Neyra Magagna: "Vamos a impulsar las medidas para evitar los robos en la biblioteca". (Foto: Rolly Reyna)
Neyra Magagna: "Vamos a impulsar las medidas para evitar los robos en la biblioteca". (Foto: Rolly Reyna)
Juan Carlos Fangacio Arakaki

Dirigir la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) nunca ha sido una tarea fácil. Históricamente olvidada, saqueada y hasta incinerada, la institución enfrenta hoy mismo un momento crítico, afectada por problemas como los robos sistemáticos, los sindicatos politizados, la ausencia de una Ley de Libro que respalde sus proyectos a largo plazo, y una incertidumbre política que termina mellando a las sucesivas gestiones.

El último en asumir el desafío de liderar a la BNP es Ezio Neyra (Lima, 1980), escritor y sociólogo con experiencia en la gestión pública luego de haber sido jefe de la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura. “Allí logramos sacar adelante la feria La Independiente, el Premio Nacional de Literatura, la mesa para la Ley del Libro –afirma Neyra a El Comercio, en su primera entrevista en el cargo–. Toda esa experiencia es la que me da fuerza para realmente intentar conseguir cambios. Y a nivel personal, evidentemente, es un gran honor que hayan decidido mi nombramiento”. Sobre los pendientes y los retos con los que deberá lidiar, hablamos con él.

La BNP, sobre todo su sede de San Borja, todavía resulta intimidante para ciertos lectores. ¿Cómo se puede resolver un problema como ese?

La BNP tiene una particularidad comparada con otras bibliotecas nacionales del mundo, y es que por lo general estas tienen como función el resguardo y la conservación del patrimonio bibliográfico y documental de la nación, así como la promoción de la investigación con dicho patrimonio bibliográfico. En el Perú, sin embargo, la BNP también tiene a cargo la función de biblioteca pública. Entonces, mi impresión es que la Gran Biblioteca Pública de Lima de la avenida Abancay es, evidentemente, un espacio público. Uno puede notar la gran facilidad con que la gente ingresa. El edificio de San Borja, en cambio, es un edificio cuya principal función es el resguardo del patrimonio bibliográfico y la promoción de la investigación. Pese a ello, ya se están habilitando ciertas salas allá, como el de la Colección Peruana, donde se puede ingresar solo con el DNI, sin necesidad de inscribirse ni registrarse como investigador. Entonces, por un lado, lo que se requiere es una mayor comunicación hacia la población sobre los servicios públicos que se brindan en la sede de San Borja, pero también habilitar más áreas que tengan ese carácter público.

El Sistema Nacional de Bibliotecas, con la red de bibliotecas públicas, es probablemente el tema en el que más debe se centre la gestión. ¿Es muy difícil de articular aún?

Es uno de los proyectos que más quiero trabajar en esta gestión. Porque me da la impresión de que, en efecto, todavía se ha avanzado relativamente poco en términos de la implementación del sistema. Ahora, no olvidemos que por la Ley Orgánica de Municipalidades, las bibliotecas públicas dependen de los gobiernos locales, provinciales o regionales. La labor de la BNP, más bien, es la de generar ciertos estándares, lineamientos o documentos de trabajo que sirvan para que las diferentes bibliotecas públicas del país trabajen una gestión más adecuada. En ese sentido, yo quiero, por un lado, continuar con el impulso de toda esta normatividad alrededor del Sistema Nacional de Bibliotecas; pero también, en un carril paralelo, más comunicacional, generar conciencia de la importancia de la existencia de las bibliotecas públicas, así como exigir que las diferentes autoridades cumplan con el mandato que la ley les exige. Porque la biblioteca pública no solamente es una infraestructura cultural, sino también una infraestructura social; es decir, un espacio en el que la ciudadanía puede reunirse a dialogar, a conversar, a generar nuevos espacios de dialogo y de encuentro, algo que nos hace mucha falta en el país. Hay una escasez de espacios públicos, y también una escasez del uso de los pocos espacios públicos que tenemos. Entonces la biblioteca pública debería estar allí, como un lugar que permita a aquel ciudadano que no puede acceder a los libros a través de las librerías, a acceder al libro a través de las bibliotecas públicas, que están evidentemente en todo su derecho. Porque el derecho al acceso a la información es un derecho fundamental de las personas.

Y que, además, es un tema incluido en el proyecto de la Ley del Libro, que seguiste muy de cerca en el Ministerio de Cultura, aunque hasta ahora no ha podido sacarse adelante. ¿Eres optimista con su aprobación o se seguirá apelando a las prórrogas año tras año?

Yo soy un convencido de que la ley tiene que salir adelante. Es cierto que en una decisión de esta naturaleza entran a tallar otros actores, pero más allá de eso estoy seguro de que es posible aprobarla. Por otro lado, para que una ley signifique una revolución en todo el ecosistema del libro y la lectura, siempre he creído que se requiere que en sus artículos haya incidencia en todos los diferentes actores. De nada sirve una ley del libro que solamente promueva la industria editorial si en cambio se deja de lado la promoción o el fortalecimiento de capacidades de las personas que hacen mediación de lectura. O de nada sirve que solo promueva la creación de bibliotecas públicas si dejamos de lado la formación de editores para que cada vez produzcan mejor material bibliográfico que alimente esas bibliotecas. Es decir, cuando esta nueva ley se apruebe, tiene que ser de este tipo. Si no hay una ley holística, realmente integral, creo que va a ser difícil generar cambios a largo plazo.

