“Garcilaso ilustró cosas que hoy se ponen de manifiesto”
“Garcilaso ilustró cosas que hoy se ponen de manifiesto”

Todo parece indicar que las crispaciones entre las expansiones globales y la defensa de los intereses locales se reproducirán hasta el fin de los tiempos.

El Inca Garcilaso de la Vega fue testigo de una de esas asperezas. ¿Sus “Comentarios reales de los incas” es un mero reflejo de un momento de ruptura, o también fungió de un medio de exorcismo de una angustia existencial? A él le tocó presenciar la extirpación de la matriz del Tahuantinsuyo por parte de los conquistadores españoles.

Nacido en Cusco en 1539, el Inca Garcilaso era hijo del conquistador español Sebastián Garcilaso de la Vega, de la nobleza de Extremadura, y de la ñusta o princesa inca Isabel Chimpu Ocllo, nieta del inca Túpac Yupanqui. Esa condición de mestizo, la violencia del choque entre dos mundos, las guerras civiles en el Perú, los derramamientos de sangre y la emergencia de una nueva realidad fueron determinantes en la configuración de su personalidad, una cualidad que no le fue indiferente a Max Hernández, psicoanalista, apasionado de la historia y autor del libro “Memoria del bien perdido. Conflicto, identidad y nostalgia en el Inca Garcilaso de la Vega”.

En conmemoración de los 400 años de la muerte del autor de los “Comentarios reales de los incas”, conversamos con el doctor Hernández para desmenuzar su trascendencia y la pertinencia de su legado para tratar de comprender la compleja historia del Perú.

—¿La obra del Inca Garcilaso sigue siendo vigente?

El historiador británico Arnold Toynbee señalaba que el inca era un documento viviente que decía más que los nudos atados en cuerdas y que las ristras de letras escritas sobre papel. Él planteaba que ese documento viviente era una síntesis entre un modo de recoger la memoria mediante los nudos de los quipus y otra forma de hacer lo mismo basada en los documentos españoles.

—¿Qué puntos de este documento viviente le llaman más la atención?

Octavio Paz dijo alguna vez, poco antes de morir, que tal vez por primera vez vivíamos una historia mundial y universal de todos los hombres. Creo que el Inca Garcilaso fue uno de los primeros en testimoniar eso, probablemente desde la angustia de ser hijo de un vencedor y de una vencida, y de no sentirse –como escribió el historiador Raúl Porras Barrenechea– “ni español ni indio, ni vecino ni forastero”. El Inca Garcilaso se anticipó a una realidad profundamente actual, en la que se juegan dos extremos: el de la globalización con su marcha homogeneizadora y, por otro lado, el de la afirmación de las identidades comunales o locales. En ese vaivén podemos situar al Inca Garcilaso.

—Le interesa el Inca Garcilaso con todas sus contradicciones

Es cierto que, como ha dicho mucha gente, su manera de transmitir lo que fue el Tahuantinsuyo fue sesgada y errada. No hizo mención alguna de la realidad preincaica, pero muchas de estas cosas las comenzamos a saber con más claridad luego de las más profundas investigaciones etnohistóricas que en nuestro país comenzaron con fuerza con María Rostworowski y John Murra, con el extraordinario antecedente de Luis Valcárcel.

—¿De qué manera esas contradicciones se reflejan en su obra?

Podemos pensar que el Inca Garcilaso produjo múltiples deformaciones de la historia del Tahuantinsuyo por idealización del pasado inca y por cautela ante la censura inquisitorial e imperial. Además, no contaba con el acceso a todas las fuentes históricas. Dicho esto, su historia es extraordinaria. Él, a los 20 años, salió de Cusco y se fue a Europa a buscar el mundo, lo que lo obligó a hacer un poderosísimo esfuerzo de adaptación. Así, este hombre que nació en los albores de la civilización planetaria ilustró cosas que hoy se ponen de manifiesto, cuando –repito– el mundo es uno. Eso es lo que dijo el Inca Garcilaso en el primer capítulo del primer libro de los “Comentarios reales”: “Aunque digan que hay un mundo viejo y uno nuevo, no hay más que un mundo”. Creo que eso tiene una vigencia importantísima.

—Las contradicciones pueden enriquecer trayectorias de vida.

No hay ser humano que no tenga sus contradicciones. No estamos acostumbrados a entender las vidas como una suerte de peregrinaje demográfico con sus altas y bajas. No queremos hacer biografías, sino hagiografías de vidas de santos impolutos.

—Se acostumbra a comparar al Inca Garcilaso con Guaman Poma de Ayala.

Lo que suele llevarnos a establecer sus puntos de encuentro y sus diferencias. Si queremos encontrar un testimonio de los aspectos más terribles de la Conquista, evidentemente la carta al rey de Guaman Poma es más interesante. Si queremos dar con las formas de pensamiento andino no matizadas por una aclimatación a los códigos de lengua y de pensamiento españoles, con seguridad lo que recogió Guaman Poma es mucho más exacto y nos dice más de ese Perú previo a la invasión española. Pero si queremos entender el choque de ambas culturas, creo que es más importante comprender al Inca Garcilaso o a Juan de Betanzos, porque tenemos tres grandes cronistas, amén de muchos otros.

—¿En qué se diferencian estos tres cronistas?

Tenemos un cronista español aindiado –si se me permite la expresión–, como es el caso de Juan de Betanzos; un indio españolado como Guaman Poma de Ayala; y un español mestizo o inca mestizo en el Inca Garcilaso.

—¿Sus trabajos pueden complementarse?

Si conjugamos estas tres visiones –la de un español aclimatado en el Tahuantinsuyo, la de un andariego que visitó todo el territorio peruano y la de un hombre que desde la distancia comenzó a recuperar y pensar lo que había visto–, creo que eso puede ayudarnos a entender mejor esos himnos fundantes de lo que llamamos Perú.