Elle Fanning y Timothée Chalamet protagonizan la nueva comedia de Woody Allen. (Foto: Difusión)
Elle Fanning y Timothée Chalamet protagonizan la nueva comedia de Woody Allen. (Foto: Difusión)
Sebastián Pimentel

Gatsby Welles (Timothée Chalamet) y Ashleigh (Elle Fanning), jóvenes universitarios de élite que parecen tenerlo todo –belleza, encanto y buena educación–, están enamorados y deciden pasar un fin de semana en . Un compromiso familiar de Gatsby se convierte en la excusa para ir a la gran ciudad, rentar una habitación en un lujoso hotel y visitar los mejores restaurantes, museos y clubes de jazz.

Esta es la premisa de la última comedia de quien lleva alrededor de 50 largometrajes en su haber. Es comprensible, entonces, que con sus 83 años a cuestas, se levantaran algunas dudas sobre esta historia de unos muchachos que aprenden a amar en la mítica ciudad de los rascacielos. Sospecha, en realidad, algo absurda, en tanto presupone que un viejo artista no pueda hablar de la juventud.

Algunos han acusado al filme de ser anacrónico, y han afirmado que Woody Allen no ha podido comprender a las nuevas generaciones. Son posturas esencialistas, que olvidan que toda ficción aspira a ser una mirada personal, más allá de cualquier moda, de un artista. Esta vez, Chalamet, como nueva versión del joven Allen de “Annie Hall” (1977), es también un arquetipo de bohemio romántico, de genio precoz.

Esos prototipos eternos encarnan ahora en un semblante de poeta irónico, de diletante enamorado que luce Chalamet, en la variante atemperada del perturbado adolescente que interpretó en “Llámame por tu nombre” (2017). También menos alborotado que el neurótico parlanchín que fue el Allen-actor por mucho tiempo, Chalamet está prendado de Ashleigh, bella e ingenua rubia de la que no desconfía ni un minuto.

Como buena comedia de enredos, esta logra que nos interesemos por las suertes azarosas que corren tanto Chalamet-Gatsby como Ashleigh. La más disparatada es la de esta última, una Elle Fanning que, como chica inmadura y pretenciosa, se desvive por conocer a Roland Pollard (Liev Schreiber), cineasta maduro y consagrado que busca entrevistar para un trabajo universitario, y con quien estará tentada de olvidarse de Gatsby.

Esta es también una película sobre el cine mismo. Eso no es algo raro en Allen, si recordamos “La rosa púrpura del Cairo” (1985), por citar solo un título emblemático. Allí, el cine era ese otro mundo, utópico y paralelo, amado y deseado, a donde había que escapar. Pues bien, esta vez, ese universo ilusorio está en la grabación de una película independiente en plena calle, o en la misma entrevista de Ashley con el cineasta Pollard.

Lo interesante de esta crónica hilarante, aunque llena de visiones fulgurantes casi inadvertidas, es que los dos jóvenes, Gatsby y Ashleigh, harán todo lo contrario a lo que tenían planeado. Los planes racionales se frustran, por la llamada de sentimientos de los que no son conscientes. Las señales están ahí, sobre todo en el caso de Gatsby.

Será la más madura Shannon (Selena Gómez), la chica que abra las puertas a aspectos que el muchacho no conocía de él mismo. Pero las peripecias del joven intelectual también tendrán que ver con un improbable descubrimiento –que pone boca abajo el origen social de su familia– relacionado a su madre. Todas estas revelaciones, sin embargo, acaecen como accidentes, como circunstancias caprichosas. En ese sentido, Allen se acerca más que nunca a un cineasta como Éric Rohmer: la profundidad se camufla en la levedad, y la fotografía de Vittorio Storaro logra una luz profusa pero no contaminante, que realza las superficies como una brisa purificadora. Como si el cambiante clima de Nueva York, con sol o con lluvia, fuera siempre fresco, reluciente, lozano, siempre joven.

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Puntaje: 4/5. Título original: “A Rainy Day in New York”. Género: comedia, romance. País y año: EE.UU., 2019. Director: Woody Allen. Actores: Timothée Chalamet, Elle Fanning, Selena Gómez, Jude Law.