‘El repase’, óleo del español Ramón Muñiz. El libro toma como referencia este cuadro para reconstruir la imagen de las rabonas.
‘El repase’, óleo del español Ramón Muñiz. El libro toma como referencia este cuadro para reconstruir la imagen de las rabonas.
Diana Mery Quiroz Galvan

Hay relatos épicos que a pesar de haber sido sepultados por la “historia oficial” sobreviven al tiempo y al olvido. Han sido, en no pocos casos, los propios pueblos a los que pertenecieron diferentes héroes y heroínas los que se han encargado de transmitir, de generación en generación, aquellos sucesos que los hacen henchir el pecho de orgullo. En el caso del Perú, son, en su mayoría, las historias de valor femenino las que han sido desterradas, por desidia o conveniencia, del imaginario colectivo.

En un intento por rescatar a las grandes olvidadas de la guerra independentista y a aquellas que participaron con fervor patriótico en la Guerra del Pacífico, el escritor por vocación -y abogado de profesión- Bruno Polack se impuso la tarea de dejar un categórico registro de sus hazañas. “Mujeres que forjaron el Perú”, es un homenaje a quienes injustamente han sido relegadas históricamente o cuyo accionar en eventos medulares del país ha sido minimizado por siglos.

Abogado de profesión, Polack tardó dos años en escribir este libro. (Foto: Hugo Pérez)
Abogado de profesión, Polack tardó dos años en escribir este libro. (Foto: Hugo Pérez)

En el libro desfilan diez mujeres, algunas conocidas como Micaela Bastidas y María Parado de Bellido y otras ilustres aunque ignoradas ciudadanas de los siglos XVIII y XIX. La afroperuana Catalina Buendía, la dama pasqueña María Valdizán o las aguerridas y anónimas rabonas son ejemplos patentes de que la historia peruana no pudo haber sido escrita sin sus sacrificios. Esta obra, que inaugura la colección Bicentenario de Planeta, tendrá una continuación que Polack ya prepara. En el segundo tomo las redimidas serán las grandes mujeres de la etapa republicana.

Si a los peruanos se les pidiera nombrar a heroínas nacionales, la mayoría nombraría solo a dos o tres. Para muchos no hay más.

Por eso intento rescatar otras figuras femeninas que han sido poco valoradas y de las que hay muy poca bibliografía. Darle voz a los que no la han tenido nunca, como los soldados o las mujeres. En el caso de las mujeres muchas tuvieron un papel preponderante en la Guerra de la Independencia, mucho antes con Micaela Bastidas y Túpac Amaru, y de ellas prácticamente no se ha dicho nada. De chico, cuando fui a ver la sala Túpac Amaru de Palacio de Gobierno, me preguntaba ¿por qué este lugar no se llama Túpac Amaru y Micaela Bastidas? En este caso, los dos actuaron a la par. Ella fue una mujer extraordinaria, hicieron una dupla magnífica.

¿Crees que apurar el ataque al Cusco, como pedía Micaela, hubiera asegurado el éxito?

Eso es pasar al tema de las ucronías, qué habría pasado si… Lo que es cierto es que Micaela Bastidas fue muy valiente y que era líder como Túpac Amaru. Lo mismo que Tomasa Tito Condemayta, una cacica súper fuerte e importante. Ellas dan cuenta de cómo se concebía la guerra independentista antes de que este proceso tenga figuras “occidentales” como San Martín o Bolívar, que llegaron con un ejército ya consolidado. Lo que hubo antes de ellos fue una batalla absolutamente popular. Lo que hicieron Túpac Amaru, Micaela Bastidas y Tomasa Tito Condemayta fue sumar a todo el mundo, fue hermoso. Todos querían luchar por ser libres, aunque fuera al guerrazo.

Le debemos mucho a esta pareja. Ellos dieron el primer grito libertario en América.

