuestro país el 15 de agosto de 1948, embarcándose en una aventura profesional que lo llevó a modernizar el panorama urbano de nuestro país. Izquierda: el edificio de la Compañía de Seguros Peruano-Suiza, diseñado por Cron. (Foto: Cortesía del MALI)
Czar Gutiérrez

Colaborador

c3sar6@yahoo.com

Todo indica que murió congelado en la nieve. Que no fue un accidente: tomó el último funicular, se internó en los alpes y deambuló en el ojo de la tormenta hasta la hipotermia. Era el 25 de febrero de 1964 en , ciudad donde había nacido hace 43 años. Elusivo, misántropo y ciertamente depresivo, los últimos dos años entraba y salía del instituto psiquiátrico local. Así que su equilibrio emocional estaba en las antípodas de los sólidos bloques que había construido a 10.590 kilómetros de allí, en un exótico paraje sudamericano llamado hasta donde había llegado persiguiendo la belleza textil prehispánica.

En realidad, le fascinaba todo del Perú. La policromía del celaje andino, el sol que se ahoga de rojo en el Pacífico. Pero sobre todas las cosas el peso histórico de una cultura milenaria. Su debilidad por los textiles, más bien, la había heredado de su madre tejedora. Y así fue como alimentó con una colección de mantos y aparejos precolombinos a los museos Rietberg de Zúrich y Der Kulturen de Basilea. También admiraba las edificaciones coloniales. Todo lo cual sería el caldo de cultivo para que el arquitecto egresado de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich ensaye mentalmente patrones geométricos con simetrías arcaicas y luego construya edificios con reminiscencias al textil neoandino.

La casa Casa Novak. (Foto: Archivo familiar Cron)
La casa Casa Novak. (Foto: Archivo familiar Cron)

Así, Cron descendió de un vapor en el Callao el 15 de agosto de 1948. E inmediatamente se embarcó en una vertiginosa aventura profesional. Toda una década sobrecargada de ingenio, novedad y no pocos hitos, a saber: construyó el primer departamento a doble altura en el país, fue pionero en instaurar el concepto del banco vidriado, hizo uno de los primeros edificios modernos de Lima —la Compañía de Seguros Peruano-Suiza, cuadra 3 del Jr. Camaná— y diseñó el cine Roma, sede actual de la Escuela de Arte Dramático que tiene un jardín detrás del écran.

Imagen del interior del edificio de la Compañía de Seguros Peruano-Suiza, ubicado en la cuadra 3 del Jr. Camaná en el Cercado de Lima. (Foto: Archivo familiar Cron)
Imagen del interior del edificio de la Compañía de Seguros Peruano-Suiza, ubicado en la cuadra 3 del Jr. Camaná en el Cercado de Lima. (Foto: Archivo familiar Cron)

TECTÓNICA SUIZA

Discípulo de Alfred Roth, quien colaboró con Le Corbusier e impulsó los departamentos de doble altura, Cron estrenó esta técnica en el edificio de la Calle Roma (1949). También diseñó mobiliario al estilo de Robert Mallet-Stevens y Pierre Dariel. Pero imprimirá su sello irrepetible al instrumentalizar los lineamientos del modernismo europeo enraizándolos en los paisajes del Perú. “Adapta sus principios al clima, a los materiales de la costa y a la idiosincrasia de la sociedad limeña. No intenta impresionar con volados enormes, hace una arquitectura más callada, de volúmenes. Juega con las secuencias espaciales. Y alude a lo precolombino, colonial y neocolonial”, dice Johann Schweig, arquitecto peruano-belga que desde 2012 integra el primer proyecto de investigación sobre de la vida y obra de Cron en el Perú.

