Frank Sheeran, más conocido como 'El Irlandés', es interpretado por Robert De Niro en la cinta de Scorsese. (Foto: Difusión)
Frank Sheeran, más conocido como 'El Irlandés', es interpretado por Robert De Niro en la cinta de Scorsese. (Foto: Difusión)

La primera vez que Jimmy Hoffa y Frank Sheeran conversaron fue por teléfono. Siempre desde un bar o una cabina pública, nunca desde sus casas, para evitar rastreos. “Me han dicho que pintas casas”, fue lo que dijo Hoffa, a lo que Sheeran respondió: “Sí, señor. Y también hago trabajos de carpintería”.

Más que una conversación sobre oficios prácticos, era un perverso diálogo en clave. El pintado de casas se refería al salpicar sangre en las paredes al matar a alguien. Y la carpintería una metáfora sobre construir ataúdes o, para ser más directos, sobre deshacerse de cadáveres con profesionalismo y efectividad. Lo que Sheeran ofrecía era su talento para liquidar indeseables.

Jimmy Hoffa era el líder de la Hermandad Internacional de Camioneros –por aquella época el sindicato más grande de Estados Unidos– y se había convertido en una figura con un poder equiparable al del presidente del país. Un poder para el que necesitaba dos cosas: estrechos nexos con la mafia italiana y un hombre de confianza al cual darle encargos específicos para realizar el trabajo sucio. Y es así como Frank Sheeran, ‘El Irlandés’, irrumpió como el sujeto ideal para esa oscura responsabilidad. Un tipo durísimo y temible dentro de la escena criminal estadounidense de los años 50 y 60.

Toda esa historia es contada en el libro de Charles Brandt “I Heard You Paint Houses” (“Me han dicho que pintas casas”, el título ya está explicado), que ahora toma forma cinematográfica bajo el nombre “El Irlandés”, la más reciente película del maestro Martin Scorsese. Sin atisbo de duda, el estreno más esperado del año.

Jimmy Hoffa (al centro), poderoso líder sindical estadounidense, cuya desaparición en 1975 todavía es un misterio.
Jimmy Hoffa (al centro), poderoso líder sindical estadounidense, cuya desaparición en 1975 todavía es un misterio.

MATAR O MORIR

El vínculo íntimo y complejo entre Frank Sheeran y Jimmy Hoffa se desdobla en la ficción gracias a otro relación magistral: la de Robert De Niro y Al Pacino, respectivamente. Dos leyendas de la actuación que apenas si habían coincidido en pantalla –nunca cara a cara en “El padrino II”, más de cerca en la eficaz “Fuego contra fuego”, y casi que paramos de contar–, como si aquello de los dos soles que no pueden brillar en un mismo cielo fuese una regla inquebrantable. Pero la regla se rompió por obra y gracia de un Scorsese que firma otra película de gángsters, la más larga de su carrera y la primera para el ‘streaming’, pues “El Irlandés” es la nueva gran apuesta de Netflix por el cine de autor. Un proyecto millonario que recogió luego de que varios estudios lo rechazaran.

Para volver al caso real de la película: vale decir que la relación entre Sheeran y Hoffa era extraña desde lo físico: casi cuarenta centímetros de estatura rebajaban al diminuto pero irascible dirigente sindical respecto del corpulento irlandés (en la película, ese detalle se resolvió con las enormes plataformas que tuvo que usar De Niro en varias escenas). Lo que no impedía que la línea de mando viniera siempre desde abajo, encarnada en el pequeño vociferante. Hoffa ordenaba matar y Sheeran mataba. Una fórmula simple.

Había, además, un tercer personaje que cerraba la triangulación del mal: el capo de la ‘Cosa Nostra’ Russell Bufalino, que en el filme es interpretado por el espléndido Joe Pesci. Fue él quien introdujo a Sheeran a la mafia, luego de conocerlo y hacerle algunos favores y ofertas que no podría rechazar. Por ese entonces, Sheeran era un muchacho que acababa de volver tras 411 días de combate en la Segunda Guerra Mundial (el promedio de un soldado raso era apenas de 80 días), por lo que ya había sido curtido en el arte de asesinar a sangre fría. Solo le faltaba la sistematización y el estímulo, dimensiones que encontró en la organización criminal.

