"Todos los capítulos de mi novela son extremos" [VIDEO]
José Miguel Silva

Arturo y Alonso son dos jóvenes diplomáticos peruanos que llevan una vida relativamente tranquila en Moscú hasta que dos hechos alteran su destino de forma abrupta. Primero, el arribo de una embajadora que hiere su autoestima, llevando su paciencia y cordura al límite.

Sin embargo, el hecho más determinante es que, en una madrugada de Año Nuevo, Alonso desaparece misteriosamente tras una noche de copas en un bar de la capital rusa. La búsqueda del amigo se convierte en una obsesión para Arturo, quien –probablemente víctima de la desesperación—traza escenarios paralelos en su imaginación.

La primera novela de Alejandro Manrique ahonda en cuán posible es continuar una amistad más allá de la muerte. Los personajes construidos por este escritor de 36 años (el detective, la embajadora, la novia de Alonso, etc) son singulares y deben afrontar situaciones extremas hasta que se acontece el trágico desenlace de la historia.

Conversamos con Alejandro Manrique sobre su primera novela, "La nieve roja de Moscú", publicada la editorial independiente Animal de Invierno.

-Algunos que sueñan con ser escritores se quedan solo en el primer libro. Siendo diplomático a tiempo completo, con una agenda complicada, ¿podríamos pensar que “La nieve roja de Moscú” será tu primera y única incursión en la literatura?

Siempre quise incursionar en literatura y buscaba un tema del cual escribir pero no encontraba nada, quizás porque era muy joven. Hasta que sucedió esta situación de vivir en Rusia como diplomático junto a mi amigo que falleció. Creo que, para bien o para mal, se me presentó una historia que acogí y escribí. Y si bien fue un proceso terapéutico, sentí una oportunidad de incursionar en la literatura como siempre quise. Así que fue un trabajo mixto: desde lo psicológico y desde el querer hacer literatura. Por eso publicar la novela me tomó cinco años y, si bien hubo muchas idas y venidas, estoy contento con el producto final. Asimismo, he terminado ya un segundo manuscrito, porque me gustaría concretar una trilogía. Así que, sí me animaría a creer que un futuro ligado a la literatura.

-La novela parte de un hecho real (la misteriosa muerte de un joven diplomático peruano en la fría Moscú).  Luego de esto, ¿cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en tu relato?

Hay una línea muy sutil. Me he permitido jugar mucho con eso. No es que busque confundir a posibles lectores ni mucho menos a los que me conocen. Aproveché las licencias que te da la literatura para crear un gran escenario mixto, confuso, que más que nada busque construir un contexto donde todos los elementos están en contra de los personajes. Y los que lean la novela sentirán que todos los capítulos son extremos en lo emocional. (Los del) policía, la jefa, la novia, el personaje que narra, el amigo desaparecido y luego hallado muerto, la ciudad. Todo es extremo en la historia. Quise crear escenarios donde el posible lector pueda ver que hay una lucha constante por sobrevivir emocionalmente como ser humano.

-¿Estas paranoias constantes que presenta Arturo a lo largo del relato tienen algo de correlación con tu personalidad?

Felizmente, no. Creo haberme mantenido equilibrado a pesar de que esta situación que ocurrió en la vida real. Pero sí fui muy consciente de que debía haber un personaje (Arturo) que me reflejara a mí, (alguien) que está completamente perdido, fragmentado, que no sabe qué hacer, qué pensar, qué buscar, o con quien hablar. Y por eso Arturo protagoniza una constante lucha en todo el libro. Parece un personaje que a veces se recupera, triunfa, pero luego la vida le dice que no siempre se puede ganar. Es como una dialéctica. Se trata de sobrevivir, recuperarse y seguir luchando.

-¿Tuviste en claro, a lo largo de la redacción de la novela, la idea de no dañar la memoria de tu compañero diplomático?

Sí, trabajé bastante en ese sentido. Cada vez que escribía, leía y editaba pensaba como amigo, como futuro escritor, y pensaba en lo que sucedió en la realidad y en lo que sucedería luego en la ficción. Mi propósito fue mostrar a un personaje como Alonso, Sergio del Castillo en la vida real, que sea un tipazo, que te de ganas de abrazarlo. Así que, a través de la literatura, quise hacerle un tributo a esta persona para que haya una imagen muy positiva sobre él.

-¿Cuánto exageraste en la descripción de la vida de los diplomáticos jóvenes fuera de su país?

Esto es parte del mito. Hay mucha gente que piensa que el diplomático es puro cóctel, fiesta, recepciones y mujeres. Pero en realidad los cócteles son momentos de trabajo en los que uno intercambia información, discute ciertos temas con los interlocutores locales del país donde uno reside, etc. Creo que la ficción permite exagerar un poco, dar rienda suelta a la  imaginación, crear un escenario en el que todos los elementos son extremos, facilitando así un dinamismo que te atrapa en la lectura, invitándote a ver hasta dónde llegan los personajes.

-No es nueva la relación cercana que existe entre la literatura y la diplomacia…

Personalmente he tenido la oportunidad de leer obras escritas por los embajadores Harry Belevan, Carlos Herrera y Alejandro Neyra, y me ha encantado lo que leí. Para mí esto es un orgullo y creo que existen muchos colegas a los que le gustaría incursionar en la literatura pero esto demanda mucho tiempo y esfuerzo. Yo soy soltero, así que los fines de semana leo y escribo mucho.

-¿Por qué Arturo necesita de la presencia de esta especie de ser llamado Yorkhu?

Yorkhu es la sombra que vive entre los espejos, entre los elementos reflectores, y que habla con él. Es como un mecanismo psicológico que Arturo habría creado para tener un compañero que le vaya contando lo qué está sucediendo, y que además es un respaldo emocional.

-Tu libro presenta mucha reflexión y crítica sobre el racismo en Perú. ¿Cuál fue tu intención?

Ahí sale mi lado de sociólogo. Esos temas de interacción social, estructuras y simbolismos están arraigados en mí. No puede deshacerme de ellos. Así que quise que mi historia se detenga en dichos temas. ¿Por qué? Porque los compatriotas que viven en Rusia están colocados en todos los tipos de fenotipos raciales del ser peruano. Entonces, como tenía mucha interacción con personas de todo tipo, la idea del racismo volvió a mí. O sea, somos peruanos afuera pero entre nosotros mismos se da el racismo.

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