En la sede de la Gran Biblioteca Pública, en la avenida Abancay, Neyra asegura que redoblará esfuerzos para aumentar los espacios públicos para los ciudadanos. (Foto: Rolly Reyna)
En la sede de la Gran Biblioteca Pública, en la avenida Abancay, Neyra asegura que redoblará esfuerzos para aumentar los espacios públicos para los ciudadanos. (Foto: Rolly Reyna)

El robo de los libros dentro de la BNP sigue siendo el tema más espinoso y el de más impacto mediático. ¿Va a ser la preocupación primordial, como se dijo en otras gestiones?

Sobre los robos, hay investigaciones que están siguiendo su curso y procesos judiciales ya encaminados, en los cuales nosotros ya no tenemos incidencia. Lo que sí se ha venido haciendo es reducir los riesgos de los robos: se han instalado más cámaras de vigilancia, así como sensores biométricos para ingresar a ciertos repositorios de la BNP que protegen justamente el material más valioso. Y en mi gestión vamos a impulsar mucho eso, con protocolos de vigilancia del material bibliográfico, por ejemplo, o con revisiones periódicas de la ubicación de los materiales, para verificar la presencia material de tal o cual bien en los repositorios. Y, de nuevo, en la línea de lo que decía antes, es muy importante generar más conciencia en la gente sobre la importancia de nuestro patrimonio bibliográfico, no solo por su valor económico, sino por el simbólico. Ahora, ¿va a ser el punto principal el tema de los robos? Yo diría que, en realidad, una buena gestión de la BNP debería procurar el cuidado de todas las funciones. Porque el cuidado del patrimonio es importantísimo, evidentemente, pero no es nuestra única función.

Claro, pero imagino que muchos de los temas de fondo justamente se descuidan por problemas como el de los robos, el hecho de tener al enemigo dentro. Hace unos años hubo funcionarios denunciados por favorecer irregularmente a una editorial con beneficios tributarios.

Ese fue un caso del 2013 y, después de eso, lo que se hizo fue estandarizar ciertos procesos administrativos de la propia BNP para el cumplimiento del acceso a los beneficios tributarios de la ley del libro. Además de eso, se han contratado nuevos equipos de contabilidad que tienen más capacidad para hacer ese tipo de evaluación. Entonces, si bien se trata de un caso más o menos antiguo, hay que estar atento a que no vuelva a ocurrir con medidas que reduzcan los riesgos.

Pero lo decía porque esos problemas distractores van a demandar, también, mucha muñeca política. Está el tema del grupo de bibliotecólogos que se ha opuesto a tu designación, por ejemplo. ¿Has podido conversar con ellos?

Estos primeros días he tenido muchas reuniones. Con el Colegio de Bibliotecólogos, con el sindicato de trabajadores de la biblioteca, con la Asociación de Bibliotecólogos, y más. La idea de estas reuniones es más bien entender de dónde vienen las demandas de estos grupos, y no necesariamente en términos de mi designación. El tenor de estas conversaciones va más bien en el sentido de que estas personas –que en muchos casos son muy experimentadas– me permitan entender cuáles son las problemáticas de la institución. Además de eso, estoy teniendo reuniones con exdirectores de la BNP también.

¿Con quiénes, por ejemplo?

Bueno, me estoy reuniendo con Ramón Mujica, con Mariemma Mannarelli también. Ya me he reunido con Alejandro Neyra y así quiero continuar. Son reuniones muy importantes para entender cuáles fueron las problemáticas que no les permitieron avanzar en tal o cual sentido.

Imagino que también es difícil dirigir una institución pública en medio de tanta incertidumbre política. ¿Sientes que podrías no tener suficiente respaldo político? El Ministerio de Cultura parece cambiar de cabeza cada dos meses…

Es verdad que hay inestabilidad política, peor estoy tratando de enfocarme plenamente en el trabajo que hay que hacer. Ruido político va a seguir habiendo, y en el último año lo percibimos mucho más que antes incluso. Pero voy a hacer todo el esfuerzo para que todo ese ruido no me saque ni me desconcentre de las cosas que hay que hacer en la BNP. Muchas veces el día a día te termina ganando y terminas perdiendo la perspectiva más amplia y estratégica. La idea del árbol versus el bosque. Pero yo soy muy consciente de eso y día a día trato de pensarlo.

¿A qué otros desafíos se enfrenta la BNP?

Creo que es muy importante, en primer lugar, tratar de generar un mayor bienestar institucional. Y parte de ello tiene que ver con que los trabajadores se sientan más a gusto de ser parte de la BNP. Estamos haciendo muchos esfuerzos para ello, como con las reuniones que te mencionaba, para darles a entender de que todos los trabajadores, incluyéndome, estamos en el mismo barco, que es buscar lo mejor para la institución. Una vez que la institución logre resolver ese asunto, va a ser más fácil hacer políticas a largo plazo que realmente generen cambios. Aparte de eso está el tema de la digitalización del material bibliográfico. Ha habido avances, pero creo que se puede poner mucha más fuerza para dar a conocer nuestro patrimonio a la ciudadanía, así como ayudar a los investigadores a utilizar ese material. Y por último, buscaremos hacer lo público aún más público, buscando que la ciudadanía sepa que la biblioteca nos pertenece a todos y que podemos hacer siempre uso de ella y de sus materiales.