César Vallejo, nuestro mayor poeta, es autor de una obra de ficción que es necesario redescubrir.
César Vallejo, nuestro mayor poeta, es autor de una obra de ficción que es necesario redescubrir.
Enrique Planas

Algunos dicen que Vallejo escribió aquella novela rápidamente, de un tirón, en tres semanas de frenesí proletario. Otros, que su gestación se inició a comienzos de la década del veinte, y que en la España republicana se dedicó a darle un final. Lo cierto es que “El tungsteno” se publicó en marzo de 1931 como un producto literario comprometido, de propaganda y agitación. Realismo socialista, como se llamaba entonces.

Uno de los grandes aciertos de la adaptación es su propuesta plástica: la novela gráfica parece estar dibujada en un cuaderno escolar de los años ochenta.
Uno de los grandes aciertos de la adaptación es su propuesta plástica: la novela gráfica parece estar dibujada en un cuaderno escolar de los años ochenta.

En su novela, nuestro mayor poeta denuncia los abusos de una minera norteamericana en complicidad con el gobierno local. En su afán de obtener el mayor lucro posible, es capaz de expropiar las tierras de las comunidades, pagar a sus obreros salarios de hambre y cometer crímenes en nombre del progreso.

Para Fabli Soto Arias y Jorge Lévano Anglas, quienes con su adaptación de la obra de Vallejo se impusieron en el Primer Concurso Nacional de Narrativa Gráfica organizado por la Alianza Francesa y la Casa de la Literatura, poco ha cambiado desde los hechos ocurridos en la década de 1910 que el poeta relata. “‘El tungsteno’ aborda temas muy vigentes: los problemas generados por la minería, el abuso de autoridad y la incertidumbre que sentimos todos los peruanos cuando esperamos que se haga justicia. Eso nos hizo inclinar por elegir esta obra para adaptarla a la novela gráfica”, explica Lévano. Para el joven pintor egresado de la Facultad de Artes de la Católica, es complejo abordar un tema como el de la justicia social cuando nos quedamos solo con una versión de la realidad, aquella que nos ofrecen los medios oficiales, y no se tiene en cuenta la voz de la población indígena.

Página de la obra premiada. El certamen propone redescubrir obras clásicas de la literatura peruana a través de su adaptación a la historieta.
Página de la obra premiada. El certamen propone redescubrir obras clásicas de la literatura peruana a través de su adaptación a la historieta.

—Al aula con Vallejo—

Uno de los grandes aciertos de la adaptación es su propuesta plástica: la novela gráfica de “El tungsteno” parece estar dibujada en uno de esos corrientes cuadernos escolares de mediados de los ochenta. Para Fabli Soto, escultora egresada igualmente de la PUCP, esta estética les permitía conservar la esencia del libro.

Así, la portada emula aquella visión oficial del Ministerio de Educación, que colocaba a diferentes ciudadanos del país a construir el país ladrillo a ladrillo. En la versión de Soto y Lévano, peones y obreros de la mina no construyen, sino que explotan los recursos mineros del país. No se trata de un país en construcción, sino explotado a tajo abierto. “Y lo peor es que es un trabajo común y normalizado”, advierte Soto.

“Al final, te queda la idea de que pensamos el progreso solo a partir de la riqueza económica que ofrece la explotación de los recursos. Si bien es necesario este desarrollo, también está la necesidad de pensar en los valores humanos, saber ponernos en el lugar del otro y ser honestos”, explica Lévano.

Al concepto de cuaderno escolar se suman técnicas especialmente expresivas como el carboncillo, la acuarela, el trabajo con texturas y el collage para darle mayor calidez al dibujo.

Soto y Lévano recibieron un premio de 5 mil soles, además de la posibilidad de publicar la novela gráfica próximamente.
Soto y Lévano recibieron un premio de 5 mil soles, además de la posibilidad de publicar la novela gráfica próximamente.

—El trabajo en talleres—

Auspiciado por la Embajada de Francia y el Ministerio de Cultura, el concurso tuvo dos fases iniciales, una de formación y otra de reconocimiento. En la primera, se seleccionó a 30 artistas de todo el país para participar en cinco talleres sobre narrativa gráfica. En la segunda, se desarrollaron los proyectos para declarar un ganador.

En la fase de formación se contó con la docencia de los historietistas franceses Edmond Baudoin, Arnaud Leroy, Charlotte Gastaut y Phillippe Autier, además de los colegas peruanos Miguel Det y Juan Acevedo.

Para los artistas ganadores, este trabajo en talleres sirvió de mucho. Para Soto, resultaron fundamentales los talleres con Det y Acevedo, el primero en su forma de componer la página y el segundo por su experiencia de creador. “Nos dieron la seguridad para arrojarnos, sabiendo que estábamos yendo por buen camino”, recuerda. Por su parte, Lévano se identificó mucho con el trabajo de Baudoin. “Muchas veces, cuando los artistas entramos en el territorio del cómic, olvidamos lo que puede transmitir la gestualidad del trazo. Y ese dibujo suelto era lo que mejor se adaptaba a las palabras de Vallejo, que muchas veces rozan la abstracción”, señala Lévano.

Primer puesto:

“El tungsteno”, novela de César Vallejo adaptada por Fabli Soto Arias y Jorge Lévano Anglas.

Menciones honrosas: “El conspirador”, novela de Mercedes Cabello de Carbonera, adaptada por Diana Okuma, y “Peregrinaciones de una paria”, libro de Flora Tristán adaptado por Pamela Monzón.

El jurado a cargo del concurso estuvo formado por Milagritos Saldarriaga Feijóo, Javier Florez del Aguila, Philippe Autier, Benjamín Corzo, Carla Salazar y Nicolás Mezzalira.

Los hermanos Marino, propietarios de la pulpería de Quilvica, son los protagonistas de “El tungsteno”.
Los hermanos Marino, propietarios de la pulpería de Quilvica, son los protagonistas de “El tungsteno”.

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