Woody Allen, durante una conferencia de prensa en la ciudad de San Sebastian, en julio de 2019. (Foto: AFP 7 ANDER GILLENEA)
Woody Allen, durante una conferencia de prensa en la ciudad de San Sebastian, en julio de 2019. (Foto: AFP 7 ANDER GILLENEA)
Ricardo Hinojosa Lizárraga

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Juguemos. Hagámoslo de una manera extraña que siempre has querido, pero que nadie hizo contigo”.

Estamos en 1979. La película es Manhattan. dirige y escribe el filme definitivo de Nueva York y, una vez más, enamora a público y crítica por igual. La espectacularidad de la fotografía, el tratamiento de la historia, sus diálogos ágiles y la fácil identificación con sus personajes fueron parte del éxito. Pero un detalle pasó desapercibido en la audiencia, si no tratado directamente con sorprendente naturalidad: Allen interpretaba a un cuarentón que tenía una relación con una chica de 17 años. Ella es quien le dice la frase con que inicia este artículo en una situación íntima de la película. Quizás a algunos les pareció algo extraño e incómodo, pero no tan perturbador como lo será cuando se le recuerde a Allen 13 años después.

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Fue en agosto de 1992 que Woody Allen empezó a ser visto por la industria del cine con otros ojos. Aquel mes, Dylan Farrow, una de las pequeñas hijas adoptivas que tenía con , denunciaba a Allen de haberla abusado sexualmente. Para aquel entonces, el director de cintas como Annie Hall o La Rosa Púrpura del Cairo tenía 12 años en una relación estable con la actriz. De hecho, muchos los consideraban una de las parejas ideales de Hollywood, a pesar de que Woody no era afecto a asistir a la Ceremonia del Oscar, el evento apoteósico por excelencia de aquella comunidad artística.

La denuncia sacudió todo. Se había originado tras una visita de Allen a la casa familiar en Connecticut. Dylan, de solo 7 años, confirmaba los tocamientos de su padre en un video grabado por la propia Mia. Para aquel entonces, la situación de la pareja ya era grave. Habían vivido su peor crisis tras el descubrimiento que hizo Mia de unas fotos desnuda de Soon-Yi -otra de las chicas que Farrow había adoptado, pero con su anterior esposo, el compositor André Previn- en el departamento de Allen, quien no vivió nunca con ellos.

La historia de amor perfecto que se había consolidado tras años de relación, también materializada en 13 filmes que los reunieron, se convertiría desde entonces en una sórdida pesadilla de denuncias mutuas, división entre hermanos, revelación de oscuros secretos familiares, peleas por la custodia y la consolidación como pareja de Allen y Soon-Yi, que hoy suman 29 años juntos, la relación más larga en la vida del director de 85 años.

Pero el escándalo no parece tener fin con la consolidación de aquel amor iniciado en circunstancias tan oscuras. El documental de HBO Allen vs Farrow (dirigido por Kirby Dick y Amy Ziering) detalla nuevamente aquellos años turbulentos, la niñez del clan multiétnico y pluricultural de hermanos, la entrada de Allen en sus vidas, la felicidad aparente y el momento en el que todo se derrumbó para siempre. Visto desde la perspectiva de Dylan y Mia, con las declaraciones de Allen solo incluidas como audios para complementar algunos pasajes, la pieza audiovisual ha sido criticada por algunos medios, que la han calificado como una versión parcializada de una acusación de la que, al menos legalmente, Allen salió libre de toda pena hace ya muchos años.

Pero bien sabemos que eso no necesariamente significa que sea inocente. Veamos.

Los chicos del clan

Allen conoció a Mia Farrow tras haber filmado Annie Hall con Diane Keaton. Fue el actor Michael Caine quien los presentó una noche cualquiera. Poco tiempo después salieron a almorzar, conversaron, volvieron a salir. Farrow, impresionada por la Nueva York que Allen descubría ante sus ojos, por su sentido del humor y su inteligencia, se enamoró. Para aquel entonces, ya se había separado dos veces: de Frank Sinatra y de André Previn. Con Sinatra no tuvo descendencia y con Previn tuvo 6, tres biológicos y tres adoptados: Matthew, Sascha y Fletcher, además de Lark Song y Summer “Daisy” Song, de Vietnam y Soon-Yi, de Corea del Sur. Tras su separación de Previn, adoptó a Moses, también surcoreano. Woody también había estado casado dos veces antes, pero no tenía hijos.