Imagen del exterior de la casa Le Bienvenu en Chaclacayo. (Foto: Álex Kornhuber)
Imagen del exterior de la casa Le Bienvenu en Chaclacayo. (Foto: Álex Kornhuber)

Basado en el único estudio que existía –en 1974, Hugo Romero, estudiante de arquitectura de la UNI, recopiló algunos archivos y documentó algunas casas, pero todo el material se quemó en el atentado en Tarata a principios de los noventa—, Schweig profundizó sus estudios al extremo de ganar una beca de investigación de la universidad de Cornell gracias a la cual viajó a Suiza. Se sumergió en los archivos de la universidad y contactó a sus familiares, entre ellos los sobrinos con los que vivió sus últimos años en Basilea. Desconocían su legado, pero siguen apoyando el proyecto, cuyo equipo —compuesto por la investigadora Irene Arce, los arquitectos Víctor Pazos, Arturo Ghezzi, Gustavo Ghezzi y Germán Costa, más el fotógrafo Álex Kornhuber— rescató del olvido planos, perspectivas, dibujos, publicaciones de la época, mobiliario, maquetas, videos, textos, cartas, fotos y otros materiales salvados de la demolición física y sicológica que supuso su trágica muerte. Todo lo cual, junto al testimonio de intelectuales como George Kubler, Arturo Jiménez Borja, Cristina Gálvez y Elena Izcue, solidificaron una muestra que esperan concretar más adelante, además de la publicación de un libro el 2021 y una muestra en el Swiss Architecture Museum de Basilea.

Foto de un concesionario de Volkswagen diseñado por Cron en Paseo de la República, San Isidro. (Foto: Archivo familiar Cron)
Foto de un concesionario de Volkswagen diseñado por Cron en Paseo de la República, San Isidro. (Foto: Archivo familiar Cron)

Se dice que las obras de Cron y las de Enrique Seoane son una reinterpretación de la arquitectura prehispánica. ¿Eso es verdad? “A diferencia de Seoane, Cron no copia elementos directamente de lo precolombino, genera abstracciones de ellos como lo que hacen los artistas Josef y Anni Albers en las artes plásticas”, dice Schweig. “Cron tenía una gran afinidad por el patrimonio natural y cultural del Perú. Visitó huacas y ruinas, coleccionó textiles, incluso trató de aprender quechua. Hacía vínculos abstractos e intuitivos con la historia. No extraía motivos, iconografía o geometrías de su contexto histórico: establecía nexos más vivos entre arquitectura y su situación. Lo lograba dentro de una tectónica suiza bajo la cual sus hábitos mentales fueron formados”, añade Gustavo Ghezzi.

TRAMA Y MISTERIO

Dicen que en todo edificio hay dos existencias que casi nunca coinciden: la que imaginó su creador y la vida que realmente lleva. Con una biografía repleta de puntos ciegos, datos imprecisos, informaciones contradictorias y pistas que se pierden, la vida del creador suizo anduvo ciertamente en las antípodas de su obra, cuya solidez constituyó un verdadero hito en diseño y construcción. Y eso que los investigadores siguen encontrando rastros nuevos, como ocurrió con una publicación en un diario helvético gracias a la cual apareció Santiago Schuppisser, antiguo colega suizo que alimentó el proyecto con más datos desconocidos de Cron, el hombre enigma. Un retroguardista que se remontó al pasado peruano para crear una poética que parece rejuvenecer con el tiempo.

Interior de la Iglesia Luterana, San Isidro. (Foto: Archivo familiar Cron)
Interior de la Iglesia Luterana, San Isidro. (Foto: Archivo familiar Cron)

Ahí están intactas las celosías en la fachada que recuerdan los balcones coloniales y hacen alusión a una trama textil en el edificio de la calle Roma. O el zaguán y las rejas que parecen extraídas de una casona republicana y puestas en una volumetría semejante a las construcciones pre-incas en la casa Hochköppler. El edificio en la calle José Granda (1960-62) no solo estrenó una tipología en el país, sino que de manera sutil fue en contra de las normas establecidas. Pero, además, fue donde Theodor Cron ensayó un guiño a su personalidad: el exterior es frío, casi inexpresivo. Pero adentro es otra cosa. Un universo interior breve, fascinante y preñado de incógnitas. Exactamente como fue su paso por este mundo.


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