Muchísimo. El Perú le debe una plaza importante a Túpac Amaru y a Micaela Bastidas juntos. Sudamérica se los debe. Lo curioso es que aquí en Perú solo hay plazas pequeñas, pero en Argentina, por ejemplo, encuentras una con el nombre Micaela Bastidas en Puerto Madero. Aquí la tenemos un poco invisibilizada, pero su potente figura sobrepasa esas injusticias.

Hay una mujer iqueña y afroperuana que tú mencionas como recuerdo de tu infancia, Catalina Buendía.

Mi abuela es iqueña y nosotros íbamos frecuentemente a esa ciudad. En el pueblo de San José de los Molinos hay una estatua de Catalina Buendía. Yo que siempre he sido de preguntar, quise saber de ella y los vecinos del pueblo, los que vendían, todos en realidad, nos contaban quién era. De ella se sabe muy poco por la historia pero en su pueblo la recuerdan con fervor por haber envenenado al enemigo.

Desde tu punto de vista, ¿la labor de estas mujeres se equipara en heroísmo e importancia a la de los varones?

Es más heroico aún, porque no se esperaba que ellas formaran parte de esto. Existe un antes y un después de Micaela Bastidas y Túpac Amaru. Cuando la lucha por la independencia se occidentaliza la mujer tenía un papel secundario, allí sí podríamos hablar de patriarcado, siempre iba o se la pensaba como acompañante de, a diferencia de Micaela o Tomasa Tito, quienes por sí solas llegaron a tener un papel preponderante. Esto habla de lo encasillante que fue y aún es el patriarcado.

¿Se podría decir que sin ellas la independencia hubiera sido más difícil?

No se hubiera podido dar. Y esto es por algo importante que a veces no se entiende. Siempre hay que pensar en cómo se vivía en aquellos tiempos. Las comunicaciones eran muy importantes y difíciles. María Parado, por ejemplo, fue una comunicadora eficaz, una informante. Igual que Antonia Moreno de Cáceres, figura muy importante en la Guerra del Pacifico y con la que abro este libro. Para la mayoría de ellas no fue tanto un tema de lucha, era más un tema de comunicaciones, de abastecimiento, de inteligencia.

En el relato sobre Antonia Moreno hablas de una afroperuana de nombre Gregoria, que escondía armas en sus faldas para abastecer a la resistencia.

Hubo muchas mujeres que ayudaron a Antonia Moreno, la esposa de Cáceres. Era tan predominante la idea de la masculinidad que se pensaba que las mujeres no podrían pensar en estas tretas. Pero ellas demostraron que tenían una valentía increíble y no les importaba poner su vida en riesgo. Gregoria llevaba armas al teatro Politeama innumerables veces. El mismo teatro en el que González Prada daría, años después, el famosísimo discurso incendiario que hasta ahora recordamos.

La mayoría de mujeres que mencionas en tu libro son del interior del país, de Ayacucho, de Ica. Parece sintomático. ¿Cómo lo explicas?

Más que recobrar o revivir la valentía de la mujer peruana lo que intento es reconocer no solo a las limeñas que lucharon sino también a las que vivían fuera de la capital. Sucede que aquí también hay cierto racismo. Se ha invisibilizado a los soldados, al pueblo que luchó, que en muchos casos eran indígenas. Y si uno lee la historia de la Guerra de la Independencia y del Pacífico pareciera que esta fue hecha solo por oficiales. Pero no. El caso de las rabonas es espectacular. Esto no nace en la Guerra del Pacifico sino en las guerras independentistas. Siempre había a 200 metros del campamento del ejército uno de las esposas de los soldados porque el ejército muchas veces no les daba rancho. De eso se ocupaban las mujeres, las hijas. Pero si sus esposos o padres caían ellas tomaban el fusil.

Tú tomas el famoso cuadro “El repase” para contar la historia de estas mujeres.