A pesar de que Allen nunca antes se mostró interesado en tenerlos, su cercanía con la casa de Farrow en Nueva York –vivían, cada uno, a un lado de Central Park- y el momento dulce de su relación, hicieron que cada vez que no estaba filmando una nueva película pasara mucho tiempo en su casa, al lado de los chicos. Con la consolidación de su afecto, se plantearon nuevos retos. “¿Tenemos un hijo juntos? ¿Adoptamos uno?”, comenzaron a preguntarse hacia 1985. Finalmente, tras algunos intentos de embarazo infructuosos, adoptaron a la pequeña Dylan, nacida en Texas. Por aquel tiempo, ambos padres filmaban Días de Radio. Dylan acompañaba a su mamá a todas partes. Pronto, Allen empezaría a encariñarse mucho con ella. Según el documental Allen vs Farrow, pasados unos años, la cercanía pareció convertirse en una obsesión y el director fue empezado a ver con sospecha por su propia pareja y un círculo cercano de amigas que ofrece su testimonio.

Tras algunas situaciones incómodas y la visita recomendada de Allen a un terapeuta, la relación volvió a una normalidad pasajera, a pesar de que Farrow parecía vivir permanentemente bajo la sombra de su pareja, con el que nunca llegó a casarse. Lo que sí hizo Allen fue adoptar también a Dylan y a Moses, el que más admiración mostraba por él de todos los chicos. Eso sucedió en 1991. Antes, en 1987, lograron tener un hijo juntos, Ronan, quien más tarde jugaría un papel decisivo en este drama de la vida real.

Nadie podría intuir que eran los últimos episodios bonitos de una historia que se rompería en poco tiempo. “Entré al departamento de Woody con su llave para recoger un abrigo que había olvidado. Él no estaba en casa, estaba trabajando. En su escritorio, a la mano y puestas unas sobre otras, encontré unas fotos Polaroid de una chica desnuda. Cuando miré bien, era Soon-Yi. Y no eran fotos de desnudos que pudieran ser para Playboy, sino para Hustler. Al salir, no podía mantenerme en pie ni poner el dedo sobre el botón del ascensor. Temblaba”, confiesa la actriz en el documental sobre el shock que significó para ella enterarse de la relación entre su hija y su novio.

A partir de aquí surgieron una gran cantidad de revelaciones, muchas de las cuales no están muy claras y las versiones dependen del lado que apoyan quienes las propagan. Según cuenta Mia Farrow, habló horas con Allen por teléfono y en persona y se grabaron mutua y secretamente mientras buscaban una solución. La voz de Allen, proveniente de aquellas conversaciones privadas, aparece en el documental. Para ella fueron días de desesperación y angustia, pero cierto impulso inexplicable los llevó a proseguir su relación, al menos la laboral, pues terminaron Maridos y esposas, la película que filmaban juntos en aquellos días y que sería, a la postre, su última colaboración.

La gravísima denuncia de abuso sexual contra el director y guionista aceleró el cisma. Desde aquellos días, Allen ha negado las acusaciones una y otra vez. Además, llevado a la corte, se defendió argumentando que la denuncia era una venganza de Farrow por lo de Soon-Yi. Desde entonces, la hija adoptiva del matrimonio Farrow-Previn, que tenía entonces 21 años, es la compañera de Allen. Se casaron en 1997. Muchos los llaman “El romance más extraño de Hollywood”. El documental desliza que se inició, también, con el abuso de Allen cuando Soon-Yi era menor de edad, cosa que ambos han negado varias veces. El 2016, Allen declaró, en referencia a ella: “Una de las grandes experiencias de mi vida ha sido mi esposa (…) las contribuciones que hice a su vida me han dado más placer que todas mis películas”. Tienen dos hijos adoptivos.

Tras su separación de Allen, Farrow adoptó 5 hijos más: Tam, Frankie-Minh, Isaiah Justus, Gabriel (rebautizado más tarde como Thaddeus Wilk) y Kaeli-Shea (conocida luego como Quincy).

En el nombre del hijo

“Estar en los medios de comunicación cuando la historia de mi hermana llegó a los titulares, y el motor de relaciones públicas de Woody Allen se puso en marcha, me dio una ventana a lo potente que puede ser la presión para tomar el camino más fácil (…) Esos correos electrónicos presentaban temas de conversación listos para ser convertidos en historias, completos, con validadores en oferta: terapeutas, abogados, amigos, cualquiera que esté dispuesto a etiquetar a una mujer joven que se enfrenta a un hombre poderoso, como loca, entrenada y vengativa”. Así describió, el 2016, Ronan, único hijo biológico de la pareja, la poderosa maquinaria publicitaria que funcionaba alrededor de Woody Allen para protegerlo, limpiar su nombre y destruir la credibilidad de Mia ante acusaciones que han permanecido en el aire por casi tres décadas, a pesar de la resolución judicial a favor de Allen. Por años, el propio Ronan –un reconocido periodista, ganador del Pulitzer por investigar los abusos de Harvey Weinstein- había intentado que su hermana Dylan no volviera a hablar públicamente del tema pero, con esas palabras, parte del artículo “Mi padre, Woody Allen, y el peligro de las preguntas no formuladas”, publicado por Hollywood Reporter, confesó que se avergonzaba de haberlo hecho.

