‘Las mil y una‘ es una producción argentina dirigida por Clarisa Navas que tuvo muy buena acogida en la sección Panorama de la última Berlinale.  (FOTO FESTIVAL DE CINE DE LIMA PUCP)
‘Las mil y una‘ es una producción argentina dirigida por Clarisa Navas que tuvo muy buena acogida en la sección Panorama de la última Berlinale. (FOTO FESTIVAL DE CINE DE LIMA PUCP)
Enrique Planas

Iris es una chica en pleno descubrir. Como un ángel que recorre un barrio degradado dando botes a una pelota de básquet, descubre de pronto a Renata, y hay algo en su actitud disidente y desafiante que le fascina. Le sigue, la conoce, intiman. Pero en el degradado conjunto habitacional conocido como “Las mil”, no hay espacio para el amor. Más bien se trata de un asfixiante microcosmos de la provincia de Corrientes (norte argentino) en que todo vínculo parece descomponerse. Es difícil vivir en medio de la decadencia, la miseria, las diferencias de clase, la opresión del sistema. “Las mil y una”, el filme con el que la cineasta argentina Clarisa Navas compite en la edición virtual del Festival de Cine de Lima, es un testimonio autobiográfico y una valiente mirada a los problemas del barrio, el miedo al VIH, el acoso sexual, las masculinidades tóxicas y la disidencia sexual.

Además de una historia de amor, “Las mil y una” muestra cómo la comunidad LGTBI pueden tender vínculos de solidaridad en medio de la violencia y la discriminación. El mismo elenco de la película son parte de esta comunidad?

Por lo general, intento trabajar con personas que hayan tenido una cercanía con la vivencia que queremos representar. El dispositivo de la ficción siempre permite construir sobre la realidad y a la vez ejercer una distancia. Por ello, me parece fundamental haber vivido estas experiencias para entenderlas y llevarlas luego a un filme. Muchas de las que protagonizan “Las mil y una” son amigas mías de Corrientes. La mayoría ha tenido una historia bastante similar a lo que se ve en la película: crecer en la periferia, resistir el hostigamiento. Podría decir que “Las Mil y una” fue una especie de refugio.

Sofía Cabrera y Ana Carolina García, protagonistas del filme. Foto: Festival de Lima.
Sofía Cabrera y Ana Carolina García, protagonistas del filme. Foto: Festival de Lima.

Te lo preguntaba porque hay muchas películas que en su discurso buscan ser progresistas y hablar de lo problemas al interior de la comunidad LGTBI, pero al momento de la puesta en escena buscan sus actores en la agenda más heteronormativa.

Sí, eso pasa muy a menudo. Nosotras intentamos que no ocurriera eso. Queríamos dar lugar a quienes realmente tuvieron vivencias similares. Me parecía que ello aportaba una dimensión política muy importante en estos tiempos.

La decadencia del barrio es real. La película se filmó íntegramente en el conjunto habitacional "Las mil" de Corrientes, provincia del norte argentino. Foto: Festival de Lima.
La decadencia del barrio es real. La película se filmó íntegramente en el conjunto habitacional "Las mil" de Corrientes, provincia del norte argentino. Foto: Festival de Lima.

Si bien en Argentina se conquistado el matrimonio igualitario, lo que puede verse en la película es que, en la realidad cotidiana, la discriminación y la homofobia están aun muy lejos de desaparecer...

Para este filme, me situé en una historia bastante cercana, de mi adolescencia, con mucha relación con el barrio. “Las mil” es el barrio donde vive mi familia, donde me crié. A partir de allí, vemos esta enorme distancia entre las leyes aprobadas, los derechos conquistados y lo que se puede plasmar en la práctica. Todavía nos faltan un montón de conquistas legales para que las personas puedan vivir igualdad. Pero también los cambios en la practica son muy lentos. En Buenos Aires hay cosas mucho más resueltas, generaciones nuevas nacidas al amparo de estas leyes y que ejercen sus derechos de una forma mucho más consciente. Pero en las provincias más antiguas y conservadoras, aún hay mucha resistencia con todo lo que tenga que ver con diversidad sexual.

