(Foto: Difusión)
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José Carlos Yrigoyen

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Lo primero que llama la atención de “Blanco y negro, la razón contradictoria de Ulises García”, libro publicado en 1995 por Carlos Herrera (1961), son las diversas calificaciones en que la crítica ha intentado encerrarlo: ficción sobre la violencia política, fábula metaficcional, novela de tesis, etcétera. Ninguna de ellas es impropia, pero no bastan por sí solas para aglutinar los alcances de una historia que, a pesar de su brevedad, no solo aprehende las disímiles aristas de un país en crisis perpetua, sino también las ideologías que lo han precipitado al horror y al desastre.

Ahora que ha sido reeditado con esmero por La Travesía, comprobamos que lo notable de “Blanco y negro” no se limita a los logros artísticos de Herrera, sino implica también las singulares elecciones asumidas en su concreción. Emprende el periplo por un destino nacional a través de un protagonista peculiar, el Ulises García del título, quien ha sido educado para no elegir entre las dicotomías que la vida le va emplazando: la razón o la fe, la izquierda o la derecha, además de los inevitables dilemas morales. Es un personaje que se define por sus mismas indefiniciones, que decide colocarse en medio de todas las cosas sin escoger alguna, renuente a optar según la dialéctica hegeliana, transitando así por el camino de la mediocridad, la zozobra y la pobreza, no obstante su inocultable inteligencia.



El lenguaje de Herrera es elegante; su relato está puntuado por referencias cultas, literarias, académicas y filosóficas

Ulises García, como personaje, entraña el riesgo de convertirse en una entelequia guiada por su racionalidad impenetrable e indecisa, casi una abstracción que se extravía entre las abstracciones que la inmovilizan. Pero Herrera ha sabido dotarlo de matices humanos que lo salvan de ser una fría entidad al servicio de una mecánica argumental. Por ejemplo, su relación con el deseo carnal y los celos está hábilmente configurada en los encuentros con Rosalía y Mari Luz, quizá los únicos seres capaces de resquebrajar esa objetividad aséptica por la que se rige. Las decepciones que sufre lo convencen de que “el contacto del hombre con otro cuerpo acarreaba fatalmente el dolor” y que la manera de evitarlo es refugiándose en esos juegos teóricos que lo blindan del mundo, aunque presuntamente sean puestos en práctica para entenderlo con mayor profundidad. No hay aquí, pues, una conciencia desgarrada por las dudas que la impelen a abdicar de sus principios, es decir, la que agobia al Zavalita de “Conversación en La Catedral”. Ulises se siente a gusto en ese limbo, del que no saldrá hasta que las circunstancias atravesadas por su país lo asedien, arrinconen y exijan una decisión terminante que compromete su misma existencia.

La novela de Herrera fue escrita a principios de los noventa, periodo en el que Sendero Luminoso recrudeció su afán genocida y luego fue desarticulado. Ulises García no es ajeno a estos hechos; el enfoque al que apela para comprender la tragedia que lo circunda es una de las más sutiles y mordaces críticas a la izquierda peruana que nuestra literatura nos ha deparado. Herrera ilustra bien sus contraproducentes dogmas, su sectarismo pertinaz, la proverbial vocación por el autosabotaje, una similar indecisión a la de Ulises al momento de la verdad.

El lenguaje de Herrera es elegante; su relato está puntuado por referencias cultas, literarias, académicas y filosóficas. En esto recuerda a un colega generacional suyo, Enrique Prochazka. Y también recuerda a Prochazka en la constante parodia de tales referencias: muestra de ello es la estructura que implementa para organizar su novela, semejante a la de las monografías universitarias. Lo que distingue a Herrera es el ánimo swiftiano, traducido en su sátira de una sociedad desmoralizada, sostenida en el absurdo y la exageración que engendra situaciones metafóricas, como el extraño mal padecido por Ulises, que solo le permite ver en riguroso blanco y negro.

Un cuarto de siglo después de su primera edición, “Blanco y negro” mantiene la vigencia y la frescura con la que fue escrito, muy en especial dentro de esta coyuntura donde todo nos polariza y nos disgrega. Ulises García no tiene la respuesta para nuestros irresolubles desencuentros, pero vaya que los personifica con implacable precisión.

LA FICHA:

Autor: Carlos Herrera.

Editorial: La Travesía.

Año: 2020.

Páginas: 148.

Relación con el autor: ninguna.

Calificación: ★★★★

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