En aquel texto, Ronan describió al detalle cómo funcionaba el tratamiento de los medios con la denunciante y con el denunciado, al que seguían llenando de alabanzas y privilegios, a pesar de las sospechas en su contra. “Yo le creo a mi hermana”, aseguró Ronan, y recordó, de paso, que “la única disposición legal final es un fallo de custodia que encontró el comportamiento de Woody Allen “extremadamente inapropiado” y enfatizó que “se deben tomar medidas para proteger a Dylan”.

Las acusaciones fueron investigadas durante meses por varios expertos y la policía, pero, finalmente, el fiscal desestimó presentar cargos contra el director. Woody Allen salió libre de todo y aún esgrime ese resultado como defensa. En otro proceso perdió, sin embargo, la custodia exclusiva de sus hijos. De hecho, al final de cada uno de los cuatro episodios de Allen vs Farrow se especifica que él niega los cargos en su contra y que nunca fue culpado por ellos. Una evidente medida legal que toma HBO para protegerse de posibles demandas.

Esto nos lleva a una pregunta que ya se ha hecho muchas veces en la historia, asociada a distintos creadores: ¿Puede seguirse considerando un genio a un posible pedófilo? ¿Debe Woody Allen seguir manteniendo su lugar en el Olimpo del cine, aun cuando su conducta con sus hijos adoptivos ha sido, como mínimo, sospechosa y cuestionable?

Las respuestas de uno y otro lado no ofrecen la posibilidad de adelantar una opinión definitiva.

Preguntas similares se hicieron con François Villon, conocido truhan que salvó de la horca y gran poeta; Knut Hamsun, Louis Ferdinand Celine o Ezra Pound, genios literarios que apoyaron a los nazis y al fascismo; o Jean Genet, vagabundo, delincuente juvenil, desertor y monumento literario que entró y salió numerosas veces de la cárcel hasta que, condenado a cadena perpetua, las gestiones de Jean Paul Sartre, Jean Cocteau o Pablo Picasso, lograron que se le conmute la pena. Sin ir muy lejos, un colega coetáneo de Allen, Roman Polanski, de 87 años, fue acusado a inicios de los 70 de haber tenido relaciones con una menor de edad.

Lo cierto es que, en todos esos casos, se recuerdan sus obras, sí, pero también las manchas sobre sus vidas.

El otro lado del asunto

“Soy una persona privada y no me interesa la atención pública. Pero los ataques guiados contra mi padre, Woody Allen, me obligan a terminar con mi silencio. Él está siendo condenado por un crimen que no cometió. Estuve presente en todo lo que ocurrió en nuestra casa”, aseguró Moses, el otro hijo adoptado conjuntamente por Allen y Farrow, cuando, el 2014, volvió a hablarse de las acusaciones contra Allen, después de que Dylan publicara una carta en el New York Times reafirmándose en su denuncia 22 años después.

Woody Allen me llevó a un ático oscuro, parecido a un armario, en el segundo piso de nuestra casa. Me dijo que me acostara boca abajo y jugara con el tren eléctrico de mi hermano. Luego me agredió sexualmente”, contó Dylan.

Pero Moses –curiosamente, hoy psiquiatra y terapeuta familiar- tomó partido a favor de su padre y contra su hermana y su madre, a pesar de haberlas apoyado en un principio. “No había ningún tren eléctrico en ese ático –le respondió a Dylan-. De hecho, no había forma de que los niños jugaran allí, incluso si hubiéramos querido”. A la vez, denunció que los abusos físicos venían por parte de su madre adoptiva. Recordó también que, como consecuencia de eso, dos de sus hermanos adoptivos se suicidaron y uno murió en la pobreza y con VIH.

Poco después, se sumó en su apoyo Bechet, hija adoptiva de Allen y Soon-Yi. “No voy a seguir pretendiendo que no sucede nada y voy a defenderle. Mi padre siempre ha sido cariñoso y amable conmigo. Es mi turno de demostrarle mi apoyo”. Ambos acusan a Mia Farrow de haber manipulado a Dylan para que mienta. La propia Soon-Yi también lo hizo en una entrevista a Vulture el 2018: “Lo que ha pasado con Woody es muy irritante, muy injusto. (Mia) ha tomado ventaja del movimiento #MeToo y ha desfilado a Dylan como una víctima. Y toda una generación está escuchando sobre ello cuando no debería”.

