Shelley Duvall en "El resplandor" (1980). (Foto: Difusión)
Shelley Duvall en "El resplandor" (1980). (Foto: Difusión)

“Estoy enferma. Necesito ayuda”, dijo en una entrevista para el programa “Dr. Phil” en noviembre del 2016. Era probablemente la primera vez en una década que la actriz salía en público y, a pesar de los estragos del tiempo y la obesidad que la aquejaba, era todavía posible vislumbrar a la intérprete que protagonizó películas como “Nashville”, “Popeye” y “” (“”).

Pero entrevista, de una hora de duración, causaba más horror que cualquier visita al hotel Overlook, mostrando la deteriorada salud mental de Duvall, quien por momentos parece perder la coherencia y el hilo de la conversación, mientras que en otros hace afirmaciones tan descabelladas como que su otrora compañero de elenco Robin Williams, quien falleció en 2014, sigue vivo y ha cambiado su apariencia. También habla de que ha sido operada por seres extraterrestres y su miedo a que el sheriff de Nottingham quiera matarla.

Shelley Duvalll en su aparición en "Dr. Phil" en 2016.
Shelley Duvalll en su aparición en "Dr. Phil" en 2016.

“Era una chica bonita, era hermosa”, lamenta en un momento del diálogo Duvall, quien ahora se califica de “grotesca”. Al final del segmento, criticado duramente al considerarse que explotaba la vulnerabilidad de Duvall, la actriz es llevada a un centro para recibir ayuda psicológica, pero termina negándose a recibir tratamiento. Desde entonces Duvall volvió a mantener su hermetismo y desapareció de la esfera pública.

MI HÉROE ERA MADAME CURIE

Shelley Alexis Duvall nació un 7 de julio de 1949 en Fort Worth, Texas. La primera hija de Bobbie Ruth Crawford y Robert Richardson Duvall. A diferencia de muchas estrellas de Hollywood, Shelly Duvall llegó a la actuación por casualidad y tenía planeado estudiar para ser científica, hasta que un encuentro casual con el director Robert Altman y el actor Bert Remsen, presentados por su entonces esposo, el pintor Bernard Sampson, cambió su destino.

El director Robert Altman y la actriz Shelley Duvall. (Foto: AP)
El director Robert Altman y la actriz Shelley Duvall. (Foto: AP)

“Bert me dijo ‘¿te gustaría estar en una película?’ No le creí al principio. Yo quería ser una gran científica, no una actriz. Madame Curie era mi heroína”, dijo Duvall . “Bueno, fui a ver la película ‘M*A*S*H’ de Altman, que estaba en los cines en ese entonces, y pensé que seguro termino con un rol como Hot Lips. El resto, ya lo conoces”

Duvall terminó trabajando con Robert Altman en “Brewster McCloud” (1970), McCabe & Mrs. Miller (1971) y “Buffalo Bill and the Indians, or Sitting Bull’s History Lesson” (1976) en papeles secundarios, y en papeles protagónicos en sus cintas “Thieves Like Us” (1974) y “Nashville” (1975).

Shelly Duvall en la película "Nashville" (1975). (Foto: Difusión)
Shelly Duvall en la película "Nashville" (1975). (Foto: Difusión)

También participó en proyectos y programas de televisión, incluyendo ser la anfitriona de “Saturday Night Live” en 1976, así como un papel menor en “Annie Hall” (1977) de Woody Allen, filme donde conoció al músico Paul Simon, quien sería su pareja por dos años después de su separación de Sampson.

Ese mismo año Duvall protagonizó el thriller psicológico “3 Women”, papel que le valió un premio a Mejor actriz en el Festival de Cannes. A pesar de ello, la actriz admitió que sentía dificultades para encontrar papeles más ‘mainstream’, hasta que se cruzó con cierto reconocido director.

COMO UNA TERAPIA DE GRITOS PRIMITIVOS

Para 1980, Duvall era una estrella ascendente en el firmamento hollywoodense cuando fue elegida para la adaptación de la novela de Stephen King “El resplandor” por el renombrado director Stanley Kubrick.

Pero si Duvall era una estrella, Kubrick era una supernova, con una serie de películas celebradas como “Lolita” (1962), “Doctor Strangelove” (1964), “2001: A Space Odyssey” (1968) y “A Clockwork Orange” (1971). No solo eso, sino que la actriz actuaría junto a Jack Nicholson, la ahora leyenda de Hollywood que estaba también armando su carrera con filmes como “Chinatown” (1974) y “One Flew over a Cuckoo’s Nest” (1975).

