FERNANDO VIVAS (@Arkadin)

Si lo has visto en estas tres escenas y eres agnóstico liberal, es posible que no lo tragues: 1) Moisés parte las aguas del Mar Rojo para que el pueblo judío llegue a la tierra prometida. 2) El cristiano Ben-Hur se bate en un duelo de cuadrigas con Messala, su amigo romano de la infancia, y lo sobrevive en buena ley. 3) Michael Moore, en “ Bowling for Columbine” (2002), entrevista a Charlton Heston, en su calidad de presidente de la NRA ( National Rifle Association ), y lo recrimina por hacer lobby a favor de la libre tenencia de armas de fuego.

Yo soy cinéfilo liberal y no odio a Heston. Creo que Moore tenía autoridad para pecharlo por no querer aceptar que el libre armamentismo tiene efectos trágicos, pero se empecinó en sacar de quicio al viejo Chuck, que lo había recibido de la mejor manera. Dejarle la foto de la niña asesinada fue injusto. Ni siquiera le dio tiempo de exhibir su buen humor. En “Town Country”, rodada un año antes, en el 2001, él mismo se autoescarnece como un viejo recalcitrante que dispara ante cualquier provocación.

Acabo de leer “From My Cold, Dead Hands. Charlton Heston and American Politics” ( Emilie Raymond, University of Kentuck y, 2006). El autor confirma, al detalle, la visión que la crítica cinéfila tiene de Heston: sus papeles de bíblica virilidad terminaron por convertir a este viejo demócrata, que participó en marchas antirracistas y apoyó a Kennedy, en un furibundo “neocon” (apócope de neo conservador) en campaña por Nixon y por Bush.

Más viejo se hacía, más encarnaba la derecha de un modo visceral. Llegó a abrazar, en la causa del libérrimo armamentismo, el ideal del patriarca que defiende sus ideales y obtiene su sustento a mansalva. De ahí el lema, “solo tendrás mi rifle cuando lo cojas de mis manos frías y muertas”. O sea, solo muerto cederé.

Aun en su fase demócrata, Heston era fóbico del comunismo y del estatismo y, por eso, creo en la tesis de Raymond de que sus propias convicciones, sumadas a su imagen hollywoodense de macho ancestral, lo llevaron al ultrismo republicano.

El joven campesino de Michigan, tímido hasta que empezó a actuar en Chicago, casado toda su vida con una sola mujer, Lydia Clarke, estaba predestinado al estrellato conservador. Chuck reemplazó al “gray flannel man”, al hombre enternado de la modernidad, por el sexy patriarca semidesnudo. Estaba listo para conquistar, literalmente “El planeta de los simios”.

ANTES DE MOISÉS Cecil B. DeMille y el productor Hal Wallis hicieron de él una estrella. Era alto, guapo, con facciones duras que decían mucho actuando poco. DeMille ya le había dado un primer espaldarazo en “El espectáculo más grande del mundo” (1952) y esperó a que se fogueara en varias series B, antes de encargarle el Moisés de “Los 10 mandamientos”. Y para convertir a la estrella en megaestrella, llegó “Ben-Hur” con su Óscar de cortesía.

Heston es duro con su filmografía de los 50. “Apenas hice 2 o 3 filmes valiosos durante ese período”, dice en su autobiografía, y se refiere al DeMille, al “Ruby Gentry” de King Vidor y a la “Marabunta” de Byron Haskin.

No incluye, lamentablemente, “El secreto de los incas”, trepidante serie B de la Paramount sobre un aventurero inspirado en Hiram Bingham y en un anticipo de Indiana Jones. En La Hizo del 26/5/2013, conté la historia de ese filme rodado en el Cusco. Yma Súmac solo alternó con él en escenas grabadas en Los Ángeles y se limitó a contarme que era un caballero.

Le pregunté al británico James Byrne, que tiene una página web sobre “El secreto”, hoy considerado filme de culto, qué conversó con Heston al respecto cuando lo entrevistó. Esto es lo que me dijo: “Por alguna razón, Heston no quería extenderse sobre la película. Todo lo que me dijo fue que llovía mucho y que leyó el libro de Bingham en el propio Cusco. Cuando acabó sus escenas, fue con Lydia a conocer Machu Picchu. Ella tomó fotos e hizo una película casera”. James se ha propuesto buscar a Lydia Heston para rescatar ese material de junio de 1953.

El Comercio cubrió el rodaje e hizo una corta entrevista a Heston sobre su aún corta carrera fílmica. También lo entrevistaron Pepe Ludmir y Barton Wilson. Murió en el 2008, sin su rifle entre las manos.