Por una coincidencia con aroma a fatalidad, durante la guerra Sheeran había sido destacado a Sicilia, cuna de la mafia italiana posteriormente afincada en Norteamérica. Y a Bufalino le complacía saber que Sheeran hubiese conocido su ciudad. “Tú deberías haber sido italiano”, solía decirle al irlandés, mientras le pellizcaba una mejilla. Ese fue un primer paso para que Sheeran pudiera ganarse la confianza de la mafia. El resto se completó con su extraordinaria fuerza física, el limpio uso de las armas, la habilidad para mantener la boca cerrada cuando fuera necesario, y una lealtad indoblegable.

O casi indoblegable. Porque el que parecía un idilio perfecto derivó en uno de los grandes misterios de la historia estadounidense del siglo XX: cómo es que Frank Sheeran pasó de ser el sicario más confiable de Hoffa a convertirse en el principal sospechoso de su desaparición definitiva en 1975. Un enigma que recién se aclaró con la confesión homicida del propio Sheeran, poco antes de morir, en el 2003, y cuya explicación responde a un cúmulo de rencores, traiciones y ‘vendettas’ –el asesinato del presidente John F. Kennedy incluido– que están mejor narrados en el libro y la película. En este punto se vuelve ocioso ahondar en detalles y ‘spoilers’.

El capo de la mafia siciliana Russell Bufalino es interpretado en "The Irishman" por un notable Joe Pesci.
El capo de la mafia siciliana Russell Bufalino es interpretado en "The Irishman" por un notable Joe Pesci.

UN GÉNERO, UNA ÉPOCA

La historia de “El Irlandés” es, en su forma más elemental, la misma que la de clásicos sobre la mafia como “El padrino” de Francis Ford Coppola, “Scarface” de Brian De Palma o “Buenos muchachos” y “Casino” del propio Scorsese. Hay, por supuesto, variaciones argumentales, tonos dramáticos diversos y personajes singulares entre una y otra. Pero su espíritu parece inmodificable. Lo que nos conduce a preguntarnos qué hace tan cinematográfico al subgénero gangsteril y por qué nos gusta tanto su dinámica.

La respuesta puede encontrarse en algunos de sus componentes más reconocibles, como el relato de ascenso inesperado y caída en desgracia, o la persecución desesperada por el poder, que en nuestro inconsciente funciona como un deseo sublimado. Pero también es cierto que dentro de la mente criminal del gángster, a pesar de su sanguinaria inmisericordia, suelen pervivir ciertos códigos y un sentido del honor en apariencia perdido en tiempos de conducta sibilina y desleal.

No debería sorprender por eso que cuando a De Niro, ‘El Irlandés’ de la ficción, le preguntaran sobre Donald Trump, dijera: “Incluso a los gángsters les das la mano y tienes su palabra. Hoy tenemos un presidente retorcido que cree que es un gángster, pero ni siquiera es un buen gángster”. Y es en los entresijos de esa extraña construcción moral, perfectamente devenida en dilema, que “El Irlandés” se posicione no solo como una elegía del género, sino también como un retrato del crimen de otra época: aquel que consistía en la sencilla y férrea obligación de saber devolver un favor.

En ‘streaming’

-Tras ser rechazada por varios estudios por ser demasiado costosa, “El Irlandés” fue producida por Netflix por US$160 millones.

-Por esa razón, la cinta de Scorsese ha tenido un estreno reducido en salas de cine (en el Perú será desde mañana y solo por una semana). La película está disponible en la plataforma desde el jueves 27 de noviembre.

-El filme, además, suena como fuerte candidato a los Óscar, aunque está por ver si la Academia por fin premiará a una película de ‘streaming’, luego de que el año pasado “Roma” se quedara sin el galardón.