Son dos versiones de una misma historia que ha enfrentado a una familia desde hace 30 años. En Allen vs Farrow hay, sobre todo, una sola, y eso ya ha sido motivo de crítica. “Cuesta explicarse por qué unos reputados documentalistas se han metido en este berenjenal, por qué a HBO le ha parecido bien desprestigiarse con este dislate”, escribió la periodista española Aloña Fernández Larrechi, del portal especializado Fuera de Series. “Es una suerte de nuevo intento de la familia Farrow de reivindicar su postura de manera capciosa y obviando los claroscuros de la historia”, consideró Paloma Rando en Vanity Fair. En El País, la misma autora se preguntó: “¿Tienen sentido los documentales de denuncia que solo dan voz a una de las partes?”. Edu Galán de El Confidencial, también de España, ha calificado el documental como “infantil, simple y maniqueo”.

Allen vs el futuro

Aunque el movimiento #MeToo ha seguido poniendo el dedo en la llaga, como hicieron con Harvey Weinstein logrando su condena, poco es lo que ha perdido Allen con esta denuncia que, según Ronan y Mia, se terminó dejando en nada para no seguir exponiendo sicológica y emocionalmente a Dylan al constante escrutinio de los medios.

Desde que se hicieron públicas las acusaciones, Allen ganó un Oscar, un BAFTA, un Globo de Oro y una Palma de Oro honoraria en el Festival de Cine de Cannes el 2002.

En los últimos tiempos, sin embargo, y debido al resurgir del caso, vio cómo Amazon cancelaba sus proyectos con él. El director los demandó y llegó a un millonario acuerdo.

Entre sus compañeros de oficio, la censura se divide. Muchos incondicionales de siempre, como Diane Keaton, siguen siéndolo. Alec Baldwin lo ha respaldado, incluso, a través de sus redes sociales. Scarlett Johansson, también.

Pero Michael Caine, quien le presentó a Mia Farrow, ha declarado que no volverá a trabajar con él. Elliot Page, Greta Gerwig, Kate Winslet, Colin Firth, Selena Gomez, Rebecca Hall o Timothy Chalamet llegaron a trabajar con él, pero las denuncias los motivaron a arrepentirse públicamente y/o donar su sueldo a organizaciones caritativas y LGTB.

El año pasado, Allen lanzó su autobiografía, “A propósito de nada”, que llegó precedida de otra polémica, pues la editorial original finalmente se negó a publicar el libro, ante las presiones de la opinión pública. Cuando logró salir, fue un éxito en ventas. Hablaba de su infancia, su carrera cinematográfica y, por supuesto, las denuncias y su relación con Soon-Yi.

A pesar de todo, Allen declaró el año pasado: “Recibiría de vuelta a Dylan con los brazos abiertos”, si se arrepintiera de una denuncia que, insiste, es falsa y decidiera comunicarse nuevamente con él. Si uno piensa en un buen padre, es una propuesta noble. Pero si aún le quedan dudas sobre su conducta, es una frase más que perturbadora.

“Era una buena niña y creo que lo cree (…) No creo que se lo esté inventando. No creo que esté mintiendo. Creo que ella cree eso”, ha dicho recientemente a CBS Woody Allen sobre las acusaciones de su hija Dylan. Curiosamente, la que fue su primera entrevista televisiva en muchos años se grabó el 2020, antes de la emisión del documental “Allen vs Farrow”, pero se decidió emitir recién el último domingo. A pesar de lo dicho por el cineasta sobre su hija, volvió a negar haber abusado de ella cuando tenía siete años. “Nada de lo que hice con Dylan en mi vida podría malinterpretarse como abusos”, le dijo al periodista Lee Cowan. A sus 85 años –y como ya lo hizo antes- Allen expresó que le gustaría acercarse a hablar con su hija, que hoy tiene 35.

Hay tantas y complejas versiones en esta historia, que es mejor que los propios espectadores saquen sus conclusiones. Para ello, quizás algunos se aferren a la frase final de Manhattan, aquella que le dice al personaje de Allen la joven de 17 años con la que tiene una relación, interpretada por Mariel Hemingway: “No todo el mundo se corrompe. Tienes que tener un poco de fe en la gente”.

Películas dirigidas por Woody Allen en las que actúa Mia Farrow

Zelig (1983)

La rosa púrpura del Cairo (1985)

Hannah y sus hermanas (1986)

Días de Radio (1987)

Otra mujer (1988)

Historias de Nueva York (1989)

Crímenes y pecados (1989)

Alice (1990)

Maridos y esposas (1992)

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