Duvall interpretaría a Wendy Torrance, la esposa de Jack Torrance (Nicholson) y madre de Danny Torrance (Danny Lloyd), además de la principal víctima de la psicosis homicida de su pareja que la llevaría a gritar, llorar y mostrarse asustada por toda la parte final de la cinta.

Como las otras películas de Kubrick, “El resplandor” fue un éxito, marcando la historia del cinema de terror como pocas películas han podido y creando imágenes que han marcado el imaginario del público hasta la fecha. Sin embargo este éxito no se hizo sin sacrificios, y pocos los pagaron tanto como Duvall.

Y es que Kubrick fue particularmente duro con la actriz, incluyendo aislarla del resto del elenco y realizar un número récord de tomas, incluyendo 127 para la escena con el bate de beisbol, dejando a la actriz sufriendo de deshidratación, con las manos lastimadas y con la garganta destruida de tanto llorar.

Incluso Nicholson notó la actitud diferente de Kubrick a Shelley, señalando en el documental “Stanley Kubrick: A Life in Pictures” que el director se convertía en una persona en lo referente a Duvall y reconociendo que la actriz tuvo el trabajo más difícil del elenco. Por ejemplo, la icónica escena donde Jack destruye con un hacha la puerta del baño mientras que Duvall grita a toda voz requirió 60 puertas.

Duvall describió su experiencia en el libro “The Complete Kubrick” por David Hughes. “Desde mayo a octubre estaba con la salud delicada porque el estrés del rol era tan grande. Stanley me empujó e impulsó más que ningún otro antes. Es el rol más difícil que he tenido que hacer”.

En otra entrevista dijo que “cuando estaba metida en mi personaje, tenía que llorar 12 horas al día, todo el día, los últimos nueve meses seguidos, cinco a seis días a la semana. Estuve así un año y un mes, y había algo a la terapia de gritos primitivos, porque después de que el día terminaba y lloraba mis 12 horas, me iba a casa bastante feliz. Tenía un efecto bastante calmante. Durante el día me sentía absolutamente miserable”.

A pesar de estas condiciones Duvall no parece guardarle mucho rencor a Kubrick, al menos según una entrevista en 2011 : “Stanley a veces tiene una reputación muy mala, pero él era un perfeccionista. Teníamos nuestros momentos donde nos reíamos y bromeábamos en el set, pero había momentos donde discutíamos fuertemente. (…) Fue una filmación del infierno, pero él logró lo que quería de mí”.

Si bien “El resplandor” es considerado ahora un clásico del cinema, las impresiones iniciales no fueron buenas y su desempeño en las taquillas fue moderado. La interpretación de Duvall fue ignorada por la crítica especializada, aunque le valió una nominación a los premios Razzie, también conocidos como los anti-Oscar, en la categoría de Peor actriz.

Posteriormente Duvall volvió a terrenos más familiares, trabajando con Robert Altman en su versión de “Popeye” (1980) junto a Robin Williams, en el papel de Olivia, un rol que ella amó.

“No te rías, pero nunca he tenido la oportunidad de interpretar a una mujer fuerte, con profundidad. Y si bien Olivia es un personaje de dibujos animados, creo que ella es compleja”, explicó Duvall. “Y de todos los personajes que he interpretado, para mi ninguno realmente se fue más de lo superficial. ¡Para mi Olivia es 101 por ciento mujer! Ella no es la novia de Popeye, la veo como una verdadera femme fatale”.

Shelley Duvall junto al actor Robin Williams en "Popeye" (1980). (Foto: AFP)
Shelley Duvall junto al actor Robin Williams en "Popeye" (1980). (Foto: AFP)

Posteriormente Duvall trabajaría en una serie de proyectos menores con enfoque en un público más infantil, incursionando también en la escritura. Su último rol sería en la película “Manna from Heaven” en 2002 y estaría fuera de la atención pública hasta su infame entrevista en 2016.

Con el próximo estreno de “” (“Doctor Sueño”), la secuela de “El resplandor” es muy posible que muchos estén reviviendo la película de Kubrick. Viendo la vulnerable interpretación de Duvall y sus gritos desesperados no pueden sino despertar una reflexión del precio del arte.