Laetitia Colombani. (Foto: Difusión)
Laetitia Colombani. (Foto: Difusión)
Enrique Planas

¿Cómo se forma una trenza de historias? Para Laetitia Colombani (Burdeos, 1976) es difícil explicarlo. Prefiere partir de una anécdota: acompaña a una amiga íntima, enferma de cáncer, a comprar una peluca que ocultará los efectos de la quimioterapia. Su amiga se decidió a comprar una confeccionada con cabello procedente de la India, y al apreciarla, la escritora empezó a preguntarse por ese pelo natural, por la propietaria original, por la mujer india que, de una forma extraña, se vinculaba con su amiga en proceso de recuperación. Pensó que para que aquella historia funcionara, debía añadir un personaje más: la manufacturera de las pelucas. Ella conocía la existencia de talleres de pelucas que necesitaban de mano de obra muy específica, básicamente femenina. A partir de esas ideas, Colombani empezó a peinar tres historias de mujeres: intentando compartir una mirada universal sobre la condición femenina.
La actriz y cineasta francesa presentó en la "La trenza" (Salamandra, 2017), libro con el que debutó en la escena literaria y que se ha convertido en un sonado 'best seller', con cerca de medio millón de ejemplares vendidos en Francia y casi 30 traducciones en curso.


Su historia le debe mucho al cine de Claude Lelouch y sus destinos cruzados: la india Smita, la siciliana Giulia y la canadiense Sarah son tres mujeres muy distintas. La primera recoge con sus manos los excrementos del pueblo y no quiere aquel oficio para su hija. La segunda decide luchar por el negocio familiar cuando el padre enferma, y la última es una abogada obsesiva cuyos esquemas se resquebrajan cuando el cáncer aparece. "Me gustan esas historias solitarias en que mis dedos danzan. Qué extraño ballet, el de mis manos, mientras escriben la historia de una trenza y unos lazos. Esta historia que es la mía. Y, sin embargo, no me pertenece", apunta en el prólogo que abre el libro.

—¿Cuánto participan tus oficios de actriz y cineasta al momento de escribir una historia literaria?
Desde que soy pequeña escribo poesía, también trabajé como guionista desde muy joven. Pero cuando me topé con el símbolo de la peluca, supe inmediatamente que la historia que debía escribir tenía que ser una novela. En esa época, yo había estado involucrada en un proyecto de largometraje muy complicado, tanto desde el punto de vista del financiamiento como del actor protagonista que abandonó el proyecto para participar en otra película. ¡Fue un proyecto que demoró cinco años! Entonces, cuando empecé a pensar en "La trenza", decidí trabajar sin limitaciones, con libertad, sin tener un productor que me dijera que resultaba muy caro imaginar una historia que ocurriera paralelamente en Sicilia, la India y Canadá. Me dediqué a escribir la historia como una novela para no tener ninguna limitación. He trabajado para la industria del cine durante 15 años y tengo un método de trabajo muy visual. Siempre estoy visualizando escenas y situaciones. Mi escritura literaria está muy influenciada por mi trabajo de cineasta.

—¿Le darías a otro director este libro para hacer una película?
Es verdad que varios productores me contactaron para llevar "La trenza" al cine. Pero pensé que debía adaptarla yo misma. Al ser yo cineasta, quiero que la historia se vea exactamente como yo la tengo en la mente. Y quiero ir hasta el final de esta aventura. Ya estoy trabajando en la adaptación para el cine y debería empezar a filmar el próximo año.

—Los escritores de guion suelen tener en la mente el rostro de sus personajes asociados con el de un actor o actriz determinados. ¿Las tres mujeres de tu novela tienen un rostro previo?
No realmente. Me sucede a menudo que tengo un actor en mente cuando estoy escribiendo, pero al final, al adaptarlo al cine, el papel lo asume alguien diferente. Lo que buscaría es una persona que encarne con intensidad el personaje que he ideado. En la novela no identifico características físicas: lo que me importa es enfocarme en la intensidad del personaje.

—"La trenza" es una novela feminista, que muestra también las múltiples disputas que existen dentro del feminismo. Mientras las actrices de Hollywood pelean por ganar los mismos millones que reciben sus colegas varones, en tu novela hablas de una desigualdad y violencia contra la mujer cuyo combate resulta muchísimo más urgente. ¿Cómo ves las diferencias entre las luchas feministas en los países desarrollados frente a los del llamado Tercer Mundo?
Efectivamente, he querido hablar de todos esos distintos tipos de combate. Smita es una mujer que lucha por sobrevivir, sometida a la violencia cotidiana en la India, mientras que Sarah vive en una sociedad aparentemente más igualitaria, que en realidad no lo es tanto. Pienso que hay que pelear en todos los frentes. Hay mujeres que son víctimas de maltrato conyugal, violencia, violaciones y feminicidios, y hay mujeres, en el Primer Mundo, que sufren de desigualdad en el plano laboral. No creo que estos combates se opongan, todos ellos corresponden a las distintas facetas de la discriminación de la mujer. La lucha le pertenece a las mujeres y a los hombres. Para mí, el feminismo es parte del humanismo. Es imposible ser humanista y excluir a la mitad de la humanidad.

—¿Qué piensas de la atención que ponen los medios en informar que la nueva James Bond será mujer, mientras que poco se informa sobre las violaciones de millones de mujeres en la India como una táctica de dominación social?
Es verdad que existe un problema de información. Se habla mucho más de la nueva agente 007 porque es un tema más glamoroso, se trata de Hollywood. Pero no se muestra suficiente interés por temas más graves, que no están suficientemente representados en los medios. Hay que hablar más de este tipo de violencia: las violaciones organizadas en las guerras que hoy suceden en África o en Siria. Son temas de los que se habla poco.

—En el libro sugieres que el mayor enemigo de las mujeres es la tradición cultural. En el caso de Smita, es la cultura de las castas. En el de Sarah, la actual obsesión por el éxito. ¿Hay que olvidar las tradiciones para ser dueños de nuestras propias vidas?
Se trata de enfrentar la tradición y también sus formas de transmisión. En el caso de Smita, hay cosas que ella no quiere para su hija. En el caso de Giulia, debe enfrentar el conservadurismo de su madre y abuela, quienes se rehúsan a evolucionar en la gestión económica de su taller. En el caso de Sarah, la transmisión tiene que ver con la enfermedad. Ella tiene una madre que murió de cáncer de seno y una hija que también podría heredarlo. Para estas tres mujeres, se trata de un momento de quiebre en sus vidas, en que tienen que decidir si traicionar o reinventar la tradición.

Portada de "La trenza".
Portada de "La trenza".

SOBRE EL LIBRO
Título: “La trenza”.
Autora: Laetitia Colombani
Editorial: Salamandra
Páginas: 205