David Vann, varado en la tierra del olvido
David Vann, varado en la tierra del olvido
Santiago Bullard

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Antes de convertirse en un escritor de éxito, el alaskeño David Vann se ganaba la vida organizando cruceros y talleres literarios a bordo de su propio velero. El mismo que, un día, corrió la mala fortuna de estropearse en Puerto Madero: un pequeño pueblo en el Pacífico mexicano, cerca de la frontera con Guatemala, dominado por narcotraficantes. En un desesperado intento por rescatar su embarcación, el autor se instaló allá y pronto se vio inmerso en una red de conspiraciones que hacían de la vida diaria una prueba de supervivencia. Esta historia es la que él narra en “Cocodrilo”, libro que ya se encuentra en las librerías.

Lo que narras en “Cocodrilo” es algo que te sucedió hace ya muchos años en México. ¿Hasta qué punto has recurrido a la ficción para ayudar a la memoria?

Yo creo que la verdad nunca existe en México. Diez años después de los eventos que narro en “Cocodrilo”, regresé a Puerto Madero para investigar la muerte de un marinero estadounidense que había sido asesinado en su barco. La gente, inmediatamente, había creado muchos mitos sobre él. Igual que en las historias de Gabriel García Márquez, una especie de carnaval se desarrolló a partir de la aparición del extranjero. Así que no se trata de que uno recuerde las cosas de otro modo, sino que la visión ya es mítica desde el principio.

Tu libro, más allá de dar una visión sobre una serie de sucesos, es la escenificación del choque entre dos culturas

Fui un tonto. Subestimé el lugar y a la gente. Fui lo bastante arrogante como para creerme intocable. De eso trata, sobre todo, este libro. La cultura mexicana posee una bondad intrínseca. Yo me he enamorado de muchos pueblos cercanos a Morelia. Pero los Estados Unidos han hecho de México un campo de batalla con la compra de drogas y la venta de armas. Y lo que yo veía allá era confuso porque eran dos cosas distintas. Había dulzura e inocencia a la vez que una guerra en la que me costaba creer. Y había muchas reglas culturales que yo no captaba.

¿Has vuelto a tener noticias de los personajes que describes en el libro?

Cuando regresé a Puerto Madero, diez años más tarde, me encontré con Santiago, mi amigo y traductor que tal vez conspiraba en mi contra. Sigue siendo igual de encantador y fue como si todos esos años no hubieran transcurrido. Él me contó que Gordo, el jefe del crimen local que me protegía, había sido asesinado al año de mi partida. Muchos otros murieron por asuntos de drogas también. Al capitán del puerto lo mató un infarto al corazón. Su novia y la hermana de ella consiguieron irse a los Estados Unidos, se casaron y tuvieron hijos allá.

¿Qué crees que ellos te dirían si leyeran tu libro?

No tengo idea, pero me da curiosidad saberlo. A lo mejor me dirían que vi conspiraciones donde no las había, o que no llegué a verlas todas.

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