Sí, porque siento que es importante rescatar su figura. Pero como no se podía individualizar a una tomé todos los elementos que encontré sobre ellas para hacer un relato fidedigno sobre su accionar. Es duro ver y leer a través de ese cuadro lo que pasó en la Guerra del Pacífico.

Felizmente, no das detalles de las torturas y salvajismo a los que fueron sometidas las heroínas de tu libro…

Traté de no hacer relatos que influyeran a sentir encono por alguien sino, por sobre todo, rescatar la valentía de ellas. Por momentos quería hacerlo pero duele, las muertes que infligían los españoles -y chilenos también-, eran espantosas.

Difícil pensar que en estos tiempos alguien podría tener tanto valor. ¿Te parece posible?

El momento lo exige pero lo dudo. Esta pregunta que tú me haces me la he hecho yo mismo y se la hago a los demás. Si fuera la guerra mañana, ¿tú irías? Y la respuesta es siempre “de ninguna manera”. Será quizás porque el concepto de patria ha cambiado, antes todo era más romántico. Y siempre he pensado que la patria por la que lucharon Micaela o Tomasa Tito era diferente a lo que ahora somos como país. Nosotros siempre decimos que somos sucesores de los incas, pero en realidad somos sucesores del virreinato. Por eso pienso que la libertad que ellas querían no era esto que ahora tenemos. El capitalismo avasalla y lo ha hecho con una población que hasta ahora sigue sojuzgada. Este no es el país que Micaela Bastidas hubiera querido. Eso es seguro.

El propio Túpac Amaru se levantó porque se reclamaba como heredero del último inca.

Y lo era. Pero también fue porque los españoles habían levantado muchas más prohibiciones, la esclavitud a las que sometían a los indígenas era mucho mayor. En Europa estaban en guerra y el corredor entre La Paz y la sierra peruana generaba una conexión muy grande entre zonas muy ricas. Ahí fue, precisamente, donde se iniciaron los levantamientos.

Se sabe que en muchos pueblos ya no había varones porque todos estaban en las minas. Por eso las heroínas Toledo lucharon junto a mujeres, ancianos y hasta niños.

También es el caso de Tomasa Tito Condemayta, que primero lucha junto a Túpac Amaru, y que luego se ve obligada a formar un ejército de mujeres para luchar contra los realistas. Ella conocía el terreno, los puntos estratégicos, y cortaron las cuerdas del puente con todo y soldados, justo cuando estaban entrando a su pueblo.

¿Alguna de estas mujeres fue reconocida en su época?

En muchos de los casos el Estado primigenio o San Martín sí las reconoció, pero luego sus historias se fueron perdiendo. Como en el caso de Brígida Silva que recibía una pensión por parte del Estado. Aunque pequeña era una forma de valorar su sacrificio. El caso de María Parado de Bellido también. El estado le devuelve su casa a la familia y le da una pensión a las hijas. En el caso de Antonia Moreno sucede algo parecido.

Aparte de Catalina Buendía ¿en cuál de estas historias fue más difícil conseguir datos?

Con María Valdizán, de Cerro de Pasco. Gracias a pequeños datos en libros, sobre todo regionales, que pude obtener de la Biblioteca Nacional que de alguna forma reconstruyen su historia. Ella era una mujer mayor con muchas propiedades que eran un paso importante para los ejércitos. Y eso la obligaba a tener relaciones cordiales con los realistas y así obtenía información que la pasaba a los patriotas. Eso era espionaje, yo me lo imagino como Matahari, algo así. Ella estaba casi en medio del fuego. Hasta que la descubrieron, la llevaron a la plaza de la ciudad y la mataron. Como a tantas otras, la fusilan.

También mencionas a ‘la Mariscala’, la esposa de Agustín Gamarra. Debo decir que de alguna manera siento que no encaja entre tanta heroína. ¿Qué te motiva a incluirla?

