Los personajes de "Toy Story" tuvieron algunos cambios desde su primera entrega en 1995. (Foto; Disney)
Los personajes de "Toy Story" tuvieron algunos cambios desde su primera entrega en 1995. (Foto; Disney)
Sebastián Pimentel

Los estudios Pixar no descansan. Ahora bajo el ala protectora y a veces temible de la Corporación Disney, entregan un nuevo capítulo de la que quizá sea su franquicia más exitosa: “”. Aunque, si somos sinceros, uno tenía razones para dudar respecto al despropósito que podía significar un cuarto capítulo. Sobre todo teniendo en cuenta lo brillante y concluyente que fue, por todos los costados, el tercero.

” era una película exultante sobre la aventura que suponía para el protagonista, el muñeco-vaquero Woody –con la voz de Tom Hanks–, el rescate de sus compañeros de plástico, que, erróneamente, van a parar a una guardería. El tema de fondo era el posible abandono de los juguetes, cuyas existencias se vieron amenazadas por el crecimiento de su dueño.

En el tercer capítulo también aparecía un universo alternativo donde estas pequeñas entidades sobreviven casi autónomamente –en un gobierno totalitario que revelaba sus lados siniestros–, y donde Woody señala la libertad que supone el regreso a casa. Con la llegada de una nueva niña, la basura dejaba de ser un destino seguro. Por eso es que, una vez lograda esta aventura épica de extravío y regreso heroico al hogar, ¿qué podía seguir?

En “Toy Story 4” ya no se trata de la insistencia por pertenecer al mismo hogar. En un inteligente giro de timón, los guionistas dieron el paso siguiente. Ahora se trata de aceptar el término de una forma de ser, y de descubrir, con dolor, una nueva. “Toy Story 4” es, de una forma directa y sin afeites, y aunque parezca inverosímil para una película de animación financiada por Disney, una película sobre la marginación y la muerte.

Para empezar, esta vez no hay niños alegres que juegan felices, sino una niña, Bonnie, que no se siente integrada en su colegio. Es en un momento de aflicción que ella arma un muñequito, hecho con un tenedor de plástico, al que llama Forky. Sin embargo, este juguete desgarbado entiende que solo puede ser basura, y trata de meterse a cualquier tacho de desperdicios apenas puede. Es tarea de Woody hacerlo recapacitar.

Lo interesante es que, más allá de la pericia técnica de sus muy bien diseñados momentos de acción, lo que vemos es, ante todo, un drama. Uno hecho desde lo irrisorio, desde la comedia de personajes torpes, ingenuos, débiles, maltrechos. Por eso es que el espíritu de Chaplin también revolotea entre todos ellos. Aunque, hay que decirlo, lo más mágico del filme tiene que ver con lo que pasa en una tienda de antigüedades.

Esta tienda es en sí misma el espacio más evocador y poético de toda esta franquicia. Y tiene en una muñeca de los años 50 a la que quizá sea la invención más misteriosa, triste y conmovedora de todo el universo Pixar. Gabby Gabby, una muñeca-reliquia, sin embargo, también está abierta a la crueldad. Junto con sus guardianes, unos títeres tétricos de ventrílocuo, alista un plan malévolo para poder recobrar su voz.

En muchos sentidos, estamos ante un western crepuscular, una balada del adiós, una última misión de rescate, una elegía por los juguetes que ya no valen nada. El filme es suficientemente audaz como para, sin perder el humor, atreverse a ser muy oscuro, incluso con algunas alusiones al horror. Pero sobre todo con la capacidad de plantear conflictos emocionales y cuestiones existenciales sin ser altisonante. El vaquero Woody, por último, resulta más indefenso que su compañera, la aguerrida Bo Peep –en quienes algunos han visto, con razón, a un ícono feminista–. Por todo ello y más, “Toy Story 4” marca una inflexión adulta y madura no solo de la saga, sino de Pixar en general.

MÁS INFORMACIÓN:
Género: animación, fantasía.
País: Estados Unidos, 2019.
Director: Josh Cooley.
Voces: Tom Hanks, Tim Allen, Annie Potts.
Puntuación: 4/5

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