Felipe Restrepo Pombo, escritor, en el Hay Festival 2018 de Gales (Reino Unido). El Comercio conversó con él a propósito de un conversatorio de la FIL Lima 2020. (Foto: David Levenson/Getty Images)
Felipe Restrepo Pombo, escritor, en el Hay Festival 2018 de Gales (Reino Unido). El Comercio conversó con él a propósito de un conversatorio de la FIL Lima 2020. (Foto: David Levenson/Getty Images)
Enrique Planas

“La coyuntura te envuelve: una crónica de vida”, se tituló la mesa virtual de la Feria del Libro que reunió la semana pasada a los periodistas Daniel Titinger (Perú), Sabrina Duque (Ecuador) y Felipe Restrepo Pombo (Colombia). Lo curioso es que ninguno de estos reconocidos cronistas ha dejado que la coyuntura “envuelva” su oficio ni su escritura. Es más, para el colombiano, la coyuntura no resulta ser su preocupación más relevante. Por supuesto, afirma, la actualidad no deja de ser fundamental, pero sus historias se enmarcan en una línea temporal diferente, tomando distancia de la coyuntura, dándose el lujo de mirar la realidad con tiempo, distancia y reflexión.

A propósito de tiempo y distancia: en tu primer libro periodístico, en lugar de abordar temas de “coyuntura”, escribiste sobre un pintor expresionista francés. ¿Qué edad tenías cuando escribiste “Francis Bacon: retrato de una pesadilla”?

Lo escribí a los 23. Fue mi primer libro. Espero que no haya resultado desastroso.

Es muy simbólico que para tu primer libro elijas a Bacon como tema. Rompe con una corriente natural de escritores y periodistas que se lanzan a reflejar e interpretar su realidad más próxima...

Sí, por supuesto. Desde muy joven me interesó la obra de Bacon así como me ha interesado la obra de muchos artistas visuales. En la obra de Bacon hay algo tan universal que, si bien pertenece a otra generación y a un mundo muy diferente, yo lo sentía muy cercano. Eso es al final lo que interesa de la obra de un artista, lo universal que tiene que ver con tu vida. Desde entonces tuve la intención de contar las vidas de los personajes que a mí me parecen interesantes.

Estudio del Retrato del Papa Inocencio X, por Francis Bacon. Foto: Pierre-Philippe Marcou para AFP.
Estudio del Retrato del Papa Inocencio X, por Francis Bacon. Foto: Pierre-Philippe Marcou para AFP.

Podría decirse que Francis Bacon parece un pintor mucho más colombiano que Botero: la distorsión y la violencia en sus cuadros representa la historia de latinoamericano...

Fíjate que ahorita, tantos años después, estoy trabajando en un ensayo sobre un pintor colombiano que, para mi gusto, es el mejor pintor colombiano del siglo XX, Luis Caballero, que murió muy joven y por lo tanto su obra no es tan conocida. Revisando su correspondencia, descubrí que cuando Caballero era un joven estudiante en París, la obra de Francis Bacon cambió completamente su manera de pintar y de ver el mundo. En efecto, Bacon podría ser un pintor de nuestra tremendísima Latinoamérica.

Como director de la revista “Gatopardo”, una de las primeras cosas que hiciste fue cambiar el perfil de una publicación obsesionada con el tema del narcotráfico en México. ¿Fue una decisión audaz cambiar y mostrar una realidad mucho más diversa de la región?

No lo llamaría una obsesión, pero sí había una presencia muy fuerte de temas relacionados con la lucha contra el narcotráfico en México, los carteles y cómo todo eso permeó durante el sexenio de Felipe Calderón en la realidad mexicana. No es que yo considere que no sea un tema relevante, de hecho seguí publicando textos sobre eso, pues creo que el auge del narcotráfico en México y en toda la región es uno de los grandes temas en las últimas décadas en Latinoamérica. Sin embargo, también consideré que en mi calidad de latinoamericano cabían otras historias. Siempre me ha interesado que una revista sea polifónica y ofrezca miradas de la realidad desde tantos puntos de vista diferentes como sea posible. La realidad, felizmente, se compone de todo tipo de historias. Y una revista debería intentar plasmarlas.

¿Cuál fue el resultado de esa decisión editorial?

No me corresponde a mí evaluarlo. Obviamente me siento muy orgulloso del trabajo que hice en “Gatopardo” con mi equipo durante tantos años. Creo que hicimos una revista de la mejor calidad posible. Ahora, ¿cómo lee la gente las revistas? ¿qué buscan en ellas? Allí también hay cientos de opiniones. Habrá gente que le habrá gustado y gente que no. ¡Uno no puede caerle bien a todo el mundo como editor! Yo sentí una gran responsabilidad de llevar adelante una marca como “Gatopardo”, que considero un estandarte del periodismo narrativo latinoamericano.