Además de las historias personales del filme, el ambiente opresivo de este conjunto habitacional funciona como un personaje más. ¿Demuestra el gran fracaso de los conjuntos multifamiliares diseñados por los gobiernos populistas?

No quería filmar este lugar como un simple decorado. Muchas veces, el cine latinoamericano corre el riesgo de filmar sin llegar a entender la dimensión del lugar. Todo espacio conlleva planteamiento político, hubo un arquitecto que diseñó eso, gente que pensó que la vida podía ser sostenible en esos lugares hacinados. Es como intentar entender un país por su trazado arquitectónico. En mi caso, a medida que iba creciendo y mi mamá me llevaba a jugar a la plaza, veía como los juegos iban desapareciendo, todo se iba rompiendo sin que nadie viniera a arreglarlo, ni la municipalidad ni la organización vecinal. Había una ruptura en todo: en las subjetividades, en la incapacidad de formar comunidad. Vivir allí, en ese contexto tan aplastante, hace que el deterioro sea muy notorio. Se manifiesta no solo en la degradación de los edificios, sino en las vidas de quienes viven allí. Hoy es un barrio ganado para la producción de drogas.

Navas describe un mundo en el que sus protagonistas se encuentran atrapados entre la salida del armario y el ciberacoso, el amor y la violencia. Foto: Festival de Lima.
Navas describe un mundo en el que sus protagonistas se encuentran atrapados entre la salida del armario y el ciberacoso, el amor y la violencia. Foto: Festival de Lima.

En el filme, es evidente cómo la diferencia generacional entre padres e hijos elimina toda comunicación.

Era un tema complejo de abordar. Hay por allí cortos circuitos que hacen imposible lograr algún entendimiento. Para mí, la solidaridad en “Las mil y una” pasa por esa posibilidad de construir vínculos. Lo veo en la relación que construye Iris con sus amigos. Las historias de la película han salido de la observación directa de las personas. También ocurre que la provincia de Corrientes tiene una marcada cultura del silenciamiento. Quizás una de las cuestiones de mayor opresión tenga que ver con no poder decir, no poder enfrentar las cosas, no poder verbalizar, algo que al final eso genera mucho sufrimiento.

Otro gran problema que plantea el filme es cómo en la generación más joven pareciera no existir la intimidad ni lo privado, pues todo parece registrarse para ser revelado en las redes sociales. ¿Lo crees así?

Es algo que no deja de sorprenderme y afligirme. Si para nosotros, los adultos, es difícil pensarnos en esa circulación constante de amenazas a nuestra intimidad, que nuestra privacidad sea completamente hackeable es un enorme cambio de paradigma. Hoy un adolescente convivir con la idea de que alguien puede hackear tu cuenta para descubrir todos tus secretos, y eso me parece una vulneración muy fuerte, en un momento de tanta inseguridad como la adolescencia. Para esta película, partí de noticias y de relatos cercanos que me inquietaron mucho. Esta movida de los “escraches” han llevado al suicidio de muchos jóvenes.


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Martes 25 de agosto

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FICHA TÉCNICA

“Las mil y una” (Argentina, Alemania, 2020) 120 min. Guion y dirección: Clarisa Navas. Actuaciones: Sofía Cabrera, Ana Carolina García. Fotografía: Armin Marchesini Weihmuller. Edición: Florencia Gomez Garcia. Música: Claudio Juarez. Diseño de sonido y sonido: Mercedes Gaviria Jaramillo. Diseño de producción: Lucas Koziarski. Vestuario: Clarisa Leiva. Maquillaje: Anouk Clemenceau. Asistente de dirección: Lucas Olivares. Productores: Diego Dubcovsky, Lucia Chavarri.


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