Ella está un pasito más allá de la independencia, cuando se va viendo, de a poquitos, cómo consolidar el Estado. Entre tanto caudillo ella destaca, logra resaltar entre figuras masculinas. Este caudillaje de generales independentistas y grandilocuentes llega hasta la época de la Guerra con Chile. La menciono porque para mí es como la última gran mujer de la independencia, que me hace recordar un poquito a Nadine Heredia.

¿Por la gran influencia que ejercía en su esposo?

Era el triple. En pocas líneas no se puede demostrar lo que era, cómo usaba un vestido por día y lo botaba, cómo entró al convento por la fuerza y sale de ahí casada con Gamarra. También estuvo encandilada por Bolívar y por ella hubo todo un problema entre él y su esposo. De todas las mujeres que menciono en mi libro, ella fue la más transgresora de su época. Vivió muy pocos años, 31, y es increíble que tras su muerte haya cumplido con la promesa de enviarle su corazón a Gamarra. Su vida da para hacer una película. Muchos psicoanalistas la han estudiado. Su figura, su vida, es apasionante.

Además de Nadine Heredia con Francisca de Zubiaga, ¿encuentras alguna otra equivalencia relativa entre estas mujeres históricas y alguna más contemporánea?

Podría ser Eliane Karp. Tanto ella como Nadine, aunque para muchos son figuras pesadas, se involucraron demasiado en los gobiernos de sus esposos. Son absolutamente diferentes en el contexto histórico con personajes como ‘La Mariscala’, pero en algún momento las percibimos como los gobernantes reales, como a Francisca en su época. Por ese único hecho pueden ser comparadas. Si hay alguna que debo contrastar con nuestras heroínas, se me ocurre María Elena Moyano, una mujer que luchó y murió por su pueblo y por lo que creía. Pero en el Perú hay muchas heroínas anónimas.

Este libro que reivindica a la figura femenina, ¿ha sido pensado también como una contribución a la lucha feminista?

Está pensado como rescate de figuras olvidadas. Lo que sucede ahora es toda una revolución. Porque acabar con el patriarcado es acabar con todo un sistema potente que es la Iglesia y la sociedad misma. Todos lo sufrimos, no solamente las mujeres. Es toda una revolución que los hombres comiencen a cuestionarse, a reconstruirse, a entender que debemos y tenemos que cambiar. Pero no olvidemos que son muchas las mujeres que siguen manteniendo el patriarcado.

Entonces, queriendo o no sí se convierte en un espaldarazo al feminismo.

Es que los hombres también debemos darlo. Mientras más lo hagamos, mejor. Cuando yo era chico no existía esta revolución. Pero mi día a día era ver a mi madre, a mi abuela, ver cómo ellas sostenían y sostienen todo. He visto cómo se convirtieron en la fuerza que movía a la familia, el amor, todas las cosas. Cómo sufrían. Hay que tener un dedo de sensibilidad para ver esto y entenderlo.

¿Que la historia oficial se haya encargado de sepultar a estas mujeres, tiene que ver con que haya sido escrita por varones?

Absolutamente. La historia oficial sepulta a muchos, varones y mujeres, pero a las mujeres en especial. Rescatamos a 10 de ellas y las demás siguen olvidadas. Recién ahora hay una nueva generación de mujeres que se está interesando por la historia de la emancipación y la república.

¿Tienes pensado continuar con esta línea histórica de mujeres?

‘La Mariscala’ es el paso a un segundo tomo sobre mujeres. Ahora quiero ir a la República y a la creación propiamente dicha del Estado que es luego de la Guerra del Pacífico, este episodio es un momento cumbre para la creación de nuestro Estado tal como hoy lo conocemos. Ahí surgen muchos valores importantes, entre hombres y mujeres, como Zoila Aurora, la hija de Cáceres y Antonia Moreno, que se convierte en una de las primeras feministas del Perú. Hay muchas mujeres por rescatar.

EL DETALLE

Título: “Mujeres que forjaron el Perú”.

Autor: Bruno Polack

Editorial: Planeta

Páginas: 142