“Formas de evasión” (Seix Barral, 2016) es tu primera novela.

Es una novela que quiero mucho. Mi primera ficción. Nació como una investigación periodística, pues quería escribir sobre un personaje que me llamaba la atención. Al final, me di cuenta que el material que tenía me daba para muchas cosas, y pensé que el periodismo no me iba a servir como estructura para contar esa historia. Allí di el paso a la ficción.

"Formas de Evasión" (1916) es su primera novela. Se espera que su segundo libro de ficción, cuyo lanzamiento fue postergado por la pandemia, aparezca a fines de año. Foto: Seix Barral.
"Formas de Evasión" (1916) es su primera novela. Se espera que su segundo libro de ficción, cuyo lanzamiento fue postergado por la pandemia, aparezca a fines de año. Foto: Seix Barral.

A la pregunta tópica sobre las diferencias entre literatura y periodismo, Rosa Montero respondía que, mientras en el periodismo uno escribe sobre lo que sabe, en literatura escribes sobre lo que no sabes que sabes. ¿Cómo estableces la separación periodismo/ficción?

Yo tuve la suerte de tener como primer editor periodístico a Gabriel García Márquez. Él sabía exactamente qué buscaba en un oficio y qué en el otro. Yo veo ambos oficios, tanto el periodismo como la ficción, como dos caminos paralelos que uno puede transitar. Pero lo que me interesa no es encontrar los paralelismos, sino las intersecciones, ver esos puntos de encuentro que puede haber, obviamente sabiendo muy bien que el periodismo tiene reglas particulares: son los hechos y no la imaginación lo que entra. Pero se puede nutrir con las reglas de la ficción: cómo se crea un ambiente, cómo se establece un diálogo, cómo se crea un ritmo. Asimismo, la ficción se puede nutrir de cosas que da el periodismo como la investigación y la observación. Conociendo las normas muy diferentes entre los dos oficios, encuentras lo que tienen en común.

Una oportunidad ciertamente privilegiada la de haber sido discípulo de García Márquez siendo muy joven...

Tenía 19 años, era un becario y tuve la chance de verlo cuando él era el editor de la revista “Cambio”. Siempre fue un privilegio escucharlo, verlo en la sala de redacción. Siempre recuerdo su respeto por el oficio del periodismo. Creo que hoy él se sentiría muy mal de ver lo que ha ido pasando con el periodismo, a los niveles tan bajos que ha llegado. Él siempre se definía como “un periodista que escribía novelas”, y eso es muy significativo. Años después, en México, tuve la suerte de verlos a él y a Mercedes de forma más seguida, compartir con ambas personas extraordinarias. Cualquier cosa que uno diga sobre Gabo es un lugar común.

Lo cierto es que todo aquel que ame a García Márquez ha debido pasar por un proceso de tomar distancia y desmarcarse de su escritura, tan influyente.

A pesar de que tuve una relación cercana con él, lo leo más como un clásico. Como leer a Balzac o Proust, autores que pertenecen a la universalidad literaria. Tratar de imitarlos, de copiarlos al escribir sería hacer el ridículo. Creo que el tema de evitar o no su influencia estaba presente en los escritores latinoamericanos de la generación inmediatamente posterior a García Márquez. Hoy los escritores más jóvenes ni siquiera se formulan esa pregunta. Es un peso que ya no está.

En esta foto de 1975 publicada por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), el autor colombiano Gabriel García Márquez comparte con su esposa Mercedes Barcha. (AP/FNPI)
En esta foto de 1975 publicada por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), el autor colombiano Gabriel García Márquez comparte con su esposa Mercedes Barcha. (AP/FNPI)

La pandemia ha sido una prueba de fuego para la sobrevivencia de los medios de comunicación. ¿Cómo crees que se ha portado el periodismo a la hora de abordar la crisis sanitaria?

Ha sido un reto para el periodismo: ¿cómo podemos contar si no podemos salir de nuestra casa?, ¿si no podemos tener contacto con otros seres humanos? La base del periodismo es salir a reportear y hablar con personas y nada de eso se puede hacer en este momento. Eso ha sido una prueba durísima y espero que en el mundo pos pandémico, los periodistas encontremos la manera de recuperar ese contacto. Obviamente, ha sido un reto a la hora de contar la pandemia en sí, pues lo que llama la atención, nuestro primer instinto, es informar que hoy hubo 200 muertos y que ayer hubo 300. Pero siento que nos hemos ahogado en los datos de la curva de la pandemia. La repetición de las cifras tremendas, con miles de muertos, se ha vuelto casi como la información diaria del clima. Va perdiendo peso si no vemos lo que hay detrás. Todo es tan incierto y difícil de narrar que necesitaremos tiempo para evaluar qué hizo bien y que hizo mal el periodismo en estos tiempos.

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