Autocine en México durante los días de distanciamiento social para luchar  contra el COVID-19. (Foto: AFP)
Autocine en México durante los días de distanciamiento social para luchar contra el COVID-19. (Foto: AFP)
Juan Carlos Fangacio Arakaki

La imagen más vívida que se tenga de un autocine acaso sea la de los Picapiedras yendo a ver una película en su prehistórico coche (y antes de ir en busca de una costilla de brontosaurio para llevar, por supuesto). Así de anacrónico es el asunto, al menos por estos lares.

PARA SUSCRIPTORES: Así será el autocine de Tondero: “Lo que menos pondremos serán nuestras películas”

Pero la pandemia del coronavirus ha vuelto a traer a discusión ideas como la de tener un autocine en Lima, como una forma –dicen sus entusiastas impulsores– de poder disfrutar de una película en pantalla grande con el distanciamiento social necesario. Uno y los suyos en su vehículo, evitando el contagio que supondría estar encerrados en masa dentro de una sala convencional.

La propuesta circuló bastante en redes sociales durante la cuarentena, a veces olvidándonos de que una idea más saludable y responsable sería seguir disfrutando de las películas gracias a la expansión del streaming. Sí, es cierto que la experiencia frente a la pantalla gigante es irremplazable; pero no deja de ser una actividad no esencial, totalmente prescindible dadas las circunstancias (al igual que el tan discutido servicio de delivery, otra obsesión de nuestros tiempos).

Finalmente, la empresa Tondero anunció este domingo que el próximo 26 de julio inaugurará “Autocinema+”, su propuesta para volver al cine en tiempos de COVID-19.

Autocine de Virginia, Estados Unidos, país donde hoy sobreviven poco más de 300 de estos establecimientos. (AFP)
Autocine de Virginia, Estados Unidos, país donde hoy sobreviven poco más de 300 de estos establecimientos. (AFP)

DE EE.UU. A LIMA

En un artículo del diario británico “The Guardian”, el propietario de un autocine en Estados Unidos decía que, al igual que ocurrió tras el devastador huracán Katrina del 2005, la gente ansiaba “cualquier cosa que les devolviera al menos unos minutos de su vida normal”. Y es justamente en la tierra del Tío Sam donde esta modalidad de negocio tuvo su origen y auge.

La explicación es más sociológica que empresarial. Ocurrió en particular durante los años 50 y 60, en respuesta a dos fenómenos: el boom económico y la revolución sexual. Por un lado, más y más estadounidenses podían acceder al auto propio; por el otro, el vehículo se convertía en el perfecto espacio privado fuera del hogar: un refugio íntimo e ideal para el escarceo amoroso.

El éxito de los autocines en Estados Unidos estuvo relacionado “tanto al cine como a lo que significaba para los estadounidenses el ideal del automóvil y su representación simbólica de la libertad y el progreso”, señala el arquitecto peruano Víctor Mejía en su libro “Ilusiones a oscuras” (2007). En él, el autor hace un repaso de la configuración arquitectónica de los cines de Lima –desde el viejo cine Metro al Cineplanet Alcázar– y se detiene brevemente en el único autocine que existió en el Perú: el Drive-In de San Isidro.

Ubicado en Córpac, en lo que sería la espalda del colegio San Agustín, el Drive-In se inauguró en diciembre de 1953, sobre un terreno de 30.000 metros cuadrados de los cuales ocupó solo 11.000. Tenía capacidad para 800 vehículos, su écran tenía 20 metros de alto y el sonido llegaba a los espectadores a través de pequeños parlantes que se introducían en los carros. Dicen los memoriosos que tuvo relativo éxito, pero “las condiciones climáticas y la fuerza de la costumbre hicieron que funcione solo hasta 1975”, como bien apunta Mejía.

El Drive-In, primer autocine que tuvo el Perú, funcionó entre 1953 y 1975 en San Isidro. (Foto: Biblioteca Nacional del Perú)
El Drive-In, primer autocine que tuvo el Perú, funcionó entre 1953 y 1975 en San Isidro. (Foto: Biblioteca Nacional del Perú)

UN REGRESO DIFÍCIL

En EE.UU., donde llegaron a haber más de 4.000 autocines, hoy solo quedan unos 300. En países como Alemania, Corea del Sur o Colombia, ya se habla de que esta modalidad podría reflotar. Por lo pronto, aquí en el Perú, no hay nada concreto, salvo las buenas intenciones del alcalde de Magdalena, Carlomagno Chacón, quien declaró que podría habilitarse un terreno en la Costa Verde para alguna iniciativa privada.

El Comercio se comunicó con dos de las principales cadenas exhibidoras. Álvaro Sedano, gerente comercial de Cineplanet, solo quiso soltar una frase: “¿Cuántos autocines han habido en el Perú y cuánto duraron? Ahí lo dejo”. Más allá de eso, no quiso declarar. Hoy por hoy, Cineplanet parece más abocada a enfrentar los cuestionamientos por haber aplicado la suspensión perfecta de sus trabajadores.

Por su parte, Diana López Chiu, gerenta de marketing de Cinemark Perú, también se mostró cautelosa. “Sin duda la idea es interesante y la hemos explorado, pero no sé si exista una regulación específica para esto, como es el caso de las licencias de funcionamiento. Hay muchas variables a tener en cuenta, como el hecho de que toda la experiencia que brindamos en el cine necesitaría mucha tecnología para llevarla afuera: desde sincronizar el audio con la pantalla hasta definir los protocolos de emergencia. Es verdad que existe en otros países, pero son lugares en los que el autocine es una actividad económica permanente y tiene una serie de protocolos ya establecidos”, señaló.

La idea del regreso del autocine a Lima se concretará, pero en principio parece lejos de ser rentable como espectáculo masivo. Un detalle más, solo para tratar de entenderlo mejor: si la gente puede llevar en el auto bebidas y alimentos, ¿podrían renunciar las cadenas de cine a la venta de sus propios ‘snacks’? Como ya se vio cuando el tema fue muy discutido, hace un par de años, la venta de comida representa la mitad o más del total de ingresos de estas empresas.

Clientes consumiendo pop-corn en autocine en España durante los días de distanciamiento social para luchar  contra el COVID-19. (Foto: AFP)
Clientes consumiendo pop-corn en autocine en España durante los días de distanciamiento social para luchar contra el COVID-19. (Foto: AFP)

Más viables parecen las experiencias pequeñas, que ya existen. En el circuito de playas de Barranco está la hamburguesería Arnold’s, que ofrece un pequeño autocine para quienes acudan a consumir su comida. Eso sí: el aforo es limitado y, al no contar con derechos de proyección, las películas seleccionadas son pocas (hay algunas cintas nacionales y clásicos de Charles Chaplin, por ejemplo).

Sin embargo, ofrecen una experiencia ‘vintage’ que al parecer les viene funcionando bien. De hecho, aprovechando el entusiasmo de la gente, ya promocionan su pronta reapertura. Y ese parece ser el camino correcto: el de funciones pequeñas, que prioricen el disfrute de la onda retro junto a una oferta culinaria. El tiempo lo dirá.

►ACTUALIZACIÓN

Este artículo fue publicado originalmente el 9 de mayo del 2020 en la edición digital del suplemento “Luces” con el titular “¿Autocines en Lima? Las razones por las que es una idea más nostálgica que realista”. Fue reactualizada el 18 de julio tras el anuncio de la inauguración del autocine de la empresa Tondero.

EL DATO

“Autocinema+”, de la empresa Tondero, estará ubicado en Yoy Lima Box Park, en el distrito de Surco. Las entradas se venderán en Joinnus.

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